Honores al astro rey
2012-05-18
Honores al astro rey
Degustación de un Vega Sicilia Único 1964
Honores al astro rey La cita había sido definida, un selecto grupo de tres amigos fue convocado por Zalacaín para ese medio día previa advertencia de haber desayunado poco, no haber tomado café al menos unas tres horas antes y por supuesto abstenerse de usar alguna loción after shave. "Pónganse alguna crema" había dicho a sus compañeros. En tres ocasiones había realizado reuniones similares, dos en Madrid y una en su natal Puebla. Los convocados habían sido elegidos cuidando minuciosamente su capacidad organoléptica, su interés por el vino y por supuesto ser poseedores de amena charla. Un día antes un par de kilos de lomo de venado fue adquirido en el mercado de San Juan en la capital del país; el proveedor había prometido carne del Valle del Esla, esos bueyes pardos, pastuencos, habitantes de la zona leonesa a más de mil metros de altura donde permanecen cuatro años antes de ser sacrificados. Hacía tiempo en la capital española se había organizado una cata ciega de carne, pusieron a competir la Wagyu de Nueva Zelanda, Angus de Estados Unidos, Kobe de Japón y la leonesa. Los paladares declararon empate en características y sabor a Kobe y la producida en el Valle del Esla, los precios por supuesto terminaron por definir al ibérico triunfador, Zalacaín escuchó alguna vez a alguien pagar más de 400 euros por un kilo de Kobe y cerca de 200 por la Wagyu producida en Estados Unidos, pese a la prohibición japonesa de exportar animales de su raza. A falta de carne del Esla, el venado importado haría los honores a los caldos seleccionados para ese día. El ritual debía cumplirse con sumo cuidado, inició un día antes, una de las siete botellas conservadas desde hacía cuatro décadas, fue sacada de la cava y puesta de pie en la más absoluta oscuridad y libre del ruido, ahí reposó toda la tarde y noche, al día siguiente muy temprano fue lleva al comedor y refugiada en un rincón libre de calor. El aventurero se había hecho de un lote de Vega Sicilia Único y las guardó para ocasiones muy especiales, quedaban siete, y semanas antes había decidido abrir una, la número 63195 hecha con uvas Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Tinta Fina y Albillo. Para reforzar la presencia del Único había dispuesto una botella más, de Valbuena 5¬? Año, misma bodega pero 1995, así no existiría competencia entre ambas, Zalacaín bien sabía de los celos del vino. En punto de las 2.30 el grupo inició los honores. Un sacacorchos de alta precisión, tirabuzón revestido de teflón para no contagiar en caso de un mal estado del corcho. La boca de la botella reflejaba la edad, un material terroso y verdusco la rodeaba, un trapo limpio y húmedo sirvió para limpiar los alrededores; acto seguido el tirabuzón fue colocado en el centro del corcho, las alas laterales sujetaron la botella y la palanca fue accionada lentamente ante los estupefactos amigos, alguno de ellos confesaría después su temor por encontrar un corcho podrido o roto y con ello al traste la primera parte de la degustación. Lentamente fue extraído el corcho, se produjo al unísono la exclamación y el aplauso. Un corcho de 48 años al 90 por ciento de sus cualidades, ¬°increíble! La botella fue admirada por todos y entonces procedió a decantar a través de una coladera especial y sobre un decanter en forma de pato. Automáticamente se llenó el salón de los olores del Vega Sicilia Único de 1964, las notas balsámicas fueron identificadas de inmediato. El Valbuena 5¬? Año, abierto minutos antes empezó a servirse para acompañar los entrantes, un poco de cecina de vaca de Astorga regada con unas almendras y un toque de aceite de oliva picual; luego vendría un huevo de corral estrellado sobre un salsa de hígado fresco de pato, foie, mezclado con Pedro Ximénez y unos hongos Boletus Edulis y una poco de trufa negra rallada al momento de servirlo. Los aromas entraban en competencia, los efluvios se percibían muy bien gracias al respeto de los comensales de no usar lociones. Por fin llegó el Vega Sicilia Único del 64 y el plato de venado a la parrilla apenas con un toque de salsa de chocolate, muy ligera; el color rubí con tonos exteriores de teja fueron admirados en la copa, alguno descubrió un tono ladrillo; la nariz dejó de tener la presencia descubierta al descorchar, en cambio aparecieron algunos matices de vainilla, caramelo y cacao y en la boca el sabor llenó el paladar, con garra, dijo Zalacaín, las notas de chocolate, frutos negros y un paladar, largo, muy largo, como cola de pavo real. Los halagos no cesaban, la admiración a Domingo Garramiola, Txomin, el creador de la tradición de Vega Sicilia. Zalacaín leyó algunos comentarios sobre este vino del libro oficial de la bodega, el escritor Manuel Vázquez Montalbán, siempre daba énfasis en sus novelas a temas gastronómicos dejó escrito: "Antes que Indurain y Penélope Cruz nos devolvieran una cierta confianza en nosotros mismos, sabíamos que ahí estaba el Vega Sicilia, astro rey de la hoy espléndida galaxia de los Ribera del Duero y vino tan bueno, tan bueno, que ni siquiera Franco, partidario de echarle agua al vino, atreviose en los banquetes oficiales a aguar tal maravilla". Y una más causó interés del aventurero, escrita por el internacional escultor Santiago de Santiago "... Recorriendo el mundo y buscando sensaciones seductoras, el Vega Sicilia o Sanctorum Valeo, lleva toda la apetencia que en el rito de esta consagrada veneración pueda codiciar al más exigente devoto... Sólo hay dos pegas en Vega: son pocas y a mí no llegan. Frase - más o menos- de un comensal en el restaurante La Conjura de Puebla en diciembre de 2000..." ¬°Salud! dijeron todos y chocaron sus copas. Habría de reservar en aquél sitio, pensó Zalacaín. Video en YouTube: jesusmanuelhl jesusmanuelh@mexico.com
 
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