la influencia del Café
2012-08-10
la influencia del Café
"Tiene que ser negro como el diablo, caliente como el infierno, dulce como el amor y puro como un ángel"
La influencia del café "Tiene que ser negro como el diablo, caliente como el infierno, dulce como el amor y puro como un ángel" El olor llegó hasta el dormitorio, acababa de ducharse y su nariz percibió el aroma despedido por la pequeña taza de café express, la costumbre había sido adquirida por Zalacaín décadas antes, poco antes de su participación en la vida en temas sociales. Le gustaba concentrado, poco menos de media taza, de un solo golpe, recién molido, asunto muy difícil de conseguir siempre. Una empresa italiana había puesto a la venta una cafetera individual con bolsitas del grano embasado al alto vacío recién molido y con los gramos exactos para extraer lo mejor de esta bebida, sin duda, una de las protagonistas de los cambios más notables de la historia de la humanidad. Cada mañana al beberlo recordaba al sacerdote, político y diplomático Charles Maurice Talleyrand-Perigord quien había definido al café como "tiene que ser negro como el diablo, caliente como el infierno, dulce como el amor y puro como un ángel"; el calificativo de dulce se refería, según Zalacaín al sabor auténtico del concentrado y no a la cantidad de azúcar agregada en el tostado o al beberlo. Jamás un buen café necesitaba de un terrón de azúcar. Alguna ocasión el aventurero participó de una tertulia sobre la trascendencia de las bebidas en la historia del mundo, sin duda el vino, la cerveza, los licores, el café, el te y las aguas gaseosas del imperialismo habían marcado al momento de entrar en contacto con las civilizaciones, un antes y un después. Al margen de las leyendas, si el arcángel Gabriel lo ofreció por vez primera al profeta Mahoma, si unas cabras lo comieron en un monte en Etiopía, si lo adoptaron los musulmanes ante la prohibición del alcohol, y quién sabe cuántas más, nadie discute su aparición por ahí del Siglo X y su popularidad después del XI y ya entrado el XVI arriba a Europa para ayudar a transformar las costumbres y el pensamiento político. Desde su origen fue bebida polémica, en Junio de 1511 fue sometido a juicio en La Meca por el gobernador Jair Beg, quien sentó un gran recipiente de café frente a los jueces y consiguió su prohibición debido a la presión de mujeres y sacerdotes quienes veían un peligro para la comunidad la afición al café en establecimientos donde además se jugaba y charlaba al margen de la religión. Pero en El Cairo, por suerte, anularon la sentencia pues el café constituyó una de las bebidas aceptables para el desarrollo del pensamiento sin alcohol. Además los establecimientos donde se consumía se convirtieron pronto en los sitios donde se manejaba la información más fresca de la comunidad, las noticias de política, el comercio, la vida y la muerte de las personas. A finales del Siglo XVI y principios del XVII aumenta la divulgación del racionalismo en Europa de la mano del consumo del café, bebida demandada intensamente por los intelectuales, científicos, escribanos, comerciantes, los trabajadores del intelecto, quienes sentían correr por sus venas la fuerza de la extravagante bebida extranjera llevada por las costumbres de los musulmanes asentados por siglos en tierras ibéricas y ante la influencia del Imperio Otomano. En el pontificado de Clemente VIII se le acusó de ser la bebida inventada por el demonio para combatir al vino, usado por Jesús en la Última Cena. Los ingleses productores de cerveza le llamaron "jarabe de hollín" y "esencia de zapato viejo" además culparon al pobre café de ser el responsable de provocar esterilidad y debilidad sexual y "secar" a los hombres, como a los desiertos de donde venía la costumbre de beberlo. En Marsella, los productores de vino la emprendieron contra él al considerarlo "fruto de un árbol descubierto por cabras y camellos... quema la sangre, induce parálisis, impotencia y delgadez". Una batalla muy dura, larga, hubo de mantener el café para invadir la costumbre de los europeos hasta consolidarse como la bebida por excelencia para despertar, para convivir y socializar. Una buena parte del triunfo se debe a los holandeses quienes lograron romper el monopolio de la producción de Arabia, cerca de La Meca , de donde los granos viajaban al puerto de Yidda, luego a Suez y en camello a Alejandría donde los egipcios lo vendían a venecianos, franceses e ingleses; extrajeron ilegalmente unos esquejes y los llevaron a los invernaderos de Amsterdam donde se reprodujeron con éxito, de ahí pasó el café a las colonias holandesas de Batavia en Java y entonces el poder económico de Rotterdam venció a los árabes. Un dato curioso, recordaba Zalacaín, fue la forma como el café llegó a América, gracias a la intervención del oficial naval Gabriel Mathieu de Clieu, destinado a la isla de Martinica, quien se valió de una joven aristócrata amiga del médico real para extraer un esqueje del cafeto de Jardín de Plantes en París de Luis XIV regalo de Holanda. El oficial lo llevó por una peripecia atravesando el Atlántico guardado en una caja de cristal y regándolo incuso con el agua destinada a su uso cuando el barco permaneció inmóvil por ausencia de viento. Dormía junto a la planta ya con brotes, y un día se quedó dormido, asunto aprovechado por un holandés de la tripulación quien arrancó un brote y se bajó del barco en Madeira. De Martinica pasó a Haití, Cuba, Costa Rica, Venezuela y Brasil. ¬°Ah Mathie de Clieu¬° Cuánto le deben los productores y bebedores de café americanos, decía el aventurero Zalacaín. Y recordó aquel escrito del historiador francés Jules Michelet: "El café, la bebida sobria, el poderoso alimento del cerebro que a diferencia de los licores agudiza la pureza y la lucidez, el café, que despeja las nubes de la imaginación y su peso tenebroso, que ilumina la realidad de las cosas de repente, con el destello de la verdad". Culpable habría de declararse al café, sin duda, de ayudar a pasar los exámenes, de provocar la pérdida de la pereza, de inyectar vida a los conductores de vehículos en sus largos tránsitos, de despejar la mente y aumentar el valor para la toma de grandes decisiones, de antesala de un beso apasionado, no en balde, los franceses le tienen por bebida íntimamente ligada al inicio de la Revolución Francesa, pues fue en los cafés Procope y De Foy, de donde salieron las ideas de igualdad, libertad y fraternidad. ¿Y cómo llegó el café a Puebla? Eso lo contará otro día el aventurero Zalacaín. Video en Youtube: jesusmanuelhl jesusmanuelh@mexico.com
 
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