La danza del Dry Martini y la falda ceñida
2012-11-09
La danza del Dry Martini y la falda ceñida
La danza del Dry Martini y la falda ceñida Madrid, España.- El suplemento de moda Otoño-Invierno 2012- 2013 era espectacular, no sólo el colorido de la portada y el contenido, sino la armonía conseguida en medio de la agresividad a la moda tradicional. Las colecciones "pret a porter" incluían una gama extensa de ropa no casual para mujer pero también para hombre, algunos diseños provocaron la risa del aventurero quien recordaba aquellos "kilt" de los escoceses y celtas, malamente llamados faldas. El tema de la moda nunca había sido la especialidad del aventurero, más dedicado a la gastronomía y las andanzas de la buena vida, pero no dejaba de reconocer la aportación de los diseñadores de alta costura en los atuendos con una influencia en la transformación de la vida cotidiana. ¿Podría acaso imaginarse a Marlene Dietrich sin el traje sastre varonil al bajar del barco en El Havre proveniente de Estados Unidos, con el toque femenino de la gorra francesa y los lentes de sol? Después de esa imagen nada volvió a ser igual en Europa. La mujer había dado un paso sin retorno en su vestimenta mostrando su independencia lejos de la crinolina. Elena Martín, presentaba una colección de faldas y vestidos, incluso para hombres, con un sello del glamour de principios del siglo pasado y las leyendas orientales, lo mismo los quimonos o las faldas para mujer ceñidas al cuerpo y las telas con caída libre sobre las modelos. ¿Y el colorido? Los verdes y tonos pajas otoñales, en verdad cautivaban la vista. Zalacaín recordó aquella parte de la novela La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín" cuya descripción incluso había conseguido una escultura de tamaño natural en alguna de las plazas de Oviedo. Y decía la frase: "La falda de raso que no tenía nada de particular mientras no la movían, era lo más subversivo del traje, en cuanto la viuda echaba a andar ajustábase de tal modo al cuerpo, que lo que era falda parecía apretado calzón ciñendo esculturales formas, que así mostradas, no convenían a la santidad del lugar." La novela estuvo prohibida algunas décadas por instrucciones de la iglesia. El aventurero siguió revisando las fotografías del suplemento. Aparecieron las faldas de hombre, con algunos toques remembrando el kilt escocés, bajo la sentencia de Elena Martín "sólo tengo que cambiar la talla de mujer para vestir al hombre", una cuestión hoy día alarmante, pero en el pasado era totalmente normal el uso de prendas en forma de faldas entre los ejércitos romanos, los persas o los griegos; el afeminamiento registrado en la vestimenta del varón en la corona francesa había dejado una impronta, pero los tiempos, las modas, habían cambiado y Elena Martín intentaba recuperar el espacio de la estética masculina ligada al concepto hoy universal "unisex". Otro artículo dejó pasmado al aventurero quien ya se disponía encender el televisor para escuchar el telediario de la tarde. El estreno mundial de la última película de James Bond, 50 años después, Skyfall con el protagonista Daniel Craig venía a imponer una nueva moda en el tema de las bebidas tradicionales del agente creado por Fleming, Bond había trascendido en el interés del aventurero por su peculiar forma de recordar las añadas de los Burdeos y el Champagne, siempre citaba grandes añadas imposibles de conseguir y daba muestra de tener una percepción organoléptica inmejorable por cualquier Nariz de Oro de las catas profesionales europeas. Tan solo mirar el color, observar la densidad y apenas percibir el olor, James Bond era capaz de distinguir el estado de un vino de grandes añadas, sin embargo nunca lo definía profesionalmente. ¿Y el Martini? ¿Cómo dejar de lado la exclusiva y tradicional bebida del 007? Pero la sorpresa iba en aumento, Craig dejaba de lado el Martini y daba entrada por primera vez en medio siglo a la cerveza "pale lager", holandesa, rechazando las marcas inglesas, vaya revolución del agente con licencia para matar. Mientras escudriñaba la historia de cómo Heineken había logrado introducirse en la pantalla de Bond, el aventurero fue experimentando una extraña sensación en el paladar y su estómago dejó de ser dominado por la mente y empezó a demandar un Martini Seco, como los de antes. ¿Cómo eran los martinis originales, cuál es la diferencia con los de James Bond? El tema había sido investigado décadas antes y nunca concluido con certidumbre, a saber: 1860, San Francisco, un buscador de oro ofreció una pepita a quien preparara el mejor cóctel seco en el bar de Julio Richeliu en la localidad de "Martínez"; fue bautizado como Dry Martínez, pero la pronunciación en inglés suprimió la "z". La bebida tenía origen en el Old Tom compuesto de vermouth rojo dulce y ginebra no muy seco. Otras teorías conocidas por Zalacaín: el libro titulado ‚“Stuart¬¥s fancy drinks and how to mix them in New York‚Äù, publicado en 1896, incluía la receta de una bebida llamada Marquerite compuesta por dos tercios de ginebra y uno de vermouth francés, y es la receta más aproximada a la versión actual. Una de las historias más recientes y fiables sucede en 1911, el cantinero jefe del Hotel Knickerbocker de Nueva York, llamado Martini di Arma di Taggia, mezcló mitad de ginebra, mitad de vermouth y unas gotas de naranja, enfrió la bebida con hielo y la vertió en un vaso helado. Con el tiempo los asiduos de este bar fueron pidiendo algunas variaciones, incluyendo la aceituna. La más reciente versión corresponde a la labor divulgativa de Ernest Hemingway sobre los orígenes de su bebida favorita; según el escritor el Dry Martini era originario de un bar de Venecia basada en la mezcla del vermouth de marca Martini seco y ginebra. Pero ciertamente el mundo globalizado entró al conocimiento del Dry Martini por el cine protagonizado por James Bond debido a la preferencia por esta bebida de Ian Fleming el autor de los guiones, quien habría descubierto la diferencia de sabor entre el vodka de papa agitado y el revuelto con hielo, resultaba menos fuerte y la describe en las primeras novelas. La frase de "agitado, no revuelto" se escuchó en la boca de Sean Conery en 1962 en "Dr. No" al solicitar un "Vesper Martini" la bebida favorita de Vesper Lynd, y la repite Daniel Craig con todo y receta en Casino Royale al ordenar al camarero " Martini seco. Espera... tres medidas de Gordon, una de vodka, media medida de Kina Lillet. Agita con hielo y añade una rodaja fina de cáscara de limón". Interesante la aportación de la Kina Lillet, su precursor el vino de aperitivo francés "Lillet", un Burdeos de cuatro cepas y licores de cítricos de naranjas dulces de España y Marruecos famoso desde el siglo XIX. Aún así la receta más socorrida del Dry Martini no mezclaba ginebra y vodka, o era una u otra bebida, pero siempre aparecía el vermouth francés Nolly Prat, las marcas de ginebra debían ser con aromas secos y no dulces, y el equilibrio se lograba con el toque final de la aceituna, la cebolla cambray en salmuera o el twist de cáscara de limón, sevillano si fuera posible. Zalacaín recordó aquellas entretenidas tardes previas a la cena en los cómodos sofás del Hotel Palace debajo de la cúpula y en el marco de la música de arpa o cuando, por azares del destino coincidía un pianista tocando el tema de la película Casa Blanca y en la barra del bar en la silla pegada a la columna donde está la firma de García Lorca se preparaba en un vaso mezclador un Dry Martini y se dejaba volar la imaginación por todas las emociones atrás de una de la bebidas insustituibles para el escenario del amor. Un hielo en la copa con un chorrito de Noilly Prat; en el vaso mezclador unos hielos, ginebra Bombay Shapire, una cuchara para agitarla y desprender los perfumes, luego vaciar la copa y servir el ginebra ligeramente frío en su interior, completar con unas gotas más de Noilly Prat y al final el toque personal, la aceituna lavada para un Dry Martini limpio, la cebolla cambray en salmuera para el "Sucio" o el twist, la cáscara retorcida del limón sevillano y a disfrutar el trago, como cuando Rafael en "El discreto encanto de la burguesía" reconoce "no hay mejor tranquilizante que un Martini Seco, lo leí en una revista para mujeres". Zalacaín sorbía, la ginebra empezaba a bailar con el vermouth seco, y se producía así "la danza de la mezcla perfecta, como tú y yo". ¿Dónde lo había escuchado? Eso era lo de menos. elrincondezalacain@gmail.com Video en Youtube: elrincondezalacain@gmail.com
 
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