Los berros y la calvicie
2012-06-22
Los berros y la calvicie
Los berros y la calvicie "Hasta el 40 de Mayo, no te quites el sayo" reza un popular refrán madrileño a propósito de la prolongación del invierno y de una imperceptible primavera. Después del 10 de Junio es cuando la gente de la capital española saca sus atuendos primaverales y casi veraniegos. La primera gran manifestación es por ahí del 13 de Junio, cuando alrededor de San Antonio de La Florida, la tumba de Francisco de Goya desde principios del siglo pasado, las mujeres casaderas acuden a pedir al santo ayuda para encontrar marido. En sus alrededores se practica la tradición de comer al aire libre. Famosos los pollos, los quesos y la sidra asturianos de Casa Mingo, recordaba Zalacaín al tiempo de añorar, ciertamente, los alimentos propios de la temporada, más definidos allá, menos aquí, pues las temperaturas de Puebla son prácticamente parejas a lo largo del año, no existen esos contrastes tan pronunciados. La moda de las terrazas sin duda llego a la Angelópolis por razones diferentes al clima, pues era de todos conocido el índice de enfermedades en las vías respiratorias provocado por los "chiflones" de los aires encontrados en las esquinas y sobretodo en los portales. El cambio de mobiliario urbano y tanto pavimento en los alrededores ha terminado también con ese riesgo de enfermarse de los bronquios. En cambio ha sido el cigarro el culpable de sacar a los poblanos a comer al aire libre con el conocido riesgo de contaminación de los alimentos. Máxime en esos sitios donde se ofrecen productos frescos, verduras y mariscos entre otros, dejados por algunos minutos sobre las mesas al aire libre de la zona de fumadores. Hacía varias décadas, un presidente municipal de la ciudad, de apellido Murad, mostró a los expertos el grave riesgo de contaminación; apoyado por un prestigiado médico investigador de apellido Ruíz, había dejado dos mitades de una jícama por 30 minutos en uno de los cruceros de más circulación en la ciudad; los resultados fueron alarmantes, la cantidad de materia fecal acumulada en la fruta podía provocar una paratifoidea inmediata. En eso pensaba Zalacaín al dirigirse a un supermercado donde ofrecían productos orgánicos. Su antojo de aquel día se vería reflejado en una ensalada de berros, planta prohibida de comer sin desinfectar hacía décadas, pues su cultivo no era muy higiénico y además existía alguna leyenda negra sobre tan peculiar planta fibrosa de hojas acuáticas, tan plebeya como amarga de sabor para generar el contrapunto de las ensaladas. Muchos refranes españoles aluden a los berros, planta originaria de Asia migrada a Europa y de ahí a América hace más de 5 siglos, pasando por Holanda, Francia, Bélgica e Inglaterra donde ha ganado territorio en las grandes mesas después de su afamada presencia en los remedios caseros. Y como gotas de agua de una imperceptible lluvia cayeron a la mente de Zalacaín algunos de ellos: " Por enero, berros come el caballero", "Quien come berros, chupa espárragos o besa a una vieja, ni come, ni chupa ni besa", incluso un trabalenguas infantil: " Un burro comía berros y un perro se los robó, el burro lanzó un rebuzno y el perro al barro cayó". Y otro más, alusivo a la leyenda negra de la planta probada alguna vez por el aventurero en un potaje montañés al lado de judías, patatas, calabazas y quién sabe cuántas hortalizas más, o esa crema de berros y tropezones de pan de centeno de dos días. La gente decía: "Tú que agarras el berro, guárdate del anapelo" en clara referencia a los arroyos de aguas claras donde crecen ambas plantas, el anapelo llamado también Matalobos, Vedegambre, Nabillo del diablo, considerado altamente tóxico y empleado en la antigua medicina alternativa de Europa. Tal vez de ahí venga la mala fama del berro, confundido a veces con el matalobos y seguramente su uso como planta medicinal en México donde a lo largo de la historia han sido aprovechadas sus cualidades depurativas de la sangre y como remedio para curar acné y espinillas de los adolescentes, limpiar manchas del rostro y desprender las costras del cuero cabelludo dejadas por la tiña. Las tías de Zalacaín usaban el berro no como ensalada, sino como bebida expectorante en casos de fuertes catarros, cuando había enfermedad crónica en los bronquios; machacaban un manojo de berros en leche caliente y endulzada con miel y se daba al enfermo antes de dormir para facilitar su respiración. Zalacaín pagó los berros, prepararía una receta del siglo XVIII con ellos: "cocidos en sal, enjuagados, alineados con algo de clavo, canela y pimienta molidas, los bañaría con aceite y algo de vinagre, y luego revueltos con tornachiles picados finamente, unas rodajas de cebollas, cogollos de lechuga y rebanadas de betabel". Recordó entonces otros dos remedios donde el berro era protagonista principal. Alguna voluminosa parienta de la familia estaba casada con un hombre afectado por la gota, enfermedad de reyes, y preparaba una antigua receta con hojas y tallos de berros, puestos a hervir y usado el resultado como "agua de tiempo" para reducir las molestias de la gota, pues ayudaba a no retener los líquidos. El otro era casi como secreto de familia y había sido usado por una prima coleccionista de pañuelos de seda, mascadas, fulares, bandanas y velos para cubrir la cabeza; alguna vez descubrió la razón, la prima padecía alopecia y estaba a punto de quedarse calva. Un español, agente viajero, había llegado a Puebla a ofrecer mercancías filipinas y españolas de casa en casa y por recomendación, mantillas, mantones, manteles e infinidad de artesanías en punto de cruz, y por supuesto cayó en la casa de la prima, quien descubrió su secreto. El viajero, Antonio de nombre, se compadeció de la mujer y a cambio de la compra le regaló un librito de remedios caseros, donde aparecía una receta para recuperar el cabello perdido: "Licuar 150 gramos de berros frescos en muy poca agua, la mezcla debe estar homogénea y se aplica sobre el cuero cabelludo dando un suave masaje; la mezcla se dejará por una hora y luego se enjuagará y peinará el cabello con regularidad. El proceso se repetirá tres veces por semana". Por desgracia la prima no pudo ver los resultados, un autobús de la línea Rojo Santa María la atropelló y murió. Video en YouTube: jesusmanuelhl jesusmanuelh@mexico.com
 
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