A RIO REVUELTO
2009-07-09
A RIO REVUELTO
EL RINCON DE ZALACAIN A RIO REVUELTO ‚“Es momento de brindar el toro al señor, no de ser aplaudido‚Äù Madrid, España.- Convencido del respeto a la dieta baja en colesterol y ayudado de las mejores guías para reducir las amenazas a las coronarias, Zalacaín había adoptado desde su salida del Monasterio de Santa María de las Cuevas algunos hábitos a veces difíciles de cumplir, el primero la caminata ligera pero constante, la otra, reducir la ingesta de huevos. En París aprendió a comer huevos de mil y un formas, en un bufe probó casi 50 platos, toda una aventura de juventud. En España había entendido a comer huevos al margen del desayuno típico mexicano. Nada como un par de ellos, fritos, con morcilla, jamón, lacón o patatas para comer o cenar acompañados de una buena rebanada de pan y un par de copas de vino con carácter. En su mente estaba aún aquella repostada para dormir unas horas cerca de Aranjuez en un hotel de paso donde en la barra lo mismo se pedía vino o las llaves del cuartucho. Vaya cena con vino peleón. Sólo los martes desayunaba al estilo mexicano un par de huevos fritos, ese día, optó por ir al centro a conocer la nueva estación de cercanías de Sol y darse una vuelta por las tiendas de libros; así, Zalacaín eligió el Hotel Liabeny, hacía algunos años no lo visitaba; desde la reforma, hace una década, el aventurero no caía por esos lares de tantos recuerdos, ¿la razón?, siempre había poblanos en el hotel y eso le transportaba a una serie de recuerdos poco agradables. Pero ese día se levantó de humor y fue a la Plaza del Carmen, quería los huevos fritos con lacón acompañados de una buena porción de chiles en vinagre, en el Liabeny siempre había los chiles de San Marcos, era una tradición para los mexicanos desayunar con picante en ese hotel. Poco había cambiado el escenario, las sillas, más bien sillones con tapiz azul, las mesas dispuestas como siempre, el personal nuevo, el viejo aún en la cafetería. La mayoría de los clientes de origen mexicano y algunos de ellos sin duda poblanos a juzgar por los temas y los nombres escuchados. Muy cerca unos recién llegados en el vuelo del día anterior, charlaban del proceso electoral del país el último domingo. Clásicos turistas poblanos, pensó, cangurera a la cintura, hablando de la borrachera del día anterior ‚“para vengar a La Malinche‚Äù. Parecían enterados de la política, hablaban de conexiones, negocios en la construcción y sus percepciones sobre el éxito obtenido por el PRI en los comicios del 5 de Julio. Zalacaín probó el express, se permitía uno normal a la semana, el resto descafeinados, los huevos tiernos en la yema, el pan crujiente la reventaba y las orillas doradas, todo lo acompañaba de una raja de chile en vinagre, sólo faltaban los frijoles. La charla de los vecinos le sedujo: ‚“El ‚Äòzapato‚Äô del domingo le permite a Armenta subirse al carro de la sucesión. Mi compadre anoche me confesó la posibilidad de un cambio de caballo a la mitad del río. Y ustedes saben de la relación de mi compadre con el señor. Cuando lo nombraron en el partido mi compadre cuestionó las razones y escuchó las sabias palabras ‚Äòes para relacionarlo con las grandes ligas‚Äô, ahora volvió a escuchar ‚Äòha crecido, es discreto, tiene buena pinta, es alto, espaldas anchas, imagen familiar, habla bien, es poblano, sólo necesita ser popular‚Äù. La plática ‚Äìsupo Zalacaín- versaba sobre la sucesión gubernamental de su natal Puebla; los vecinos, sudando, vociferaban a voz en cuello ‚“¿cómo reaccionarán quienes ya hicieron compromisos con el delfín?‚Äù. Fácil, añadió el más sudoroso ‚“quien manda, manda, y si se equivoca pues vuelve a mandar‚Äù. Las risas surgieron altisonantes, producto de la resaca madrileña. Apareció un hombre vestido de negro, bigote alineado, caminar lento, la mano derecha en la bolsa del pantalón y la izquierda como si fuera a sacar un arma de la cintura. Era ‚“el compadre‚Äù. Se sentó a la mesa y todos saludaron con respeto ‚“don fulano ¿durmió bien?‚Äù. La respuesta fue comedida ‚“muchachos esto es maravilloso, me siento como en mi pueblo, pero en primer mundo‚Äù. De las risotadas se pasó a una charla seria, ‚“el compadre‚Äù dictaba cátedra: ‚“Efectivamente, a la lista debemos sumar a Armenta, si no para esta para la siguiente, eso lo decidirá quien debe decidirlo, pero antenoche el señor me lo dijo muy claro ‚Äòel presidente hizo muy buen trabajo, representa ala nueva generación de políticos, vamos a empezar a medirlo, puede aparecer o encabezar la fórmula‚Äô. Y ciertamente yo me quedo con ese razonamiento. Armenta es discreto, no habla, no presume, no aparece, permanece al margen y eso habla de su madurez, no es momento de ser aplaudido sino de brindarle el toro al señor y eso hizo el presidente‚Äù. Zalacaín entró en la nostalgia, hacía algunos meses no regresaba a su ciudad. Tal vez sería tiempo de ir pensando en volver. El verano recién entrado traía temperaturas en la villa de más de 32 grados, caminar se hacía una tarea difícil, pesada, sucia por el sudor derramado, las terrazas repletas de turismo mochilero, el madrileño había iniciado la salida a las playas y la montaña. Ante sí tenía la duda, aceptar la invitación a Navacerrada, siempre cercana a Madrid para cualquier emergencia, Sanabria al lado de sus seres queridos o cambiar el billete de avión y regresar a Puebla a pasar el verano. Hacía tiempo no se involucraba en la política, años atrás era un experto en la materia, recordó cómo sin querer había sido pieza clave para ayudar a ese político tradicional de los poblanos quien siempre se quedaba en la última vuelta y era presa de la imposición nacional, había nuevas generaciones de políticos, los hijos de los dones y los nietos de los señores, la nostalgia le invadió. Pagó la cuenta, se dirigió a la Plaza de la Descalzas a la librería de viejo, pidió los folios relacionados con México, tal vez encontraría, como casi siempre, algún libro perdido de la historia de su país en la capital de España. jesusmanuelh@mexico.com
 
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