Entre revueltos y callos
2009-05-07
Entre revueltos y callos

 

 

Entre revueltos y callos

 

 

“El desengaño camina sonriendo detrás del entusiasmo” Germaine de Staël

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

 

Madrid.- La influenza humana es como la peste de la edad media, cualquier persona proveniente de México, es vista con desaire, incluso en los restaurantes donde el aventurero es conocido, siempre surge una distancia, natural por supuesto entre los españoles, y más entre los castellano-leoneses, no tanto, por supuesto, como con los abulenses, verdaderamente alejados del contacto físico en el momento de la expresión de amistad o cariño.

Zalacaín había recibido una llamada de México preguntando por su salud y él a su vez inquiriendo sobre la calidad de vida de su amistad. La charla derivó en los aconteceres de la aldea poblana, algunos apellidos conocidos, fallecimientos, divorcios, bautizos y bodas, la clásica plática del poblano.

Uno de los apellidos escuchados trajo a la memoria de Zalacaín un suceso poco conocido y prácticamente escondido por la misma sociedad: una amenaza de secuestro.

Enfiló sus pasos hacia al otro lado de la Gran Vía, esa zona perdida en la prostitución hace décadas, el famoso triángulo de Ballesta, integrado por las calles de Luna, Desengaño, Barco, Corredera Baja de San Pablo e incluso la Calle de La Puebla. A ésta última Zalacaín acudía una vez al año a charlar con la superiora de las mercedarias, una monja ligada a México en el pasado.

Para llegar a la calle de Puebla era necesario sortear varios bares de alterne, la prostitución en cada puerta, las accesorias, al estilo de San Antonio en la Angelópolis, eran la impronta.

Ahora todo ha cambiado el llamado Tri-Ball (Triángulo Ballesta), se ha convertido en un lugar de moda, de gastronomía fina y de sitios interesantes para un viajero solitario.

Zalacaín enfiló a Desengaño para dar vuelta en Ballesta, un viejo camarero de Fuencisla, Miguel, le había comentado sobre el éxito de la cocina de Juanjo López, “La Tasquita de Enfrente”, sólo caben 25 personas y los comensales solitarios son bienvenidos siempre. Un sitio para reflexionar, sin duda, alejado de las corbatas y del cuello blanco.

Zalacaín optó por probar de todo lo apetecible, las Zamburiñas con salsa de Pedro Ximénez le llamaron la atención, lo mismo unas patatas pochadas con huevo y trufa de invierno, a un precio poco accesible, pero la curiosidad abrió la cartera.

Vinos de la tierra ayudaron al paladar del aventurero quien se trasladó a su tierra natal para recordar el tema aquél del secuestro. Muchas familias de apellidos rimbombantes, habían estado en el pasado ligados a estos asuntos, casi siempre los responsables eran familiares del secuestrado, la tía, o el cuñado, o el hermano de la amante, o el nieto y el sobrino.

Si las familias hablaran ¿cuántos apellidos debían pasar a la lista negra de la sociedad poblana? Se preguntó Zalacaín.

Tan sólo un último apellido le trajo a la actualidad. Un aspirante al gobierno podría perder toda su buena aceptación si la sociedad política conociera de la operación de una de sus auxiliares para conseguir dinero de la familia de su amante, a fin de estar juntos; la esposa y sus padres fueron amenazados con el secuestro de los hijos-nietos, a cambio de una fuerte cantidad de dinero, bajo el pretexto de una deuda. Las investigaciones llevaron a la identificación de la asistente del político, quien había facilitado todas sus relaciones nacionales, el objetivo era conseguir el divorcio y “la liquidación del esposo” para poder iniciar una nueva vida.

Un asunto pasional con reminiscencias criminales, o por lo menos perversas de una pareja próxima a las páginas de sociales.

En eso estaba Zalacaín cuando apareció el revuelto, el precio era el correcto, la trufa de invierno abundante, los huevos de corral, las patatas pochadas casi al punto de un puré, sin duda Juanjo López merece el prestigio adquirido en este barrio. Zalacaín estaba listo para el plato principal, los Callos Gaona, todo un descubrimiento.

jesusmanuelh@mexico.com

 
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