HISTORIAS DE FAMILIA
2009-06-04
HISTORIAS DE FAMILIA

 

 

Historias de Familia

 

 

“El cariño es como el viento, se siente pero no se ve”

(Dicho popular en Los Picos de Europa)

 

 

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

 

Madrid, España.- Desde el fondo del corazón, se escuchó el lamento gitano, mezcla de Cano y Cigala: “Na te debo, na te pido, me voy de tu vera, olvídame ya… No te quiero, no me quieras, si tu me lo diste yo nada te pedí… Bien pagaá, si tu eres la bien pagaá, porque tus besos compré, y a mi te supiste dar por un puñado de parné…”

El ambiente era sensacional, un grupo de espectadores empezó a acompañar al cantaor en medio de un frenesí envidiable. Casa Patas es sin duda uno de los refugios del flamenco con más autenticidad hoy día en la capital de España, comparable sólo con los sótanos de Granada o para el más exigente, una aproximación de las cuevas del Sacro Monte.

Esa noche había duende, el duende había salido, se había mostrado tal cual su origen y trascendencia, faltaba sólo la voz de Pastora Imperio en este colmao andaluz por donde han desfilado lo mismo Joaquín Cortés, Manzanita, José Mercé, Diana Navarro, Johnny Deep, Prince o Naomi Campbell.

Nada como el flamenco para sacar la vena, para sudar la pena y aliviar la gloria, pensaba el aventurero Zalacaín elevado al éxtasis de la compañía de unas cien almas cantando al unísono la letra de Perelló: “Nada te pido, nada me llevo, entre esas paredes dejo sepultada penas y alegrías que te he dado y me diste, Y esas joyas que ahora pa otro lucirás…”

Había sido una tarde redonda rematada por el espectáculo de Casa Patas. Zalacaín salió a Cañizares y en Atocha abordó un taxi. Aún retumbaban los acordes flamencos de la última canción de la pluma de Sordera: “Todavía yo no sé porqué, esa gitana me vuelve la carita cuando me ve...”

En el taxi el ambiente cambió radicalmente, la radio reproducía la voz de Elena Markínez, quien como invitado tenía al responsable de un hotel en Asturias, el Palacio de Cutre y convocaba a los radioescuchas a mandar un correo electrónico para participar en la rifa de un fin de semana con los gastos pagados y disfrutar del Valle del Sueve y su fabulosa gastronomía. Zalacaín brincó de un ambiente a otro, del flamenco gitano andaluz a las montañas asturianas.

Y el gerente del hotel explicaba “el Cutre está en el barrio de la Parroquia de San Pablo de Sorribas; cobró fama el camino de Villamayor a Villaviciosa, sobre todo cuando los hermanos de Pelayo habían pasado por ahí camino del Río Cúa para vadear el Río Piloña.

El palacio había sido propiedad desde el siglo XVII de los descendientes de doña Antonia María Argüelles de Vega de Foxa y su localización privilegiada le permitía a los visitantes gozar del valle del Sueve y del Río Piloña donde podían practicarse varias actividades al aire libre.

Zalacaín había conocido la zona en el pasado muy lejano, recordaba con cierta envidia el dejo de sabor del pitu de caleya con los costrones de pan, los tortos de maíz con huevos y picadillos y el cabrito del Sueve, un manjar en temporada.

El Concejo de Piloña había exportado nativos a tierras mexicanas desde principios del siglo pasado; Zalacaín había escuchado historias de familias, impronunciables de momento, donde los actores principales, gente de alto reconocimiento entre la sociedad poblana, en realidad eran vistos de otra forma en sus pueblos de origen.

Apellidos vetados en los bares por los trastornos de sus herederos, las culpas, los asuntos pendientes en temas legales y económicos y hasta algunas fechorías, habían dejado a los habitantes del Concejo muy divididos respecto al quién es quién de los migrantes de la zona.

Muchas sorpresas se llevarían los lectores de las aventuras de Zalacaín si conocieran el origen de los capitales de algunos trepadores de la economía poblana.

Pero eso era un asunto para otra época. En la radio Elena Markínez insistía en el Palacio de Cutre, “se toma la Nacional 634 y en el kilómetro 356, a la izquierda tomar el desvío a Borines. Cruzar el río Piloña y desviarse a la derecha por la PI 11 en dirección Cereceda, pasada La Goleta está el hotel... Es el sitio ideal para hacer excursiones a Llanes, Covadonga o Ribadesella”.

El taxímetro marcaba 9 euros con 23 céntimos, Zalacaín pagó y deambuló unos metros hasta la entrada del piso, por su mente chocaban los recuerdos de los duendes, los del flamenco y los trasgus astures.

 

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