El Manjar Negro y la colambre
2011-01-20
El Manjar Negro y la colambre
El Manjar Negro y la colambre Madrid, España.- La mañana del último sábado Zalacaín había sintonizado la Cope, participaba el comentarista experto en los temas de la Casa Real, Jaime Peñafiel, quien de entrada había comentado la broma sufrida por el rey Juan Carlos, quien tomó una llamada de una emisora catalana, cuyo conductor se hizo pasar por el nuevo presidente de la generalitat, Artur Más, un incidente revelador de la ausencia de seguridad de quién llama a la oficina del rey. Pero el tema no había quedado ahí, le animó un comentario sobre la familia del Sha de Irán, uno de sus hijos, Alí, se había suicidado días antes y con ello la familia de Mohamed Rza Pahlevi veía nuevamente esa maldición sobre su destino; años antes la hija menor, Leila, fue encontrada muerta en consecuencia de una la sobredosis de droga, en un apartamento de Londres. Y entonces Peñafiel narró su amistad con el Sha y su tercera esposa, Faraha Diba a quien había visitado en una casa de Cuernavaca donde la familia se había detenido en un periplo de varios meses para buscar donde podría morir con tranquilidad, el Sha tenía un cáncer muy avanzado. Zalacaín recordó aquellas fotografías aparecidas en los medios periodísticos de Puebla de la recepción ofrecida por la familia López Morris a la nómada realeza iraní. Peñafiel agregaba un comentario haciendo alusión a un encargo de la emperatriz de una mantilla negra, quién pensaría, dijo el periodista, cuánta pena le acompañaría a esa mantilla; Peñafiel reveló cuántos países le cerraron las puertas al Sha y cómo "un presidente mexicano muy sinvergüenza, llamado López Portillo, le permitió vivir en Cuernavaca a cambios de 10 millones de dólares", segúnle había comentado la propia Farah. Casado primero con Fawzia de Egipto, Soraya Esfandary y finalmente con Farah Diba, Mohamed Reza fue hijo del principal promotor de producción, consumo y comercialización de caviar iraní en sociedad con la entonces llamada URSS, la familia Pahlevi tenía un especial gusto por comer caviar en el Kaspia de París, sitio fundado en 1927 y desde donde se impulsó el consumo de los huevos de esturión. Curiosamente el "cavial" -definido así por Augusto Corthay en "Conservas Alimentarias" París, 1891,- luego llamado caviar, no fue muy popular en sus orígenes, si bien fue consumido por los rusos, su primer fracaso lo encontró en la corte de Luis XV cuando un enviado del Zar Pedro El Grande, obsequiara un selecto Beluga; el francés lo probó, tuvo náuseas y lo escupió con violencia sobre las alfombras del Palacio de Versalles; fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando Occidente empezó a aceptar el caviar y se debió fundamentalmente a un asunto comercial de intercambio cuando el padre del emperador Reza Pahlevi firmó un acuerdo con los soviéticos para explotar las dos terceras partes de la producción de caviar, pues las leyes musulmanas prohíben el consumo de peces sin escamas; los rusos de pronto tuvieron mucho caviar pero poco trigo y a los hermanos Petrossian se les ocurrió presentarlo en la Exposición Gastronómica del Grand Palais de París, donde ofrecieron pruebas del caviar en sus diversas calidades, no hubo aceptación total, pero el esnobismo de consumir un producto tan caro, abrió las puertas del mercado occidental a un manjar, no un alimento, cuyo efecto se ha mantenido hasta nuestros tiempos a casi cien años. La familia Petrossian aún maneja el 63 por ciento de la producción de caviar en el mundo. Zalacaín recordó aquel pasaje de El Quijote de la Mancha, donde Cervantes, por lo visto muy culto en gastronomía relataba en el capítulo LIV el encuentro entre Ricote y Sancho Panza: "-Si tú no me descubres, Sancho -respondió el peregrino-, seguro estoy que en este traje no habrá nadie que me conozca; y apartémonos del camino a aquella alameda que allí parece, donde quieren comer y reposar mis compañeros, y allí comerás con ellos, que son muy apacible gente. Yo tendré lugar de contarte lo que me ha sucedido después que me partí de nuestro lugar, por obedecer el bando de Su Majestad, que con tanto rigor a los desdichados de mi nación amenazaba, según oíste. Hízolo así Sancho, y, hablando Ricote a los demás peregrinos, se apartaron a la alameda que se parecía, bien desviados del camino real. Arrojaron los bordones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota, y todos ellos eran mozos y muy gentileshombres, excepto Ricote, que ya era hombre entrado en años. Todos traían alforjas, y todas, según pareció, venían bien proveídas, a lo menos, de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos leguas. Tendiéronse en el suelo, y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos de jamón, que si no se dejaban mascar, no defendían el ser chupados. Pusieron asimismo un manjar negro que dicen que se llama cavial, y es hecho de huevos de pescados, gran despertador de la colambre. No faltaron aceitunas, aunque secas y sin adobo alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco". Y sí, efectivamente, como lo definiera Sancho Panza, el caviar despierta la "colambre", es decir, la sed. jesusmanuelh@mexico.com
 
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