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2017.08.17
Retrato de Hope Hicks, la ex modelo y flamante directora de comunicación de Trump
La joven de 28 años es amiga de Ivanka, tiene un historial laboral intachable y a veces escribe tuits por Trump/ Vanity Fair
Retrato de Hope Hicks, la ex modelo y flamante directora de comunicación de Trump
Autor: Getty Images/ Vanity Fair
Hope Hicks

EMILIA DOMÉNECH

VANITY FAIR

 

 

 

 

 

Este pasado martes, Donald Trump consiguió la atención de todos los demócratas del globo por su falta de contundencia contra los supremacistas blancos de Charlottesville. John Kelly, un exgeneral militar recién elegido para el cargo de Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, atendía las intervenciones de su presidente atónito. No es lo que tenía previsto. Ni él ni el resto de su equipo.

En una entrevista que Trump concedió a tres periodistas de The New York Times el mes pasado en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el presidente estadounidense también dijo todo lo que se suponía que no debía decir. Con apenas un par de declaraciones, Trump incendió la cobertura mediática de su administración. Por enésima vez.

En esa ocasión, a su lado sólo había una asesora: Hope Hickssu recién nombrada Directora de Comunicación de la Casa Blanca en cargo interino. La joven de 28 años, de voz sosegada y pronunciación marcada, intervenía de vez en cuando para avisar a Trump de que podía responder a las preguntas de los periodistas off the record, sin que constaran en la transcripción. De poco sirvió.

A diferencia de Kelly, Hicks conoce muy bien a Trump. Y pese a que no haya imágenes de esa segunda entrevista como sí las hay de la rueda de prensa del martes, es poco probable que Hicks se sorprendiera de algo. Acaso pudo alarmarse porque sabía que a continuación tendría que gestionar daños y combatir a los periodistas en los pasillos del Ala Oeste. Incluso cabe pensar que se avergonzaría, sabedora de que los medios y las redes sociales volverían a desestimar a su jefe como el inconsciente que ha demostrado ser desde que presentó su candidatura a la presidencia de Estados Unidos.

Chief of Staff John Kelly watching Trump's press conference set to music from The Leftovers is hypnotic.

En una boda familiar en un club de golf de las Bermudas el pasado noviembre, Hicks celebraba por partida doble. Trump acababa de ser elegido presidente unos días antes. En una mesa cercana, varios comensales debatían decepcionados por el resultado. Según contó Politico el mes pasado, Hicks no pudo aguantarse y se giró para decir: “Lo prometo, ¡es una buena persona!”.

Hicks conoce a Trump en la intimidad de Trump Tower desde hace varios años y ha sabido adaptarse a su personalidad. Cuando era joven, Hicks llegó a ser modelo de Ralph Lauren y protagonizó la portada de un libro para adolescentes de tirada nacional escrito por la creadora de "Gossip Girl". Es con facilidad uno de los rostros más atractivos de la Casa Blanca, una de las pocas mujeres y también una de las personas más cercanas a Trump. Tan cercana que incluso a veces tuitea por él.

Su empeño en no bajar la guardia y mantenerse alejada de los focos ha conseguido asustar a la fascinación de los medios por cualquier retazo glamouroso —o rosa— en Washington. Protagonismo cero en la administración de uno de los mayores egos de la historia estadounidense contemporánea. Le ha ido y le irá bien.

Empezó a trabajar para la Trump Organization porque la compañía era uno de los clientes de la firma de relaciones públicas para la que trabajaba desde 2012. Pero su buen desempeño consiguió llamar la atención de Ivanka Trump, para la que empezó a trabajar en el verano de 2014, y después de su padre, que acabaría sumándola a su equipo.

La reputación de Hicks en el aspecto laboral, según entrevistas a colegas y anteriores jefes, es intachable. Su entrenadora de lacrosse en la universidad dijo al Washington Post que Hicks fue capitana durante cuatro años y estableció los cimientos de lo que sería el equipo en los años siguientes: “Cuando la necesitábamos, ella guiaba al equipo y marcaba, pero prefería las asistencias. Era la jugadora de equipo definitiva y una competidora”.

Matthew Hiltzik, su antiguo jefe en la firma de relaciones públicas en la que Hicks empezó, dijo que “su atención al detalle y sus sensibilidades” la ayudarían a su transición a la vida política en la que ella, tal y como Trump, no tenía ninguna experiencia.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

La familia de Hicks, además de un rico historial en el mundo de las relaciones públicas, sí tiene lazos con Washington. Sus padres vivieron sus primeros años de matrimonio en la capital e incluso trabajaron para miembros del congreso de diferentes partidos políticos. Pero es de su padre de quien más parece haber heredado Hicks.

Paul B. Hicks III es un alto ejecutivo de comunicación de la Liga de Fútbol Americano (NFL). Eso le hace parte de los despachos que durante años han luchado contra la cruda realidad del deporte que supervisan: las contusiones que persiguen a sus jugadores una vez se han retirado del terreno de juego. No es precisamente un mundo fácil de navegar, pero menos lo es ese en el que parece vivir Trump.

In a study of 111 brains of NFL players, 110 had CTE, the degenerative disease caused by repeated blows to the head http://nyti.ms/2tWm3uo 

Hicks hija empezó a trabajar para Trump pocos meses después de entrar en la Trump Organization. Según periodistas y gente que ha trabajado con ella, su predisposición por hacer más fácil la vida de los demás y contentar a aquellos para los que trabaja es algo que le consiguió el cariño de Trump desde muy temprano. El ahora presidente incluso tiene un mote para ella: Hopester. Ella se sigue dirigiendo a él como “Señor Trump”.

EMPIEZA LA CAMPAÑA

En enero de 2015, Hicks acudió a una reunión en la oficina de Trump. Allí estaban el abogado personal de Trump, Michael Cohen; un asesor político llamado Sam Nunberg, y por el altavoz del teléfono sonaba la voz de Corey Lewandowski, por entonces alguien que Trump había contratado para un cargo que Hicks desconocía.

“Nos vamos a Iowa”, dijo Trump según contó la periodista Olivia Nuzzi en su perfil de Hicks para la revista GQ en junio del año pasado. Esa frase era sinónimo de una campaña presidencial que sólo había hecho que empezar. Hicks estaba en un barco que por entonces ni ella ni prácticamente nadie en todo el espectro político pensaban que acabaría anclado en la Casa Blanca.

Durante todo ese crucero de icebergs y explosiones de cabina, Hicks siempre supo aguantar a bordo. De hecho, de los que estaban en aquella reunión en enero de 2015 sólo quedan Hicks y Cohen. Nunberg duró poco. Lewandowski cayó unos meses después. Y cualquiera que haya seguido la actualidad de Trump en el último año sabe la cantidad de asesores que han caído por la borda, sobre todo cuando el barco ya había llegado a su destino.

PROTAGONISMO CERO

Entre tanto personaje caricaturizable, la figura de Hicks resulta fascinante por su irrelevancia mediática. Su trato con la prensa es constante, y sin embargo sus declaraciones son muy raramente mencionadas porque normalmente sólo comenta off the record. Tampoco concede entrevistas. Incluso para el perfil que Nuzzi escribió de ella en GQ, Hicks sentó a la periodista con Trump para que fuera el entonces candidato a la Casa Blanca el que hablara sobre ella.

Su espíritu de equipo encaja perfectamente en el esquema que busca Trump, quien según sus aliados siempre ha valorado la lealtad como uno de los mejores atributos de quienes trabajan para él. También lo hace la ausencia de ambición protagónica que sí han tenido otros como el excéntrico Anthony Scaramucci, despedido hace dos semanas del cargo de director de comunicación que ahora le toca ocupar a ella.

Hicks además tampoco se ha adaptado a la vida social de la capital. No usa sus perfiles públicos de redes sociales. Tiene el Instagram privado. Según su entrenadora de lacrosse, no bebe. Y algunos de sus amigos contaron a Politico que Hicks se ha convertido en una persona más solitaria desde que vive en Washington porque su relación con el presidente cree que la convierten en un objetivo fácil para la prensa.

IVANKA – HOPE

Es esa cercanía con Trump la que le ha conseguido la fama de consejera leal y conocedo

 
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