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2017.08.18
1977-2017: Manifiesto Groucho
No es por sus frases más célebres, manoseadas hasta convertirse en "memes", sino por su capacidad para tomar el viejo humor de Chaplin y Keaton / EM
1977-2017: Manifiesto Groucho
Autor: TED ALLANJON KOBAL FOUNDATION/ GATTY IMAGES
El actor americano Groucho Marx (1895-1977) durmiendo con un cigarro entre sus manos

JAVIER BLÁNQUEZ

EL MUNDO

 

 

 

 

 

Poco antes de morir, Groucho Marx tenía la intuición de que sólo había un humorista capaz de seguir sus pasos, y que ese hombre era Woody Allen. También le había interesado Mel Brooks, pero era en Allen -a quien había conocido a principios de los años 60, cuando éste era un prometedor autor teatral en busca de mentor- en quien apreciaba un mayor grado de ingenio. Era normal que, en aquella época, a Groucho le preocupara la cuestión de su legado: sentía que iba envejeciendo, poco a poco tendía a recluirse en su mansión de Hollywood y evitaba en lo posible los homenajes y la vida sociaL -y también la televisión, con la que había hecho fortuna presentando el concurso You bet your life, pero que siempre apagaba para ponerse a leer-, y llevaba un tiempo reuniendo sus recuerdos, que aparecieron en dos libros de humor clásico, Groucho y yo (1959) y Memorias de un amante sarnoso (1963).

Groucho y Allen se habían distanciado durante un tiempo, por culpa de una carta que Groucho tardó años en responder, pero cuando les reunió la periodista Charlotte Chandler, que estaba escribiendo la biografía de Groucho (¡Hola y adiós!(1978)), la admiración mutua había regresado. Groucho creía que Allen era "maravilloso", y con un punto de resignación le había confesado que ya no había comediantes como los de antes. Allen tendría que cargar con la responsabilidad del futuro en solitario.

El legado cultural de Groucho Marx, por suerte, sigue vivo. De él, 40 años después de su fallecimiento, nos quedan hoy varias genialidades. Están sus frases más brillantes, por supuesto, todavía repetidas como memes ya vacíos de transgresión: "estos son mis principios, si no le gustan tengo otros"; "disculpe que no me levante" [inscrita en su lápida], "me niego a unirme a cualquier club que me acepte como miembro". También queda la fuerza visual de su personaje, el hombre con el bigote pintado, las cejas alzadas, las gafas falsas con nariz postiza y el eterno tono de refunfuñar.To grouch es gruñir en inglés y de ahí que el hombre conocido como Julius Henry Marx para Hacienda fuera para el resto del mundo Groucho.

Aquel humor cáustico y ocurrente del más carismático de los hermanos Marx, en realidad, era el enlace entre un pasado perdido y un mañana que él no imaginaba. El pasado era el vodevil y el slapstick que elevaron a forma de arte Chaplin, Keaton y él mismo con aquellas travesuras coreografiadas junto a Harpo y Chico en habitaciones de hotel y camarotes de barco, y que todavía hacen que se sigan viendo películas como Un día en las carreras o Tienda de locos como asombrosas payasadas. El futuro es lo que hoy llamamos "humor judío", que en Groucho era una mezcla de humillación cáustica y cinismo ingenioso, y que en el caso de Allen se transformaba en neurosis. A través de Woody Allen, Groucho es sin duda el abuelo intelectual de Jerry Seinfeld, Larry David, Amy Schumer y Billy Crystal, lo cual no está nada mal.

Así que el humor inteligente, en el fondo, es el verdadero marxismo que ha perdurado en el siglo XXI o, al menos, el que se puede poner eficientemente en práctica, como atestigua el trabajo de tantos guionistas y actores de monólogo. Hay trazas del humor de Groucho que se han perdido -las que tienen que ver con la caracterización, pues ya nadie se pinta un bigote con rotulador-, pero no hay que olvidar que Groucho no era Chaplin (ni Harpo), y que su humor fue consecuencia directa del cine sonoro, y por tanto del esplendor de la palabra afilada. "La inteligencia militar es una contradicción en sus términos" es una frase famosa de Groucho que hoy la masa repite habitualmente en Twitter sin atribuir. Y no es difícil verla como un antecedente de la ridiculización con sorna o de la réplica ingeniosa y ágil (tan habitual en sus personajes como el Dr. Hackenbush, Rufus T. Firefly, Otis B. Driftwood)de eso que hoy, en un ejercicio de economía léxica perezosa, la gente los llama zascas.

El paso del tiempo no está jugando a favor de los maestros del humor de principios del siglo XX. El cine mudo ya no existe en la televisión -ni siquiera en los canales temáticos de pago-, y si no fuera porque compañías dedicadas a las ediciones en blu-ray, como Kino Lorber, Arrow Academy o Criterion, han rescatado películas de Buster Keaton o Harold Lloyd, sería difícil poderlas ver en versiones restauradas. Hace menos de un año, Universal lanzó un pack con las cinco primeras películas de los Marx para los estudios Paramount -Los cuatro cocosEl conflicto de los Marx,Pistoleros de agua dulce, Plumas de caballo y Sopa de ganso-, pero su empresa sólo cubre hasta el año 1933: desde Una noche en la ópera hasta Amor en conserva(1949), todavía queda mucho por remozar.

Por suerte, Groucho aún se aguanta como icono universal, y su silueta con cigarro puro nos representa a los partidarios del nihilismo hedonista, como a los otros marxistas les representa el Che. En general, nos hemos olvidado de cuán provocador fue Groucho en su aproximación al sexo -le confesaba a Chandler que, si pudiera volver a ser joven, "practicaría más posturas"-, y aunque en su vejez se lamentaba de no poder atender a las insinuaciones de sus fans, salvo firmar autógrafos sobre pechos desnudos (como Justin Bieber), al menos canalizó su rijo intelectual en libros como Camas (1930), que trata sobre cualquier holganza permitida sobre un lecho mullido. Groucho es una luz que no se ha apagado. Parafraseando a Felipe González en Suresnes, hay que ser grouchista antes que marxista.

Hay un hombre que busca a Groucho

LUIGI BENEDICTO BORGES

Cuando Julius Henry Marx, más conocido como Groucho Marx, murió el 19 de agosto de 1977 a los 86 años, la noticia quedó eclipsada por el fallecimiento de Elvis, apenas tres días antes. Pasados 40 años, el recuerdo de ambos ya es homenajeado como corresponde. Buena prueba de ello es que se siguen publicando obras sobre el que fuera uno de los mejores y más corrosivos humoristas de la historia del cine. Es el caso del reciente El universo de los Hermanos Marx, de Notorius Ediciones, un lujoso libro que recorre todas sus películas, directores y secundarios en estricto orden alfabético. Obra que, precisamente ha sido, la última adquisición efectuada por Jaime Jurado, uno de los mayores coleccionistas de material relacionado con Groucho y la bendita familia marxiana.

Jurado, natural de Zaragoza, tenías apenas un año cuando la lengua afilada de Groucho dejó de lanzar corrosivas pullas a diestro y siniestro. Pero apenas unos años después el personaje entraría en su vida para no abandonarla (ni a ella, ni a su cartera). "Recuerdo que cuando era pequeño TVE-1 emitía puntualmente todos los sábados una película de los Hermanos Marx a las 16:00, tras el Telediario y los dibujos animados de David el Gnomo. Inmediatamente me llamó la atención el humor surrealista, cada uno con su estilo: Harpo la mímica; Chico el vividor; y Groucho con sus frases demoledoras. Recuerdo pensar :"¿cómo puede ser que el protagonista lleve las cejas y el bigote pintado?".

Enamorado ya de películas como El conflicto de los MarxSopa de Ganso o Una noche en la ópera, Jurado se lanzó a la compra de todo el material de Groucho que podía proporcionarle tienda de cine de Zaragoza. Así compró reproducciones de fotos y prospectos de películas, así como los libros del tercero de los hermanos Marx que se habían traducido por entonces al castellano: Groucho y yo, Memorias de un amante sarnoso... Internet no tardaría en llegar. Y con él, la revolución del coleccionismo.

"La llegada de las webs de compra-venta y subastas se unieron con mi primer sueldo. Fue mi perdición", bromea Jurado. Quedó atrás el merchandising low cost. Tocaba dar el salto. "Me lancé a por cosas con las que antes no podía ni soñar: primeras ediciones, fotos originales, productos firmados, objetos personales...".

Su primer grial fue la primera edición del libro Camas, de Groucho Marx, editado en 1930 y del que "hay pocos y valen mucho. No es algo que pueda tener cualquiera".

Pero como en todo, sí existen algunos "cualquiera" que pugnan con Jaime cada vez que sale algún producto suculentos. "En Europa habrá uno o dos coleccionistas fuertes. Y en Estados Unidos igual, aunque estos presentan características particulares: es el caso de Paul Wesolowski, que edita la revista The Freedonia Gazette (en honor al país de Sopa de Ganso en el que Groucho ejerce de gobernador, también conocido en España como Libertonia) o el de John Tefteller, un habitual en la casa de Groucho en Beverly Hills en sus últimos años".

El coleccionista español también tiene su particular historia de unión a la estirpe Marx. En 1992 contactó con Steve Toliar, el último asistente del humorista, que preparaba un libro sobre sus vivencias, Raised eyebrows; my years inside Groucho's House (cuya adaptación al cine lleva dos años preparando Ron Zombie) Toliar, que fue contratado por Erin Fleming, la secretaria que se convirtió en el último (y polémico) amor del humorista, puso a Jurado en contacto con Miriam Marx, la primera hija de Groucho, quien acababa de publicar Con amor Grouchocartas a su hija, donde narraba sus problemas con el alcohol y la relación de amor-odio que tenía con su escéptico padre. Surgió así una relación epistolar a la que sólo ha puesto final la muerte de Miriam, el pasado mes de julio, a los 90 años de edad.

"Le escribí tímidamente y ella me respondió de forma muy cariñosa. Entablamos una bonita amistad. Me mandaba fotos de ella con su padre, alguna enmarcada y todo y me escribía 'yo soy ya como una abuela tuya, así que Groucho sería tu bisabuelo. Y estaría muy orgulloso de ti'. Incluso me animó varias veces a que fuera a verla a su casa en San Clemente, California. Me dio reparo. En aquella época no se veían esos viajes transatlánticos como ahora. Y uno tenía lo justo para empezar una vida emancipada", rememora Jurado.

Aunque no viajara, su afán coleccionista no decreció. En la actualidad atesora cuatro álbumes de fotos originales, tamaño din-4 y con un coste entre los 30 y 60 dólares, según su rareza. A ellas se le une productos promocionales del exitoso programa de televisión de Groucho, Bet your life, muñecos, películas... Sólo alivia su cartera los problemas con la patente del maestro de las frases improvisadas y demoledoras que posee la familia Marx. "¿Qué cuánto llevo gastado en Groucho y los Hermanos Marx? Si lo sumo todo, quizá una pequeña hipoteca... O una hipoteca grande".

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2017/08/18/5995bbf722601d0b068b45e2.html

 
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