DE MOTELES Y GALLEGOS
2009-07-31
DE MOTELES Y GALLEGOS
EL RINCON DE ZALACAIN De moteles y gallegos Madrid, España.- Para celebrar una de las grandes fiestas de este país, Santiago Apóstol, Zalacaín había convocado a un grupo peculiar a transitar por carretera hasta Compostela, pernoctar dos noches en el Hostal de los Reyes Católicos y luego regresar a Ponferrada y El Bierzo a saludar a viejos colegas. Casi diez años después Zalacaín tendría la oportunidad de volver a esas tierras. El patrón de España, el Día Nacional de Galicia y la fiesta del apóstol, habían sido declaradas mucho tiempo antes de Interés Turístico Internacional. Para el grupo había dos temas importantes, la celebración eucarística en la catedral donde el botafumeiro se había convertido en un espectáculo y por supuesto la gastronomía gallega tan peculiar como sabrosa. Ciertamente el trabajo de los thuribulum, o tiradores de humo, conocidos vulgarmente como Tiraboleiros era toda una especialidad. Doce profesionales se hacían cargo de mover, de columpiar o balancear el botafumeiro de 53 kilos de peso. Zalacaín había conocido a uno de los viejos tiradores de humo quien le había contado algunos secretos de cómo abanear ese artefacto de metro y medio de alto cuya inclusión en las misas dominicales fue producto de la peste, de los malos olores portados hasta el recinto religioso por los miles de peregrinos quienes tenían permiso de dormir dentro, ‚“era tanto el olor a sudor y mugre‚Äù, contaba el viejo tiraboleiro a Zalacaín, y se buscó una solución ‚“perfumar el recinto con los olores desprendidos de los inciensos y hierbas aromáticos, con ello se culminaba la celebración religiosa de elevar el humo a los altares y se perfumaba la catedral para los siguientes visitantes‚Äù. La técnica de abanear el aparato estaba fundamentada en separar unos 13¬? de su posición de equilibrio el botafumeiro, ahí se empujaba al lado contrario y el equipo iba imprimiendo energía acortando y alargando la cuerda en los puntos de máxima y mínima velocidad. Matemáticamente existe todo un desarrollo de ecuaciones a fin de explicar cómo funciona el trabajo aprendido de la práctica diaria. Una cuerda normal duraba unos tres años, antes las hacían de yute y cáñamo, ahora se emplea una de fibra sintética, más rígida y con un grado de dificultad también mayor, mide 66 metros de largo y 55 milímetros de grosor, por lo tanto se ha debido colocar un plomo de 206 kilos para compensar el trabajo de los tiraboleiros. Zalacaín había planeado llevar a sus amigos a cenar esa primera noche con Toñi Vicente, el sitio se había convertido en un clásico no muy aceptado por los gallegos pero con alto reconocimiento fuera de Santiago, sin embargo el escándalo vivido por Toñi meses atrás al comprar vieyras contaminadas le había hecho perder seguidores, Zalacaín decidió por un clásico de toda la vida ‚“La Tacita d‚ÄôJuan‚Äù de donde recordaba el Mero a lo Pobre, con patatas y pimientos y las Filloas Caramelizadas, un postre ideal para abrir espacio al orujo blanco. Al día siguiente había planeado ir al ‚“Asesino‚Äù, sitio hoy día muy concurrido, Zalacaín lo había conocido hacía varias décadas cuando las sobrinas de Esperanza, la dueña, Lola e Isaura, abrían por las noches el sitio sólo a los conocidos, entrar a comer o cenar era como sacarse la lotería, pues las hermanas, herederas de la familia Neyra no necesitaban del negocio, sólo lo mantenían por la tradición iniciada en el siglo XIX. Asesino está frente a la iglesia de la Universidad, se conserva aún la mesa donde cenaba Valle Inclán, ahí comieron García Lorca, Gonzalo Torrente, José Camilo Cela, Hemingway y muchos otros. El nombre es producto de una anécdota de los primeros dueños, un día se escapó un gallo del corral y se vio a un empleado salir corriendo tras el animal con el cuchillo en la mano, los estudiantes reunidos en la plaza gritaron ¬°Asesisno, asesino! Y así, la casa de comidas de Santiago de Compostela empezó a ser llamada ‚“Asesino‚Äù. Zalacaín pensaba en la cantidad de gallegos avecindados en Puebla, de niño había conocido a varios señores, mayores, muy trabajadores, con boina y puro siempre vestidos igual, algunos eran dueños de mueblerías por la zona de La Victoria y se reunían en el edificio de la 2 y 2. Pero en la década de los 60 habían llegado otros gallegos, los de la Ciudad de México quienes traían un nuevo negocio practicado en el DF con amplias ganancias, los ‚“hoteles verticales‚Äù, en Puebla se llamaron ‚“Moteles‚Äù y su construcción fue posible gracias a las enormes influencias de los gallegos de México para sacar permisos en Salubridad. Contaba alguno de ellos del porcentaje cobrado por los gallegos del DF por tramitar la licencia, cada mes habían de pagar la comisión. Ya próximos a Compostela, Zalacaín recobró la memoria, habría de pasar primero por ‚“O 42‚Äù, el sitio donde se ventilaban las ideas políticas de Galicia en la década de los 30 y cuya fuerza se mantuvo incluso en los 60 cuando el debate de Leo autónomos y la izquierda escondida; la taberna situada en la Rua do Franco, en el número 42 ofrecía los mejores Ribeiros y Albariños, los pimientos de Padrón, jamón asado, el lacón, la empanada de la casa y la tortilla de gambas. Y por supuesto cómo dejar fuera la casa de Pepe Beiro, en ‚“O Beiro‚Äù, a un paso de la catedral pondría a sus amigos a prueba en el consumo de orujos, empezarían por un ligero de café, luego uno de grelos, otro de pimientos de padrón picante y por supuesto el blanco. Santiago de Compostela centro del peregrinaje de Europa se mostraba al grupo desde los altos del ensanche, a la izquierda la escultura del Caballero del Temple, abajo la catedral y en el ánimo del grupo los mariscos y los vinos gallegos. jesusmanuelh@mexico.com
 
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