Entre la Peregrina y la Liberación de París
2011-03-30
Entre la Peregrina y la Liberación de París
Entre la Peregrina y la Liberación de París Madrid, España. El comentarista matutino hacía referencia ese día al aniversario número 22 del nuevo y revolucionario acceso al Museo de Louvre. La propuesta del arquitecto Ieoh Ming Pei fue tema de discusión entre intelectuales y autoridades de París. Finalmente se impuso la idea de construir como atractivo de la superficie esa pirámide de cristal, desde donde se podría tener acceso a los pabellones cuyo centro coincidía exactamente debajo de la pirámide. Varios años de trabajo, intervención especializada y grandes descubrimientos de la etapa medieval del palacio de Louvre, dieron como resultado un incremento en el número de visitas a uno de los mejores museos del mundo. En la radio, el comentarista seguía con la información: ‚“Tiene una altura de 21.6 metros con un total de 673 paneles de vidrio laminado transparente, divididos en 603 rombos y 70 triángulos, el peso total de la estructura es de 180 toneladas, la inclinación de sus paredes es idéntico al de las pirámides egipcias, 51¬?.‚Äù Zalacaín había tenido en suerte estar muy cerca del día de la inauguración y pudo entrar al museo. Luego de una razonable espera y quedar admirado por la grandeza de los vestíbulos y el incremento del área de exposición, uno de los temas a resolver por la convocatoria. Recordó cómo el tema fundamental no había sido tanto la pirámide en sí, sino la intervención en un edificio histórico y emblemático de París por un arquitecto extranjero, un chino radicado en Nueva York en cuyo despacho había trabajado un arquitecto poblano, de apellido Zepeda. La noticia estuvo seguida de una discusión de la prensa del corazón por la muerte de Elizabeth Taylor, quien en su tiempo le disputó a la reina Victoria Eugenia la propiedad de la famosa y mítica ‚“Perla Peregrina‚Äù regalada por Alfonso XIII. La leyenda menciona la existencia de una sola perla, llamada Peregrina, en forma de una lágrima de extraordinario tamaño. La perla habría sido puesta a la venta y el monarca español habría mostrado interés en adquirirla en el año de 1914, asunto concluido y demostrado, pues le fue obsequiada como regalo de bodas a Victoria Eugenia, y pasó a formar parte del tesoro real; la heredó María de las Mercedes de Borbón y de ahí la Reina Sofía. Pero una leyenda negra rodeó el tema de la Peregrina, pues el monarca Alfonso XIII, según un documento periodístico, no habría querido pagar las 35 mil libras esterlinas por la joya. Pasados los años, Richard Burton participó en la subasta de otra perla, también llamada Peregrina en la galería Parke Bernet de Nueva York en 1969, donde se da fe de la compra por 37 mil dólares. Burton la obsequió a la Tayor, quien la enumeró en su dote de joyas valuado en 150 millones de dólares. La perla Peregrina apareció por vez primera durante la monarquía de Felipe II, fue encontrada en el Archipiélago de las Perlas en Panamá y llevada a Madrid entre 1579 y 1580; María Tudor, esposa de Felipe II, la muestra en un cuadro de la época, actualmente en el Museo del Prado. Después en la ocupación francesa en el siglo XIX, José Bonaparte se apoderó de ella y al perder el trono y separarse de su mujer, la llevó consigo a Estados Unidos; luego volvería a la familia Bonaparte y ésta a su vez se habría deshecho de ella en favor de un empresario francés, quien a su vez la habría subastado en Nueva York. La Casa Real Española, decían los contertulios de la radio, jura tener la verdadera perla, y ponían como ejemplo algunas fotografías de la Reina Sofía en actos donde portaba la joya. Seguramente, pensó Zalacaín, se trataría de dos perlas similares, como lo fueron en su tiempo la Peregrina, la Margarita y la Sola, entre otras. Dándole vueltas al tema del Louvre y la perla, Zalacaín descubrió un libro en las sugerencias de la semana. Editorial Planeta ofrecía ‚“Saber de Vino‚Äù bajo la promesa de aprender en tres horas todo lo necesario para elegir una botella; de la mano de Federico Oldenburg, el lector es llevado a los confines del origen del vino y la relación con los momentos estelares de quien pretende degustar una botella con su novia, su socio, sus hijos, en el campo, en la oficina, en el restaurante, en un día con sol o con lluvia y según el temperamento de cada comensal. Por alguna extraña razón, Zalacaín pensó en las fotografías divulgadas al momento de la liberación de París en 1944. Una había llamado su atención siempre: tres soldados con copas de vino en la mano brindando, sentados en una destartalada mesa y al fondo los escombros de edificios caídos. La botella era irreconocible, seguramente sin marca, pues los nazis habían dejado a París sin vino semanas antes. ¬°Cuánto placer habrán tenido en saborear el vino francés al recuperar la capital de Francia! jesusmanuelh@mexico.com
 
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