Los pendones
2012-03-24
Los pendones
Los pendones "Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même", "Dejad hacer, dejad pasar, el mundo va solo", esa era la sentencia francesa en el siglo XVIII que fundamentaba la petición de que el gobierno interviniera menos en los controles del mercantilismo. Se le debe la autoría a Jean Claude Marie Vicent de Gournay, pero quien realmente la hizo famosa fue el clásico de la economía, Adam Smith, la usó a manera de síntesis de las ideas políticas del llamado "liberalismo económico" que pretendía poner fin a la discrecionalidad de los gobiernos, a los marcos jurídicos que regulaban el comercio exterior y las prácticas mercantiles de la época. Merece recordar la cita debido a que la ciudad de Puebla, toda, pero puntualmente el Centro Histórico ha sido avasallada por los pendones, en sus dos principales acepciones castellanas. Por doquier domina el plástico, la lona multicolor con anuncios espectaculares montados en las fachadas de los edificios catalogados por el INAH y que le dieron a la ciudad entrada en el catálogo de Patrimonio Mundial de la Humanidad. Y también merece la pena recordar el tema por la cantidad de eventos inolvidables, fiestas, mojigangas y carnavales con toque tapatío y las grandes obras monumentales del 150 aniversario de la Batalla del 5 de Mayo. Para empezar el logotipo del evento con la pareja de baile al estilo del son de La Negra, nada tiene que ver con la historia de la ciudad, la China Poblana, el traje más importante no aparece. En segundo lugar con un jinete, Zaragoza, montado en un caballo con la mano derecha alzada, el protocolo de las esculturas hípicas marca que esa posición corresponde a cuando el jinete murió en batalla, cosa que no le sucedió a Zaragoza, quien murió de una enfermedad ajena. En el video de Ximena Navarrete no se reconoce a Puebla, no aparece ningún edificio o zona de la ciudad que permita ubicar a la Angelópolis, por el contrario se ven fachadas despostilladas, y se usa un caballo tresalbo, el peor de todos los equinos para el trabajo en el campo de batalla, dicen los rancheros: "un albo bueno, dos mejor, tres malo y cuatro peor". Veamos: En 1959 el Presidente Adolfo López Mateos, recibió a una comisión de poblanos encabezada por Fausto M. Ortega, gobernador, y Rafael Artasánchez, alcalde de la ciudad, acudieron empresarios, periodistas, industriales, campesinos, obreros y toda la plana mayor de la política local, le llevaron un proyecto para celebrar el Centenario del 5 de Mayo, tres años antes; se contemplaba la construcción de la autopista México- Puebla, la remodelación de Los Fuertes, el entubamiento del Río de San Francisco, labores en Valsequillo, la construcción del Auditorio de La Reforma y la organización de la Feria anual. Todos los proyectos fueron consultados con la sociedad civil, de ahí nacieron, de ahí tomaron fuerza y se hicieron propios, existía un común denominador en los actores de la propuestas: levantar a Puebla, posicionarla por beneficio de la propia ciudad, no del gobernador, menos de presidente municipal o tal o cual personaje de la vida política. Había, por decirlo así, amor por Puebla. Artasánchez pasó a la historia por meter al orden a los mercantilistas de los portales, retiró las alacenas y los empresarios en venganza lo etiquetaron como "artabaches" en alusión al estado de las calles de la ciudad. Después de él, Jorge Murad fue el alcalde que más se ha distinguido en su trabajo por el Centro Histórico, sus acciones fueron para limpiar la ciudad de anuncios, marquesinas, ambulantes, puso orden y contribuyó a dejar a los usuarios de la ciudad una imagen urbana limpia donde las iglesias, las fachadas, las calles volvieron a ser descubiertas por los habitantes. Al paso de los años la normativa para la intervención en el mobiliario urbano, anuncios públicos o privados, colores, ancho de vanos, alturas, etcétera se ha ido perfeccionando, la mejor época fue la de Rafael Cañedo y gracias al Consejo del Centro Histórico que convenció a los empresarios y normó el abuso de anuncios y espectaculares en calles y fachadas. Pero después el "dejar hacer, dejar pasar" le ha ganado terreno a la ley y a la voluntad política de los funcionarios cooptados por el mercantilismo. Por desgracia hoy coinciden en los dos niveles de gobierno personas que no han nacido o vivido ni se han formado en Puebla, que no mamaron la poblanidad y que por su extracción no están tampoco dispuestos a entenderla, mas bien a menospreciarla e incluso combatirla y extinguirla, como la política de "tierra quemada" de Vlad Tapes o Hitler cuando ordenó a Choltitz quemar París. La Zona de Monumentos está tomada, sitiada, invadida de anuncios fuera de norma, no hay autoridad responsable, la Agencia de Protección al Ambiente y Desarrollo Sustentable del Municipio de Puebla, acéfala o en extinción; el Código Reglamentario de la Ciudad guardado bajo siete llaves. El titular de vía pública sólo actúa contra ambulantes no contra invasores de banquetas, nadie ejecuta la ley. El caos espanta a los habitantes y aleja a los turistas. Los portales han sido convertidos en una réplica de cualquier mercado de cualquier ciudad sin historia, sólo falta que al peatón le griten "güero, güero" y le ofrezcan un aprobadita de cecina o queso de cabra, como sucedía en el mercado La Victoria. Las rejas de la catedral son el marco de anuncios religiosos, compostura de celulares; del Palacio Municipal cuelgan pendones, de los edificios aledaños plásticos que cubren los pisos para dar la bienvenida a los congresistas; anuncios de universidades, compra de oro, casas de empeño, hamburguesas, tacos, karaoke, etcétera, todos pululan por las fachadas de los edificios de los siglos XVI, XVII, XVIII, algunos de ellos únicos en América Latina. Los postes de alumbrado y telefonía están forrados de panfletos que anuncian empleo, compra de acciones, menús, lucha libre, fiestas y hasta prostitución. Unas banderolas gigantes que conmemoraban la independencia y la revolución, permanecen en las banquetas obstaculizando el paso, dos años después de la celebración. Y qué decir de la contaminación auditiva, los carros de sonido antes tenían prohibido pasar por el centro, los camiones del gas, las bocinas colocadas en tiendas para aumentar la venta, los "gritones" que venden carnitas, cemitas y quesadillas. Y el tema no es que la ciudad luzca para los turistas, no, el primer deber de la autoridad es mantener los servicios y el orden público para los propios habitantes. ¿Y dónde esta la autoridad? Pues gastándose los millones de pesos en la fiesta del 5 de Mayo, leyendo cuentos y formando comités de paz o pavimentando las calles de los distritos donde se espera ganar las diputaciones federales. Ni duda cabe Puebla es una ciudad de pendones, de los dos tipos, hablando castellanamente. jesusmanuelhmexico.com
 
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