La gran promesa: regresar para ser
2018-10-11
La gran promesa: regresar para ser

 

 

 

 

 

La gran promesa:

regresar para ser

 

 

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

 

La migración implica arrancar de raíz los orígenes para construir una nueva vida, es dejar de ser uno para ser otro. Y sin embargo la tierra en la que germinaron esas raíces, las nutrieron y las fortalecieron, sigue ahí. En la obra cinematográfica del mexicano Jorge Ramírez Suárez se puede percibir esta constante, y por supuesto está presente en La gran promesa (México, 2017) su nueva entrega con la participación de Juan Manuel Bernal, Ilithya Manzanilla y Sofía Espinosa.

 

Sergio (Juan Manuel Bernal) es un fotógrafo mexicano especializado en la guerra. Cuando está cubriendo una guerra en Somalia toma la foto que sería a la postre su gran triunfo, sin embargo en ese momento le importa más la llegada de su bebé, por lo que decide regresar a Los Ángeles. Y será muy tarde, pues la madre de su hija ha muerto en el parto y la ley declara que el exesposo de ella tendrá la patria potestad de la niña. Ante esta situación, Sergio se roba a su hija recién nacida y huye a México, donde una pareja extranjera le ayuda a criarla ocultos de la ley y del mundo. Pero no todo es felicidad, algunos años después Sergio es descubierto y debe abandonar a su pequeña y al país por el propio bien de los dos, no sin antes prometerle regresar por ella. Esa gran promesa tardaría más veinticinco años en cumplirse cuando Sergio en Sarajevo, lugar donde ha radicado ya sin esperanza, recibe noticias de su hija. Las promesas que valen la pena se cumplen, no importa cuánto tarden en cumplirse.

 

Jorge Ramírez Suárez es un migrante, la mayor parte de su vida la ha hecho en Alemania y sin embargo no deja de ser mexicano. Sus raíces aún añoran la tierra que lo germinó, y ahí, desde la lejanía y la añoranza, mira al México contemporáneo con una óptica algo diferente a mirarla desde adentro. Le duele nuestro dolor, que es suyo también, pero desde la lejanía y en medio de otras culturas, intenta rescatar en su cine lo bueno de nosotros, esa la capacidad de ser con el otro, esa capacidad que se torna en familia, en amistad, en hospitalidad; en pocas palabras, en amor. Esa es nuestra esperanza y Ramírez Suárez nos la expone una y otra vez, como lo hizo en su celebrada Guten Tag, Ramón (México/Alemania 2013). El migrante mexicano construye una nueva vida en otro país, pero el amor y la nostalgia le regresarán irremediablemente a su tierra.

 

La migración forzada es aún más dolorosa. Huir por motivos políticos o legales significa arrancarse, sin planearlo ni desearlo, de la realidad que le es propia en busca de seguridad. Ser un fugitivo es ser un migrante sin identidad y sin pasado; y Sergio eso es. Después de haber vagado por Europa y el norte de África, ha establecido un pequeño negocio de fotografía en Sarajevo, donde vive una vida gris, ya cansado de huir. Ramírez Suárez propone este estado del ser como la una verdadera pérdida de sentido, tal vez una de las acciones más crueles de un sistema que crea un sujeto sin un “sí mismo”; un “sin identidad”, un “sin pasado”… un “sin ser”.

 

 

Realizada en cuatro países, esta cinta incluye la actuación de Sam Trammell, conocido por la serie True Blood (EU, 2008-2014), cuya confrontación histriónica con Bernal en una escena clave muestra el buen nivel actoral de ambos. El diálogo en esta escena reflexiona sobre el significado de la fotografía de guerra y la vocación del creador de imágenes, la misma de un padre. Con esta escena bien armada prepara el clímax en la secuencia siguiente donde rinde un homenaje al fotoperiodismo y al valor transformador de la imagen sin desviarse del tema, sino que, por el contrario, le apuntala. Al mismo nivel se encuentra la música de Rodrigo Flores López, quien creó un score que empatiza perfectamente con la progresión dramática de la cinta creando en el espectador sensaciones conmovedoras que cimbran bien la historia de Ramírez Suárez. Un perfecto maridaje entre interpretación, imagen y música.

 

La gran promesa es una historia de esperanza, de esa que necesitamos los mexicanos a parir de esta realidad poco agradable, y en la que, sin embargo, nos quedamos para ser. México es la tierra donde nuestras raíces han crecido, donde la familia nos hace germinar, donde la amistad nos fortalece, donde el amor nos nutre. La gran promesa es regresar para ser.

 

 
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