Un pequeño favor:   un delicioso Martini
2018-10-04
Un pequeño favor: un delicioso Martini

 

 

 

 

 

 

 

Un pequeño favor:

un delicioso Martini

 

 

 

 

 

Por Noé Ixbalanqué Bautista

 

 

 

El Martini es un coctel relacionado con el buen beber y por ello con un privilegiado nivel de vida. Los ingredientes, la mezcla en un agitador y la presentación de este coctel le han dado una imagen de sofisticación. El director Paul Feig ha creado un Martini cinematográfico con su reciente cinta Un pequeño favor (A Simple Favor, EU, 2018) donde mezcla personajes femeninos diametrales, géneros cinematográficos y estilos de vida en una historia un tanto alejada de convencionalismos.

 

Stephanie (Anna Kendrick) es una mamá y ama de casa promedio en una pequeña ciudad de los Estados Unidos. A ella le fascina participar en todas las actividades de la escuela donde está inscrito su pequeño hijo, además de tener una casa impecable y tener un videoblog donde aconseja a mujeres como ella. Su vida idealizada e inocente tiene un giro cuando se hace amiga de la mamá del mejor amiguito de su hijo: Emily (Blake Lively), una mujer de mundo, alta ejecutiva de una firma de la industria de la moda, de personalidad firme que se prepara diariamente un Martini a la hora del lunch. Un buen día, Emily le pide a Stephanie que cuide a su hijo, un pequeño favor que se convertirá en la frenética búsqueda de Emily días después de su desaparición. ¿Secuestro? ¿Escape? ¿Suicidio? Misteriosa desaparición como lo es la vida de Emily. La amistad de estas dos mujeres de vidas opuestas develará que ni la vida de Stephanie es tan inocente, ni la vida de Emily es tan envidiable.

 

 

Paul Feig se ha especializado en narrar historias con mujeres como protagonistas, y su nueva entrega no podría ser diferente. En Un pequeño favor el director norteamericano retrata con fidelidad dos polos del imaginario de la vida femenina: la perfecta madre/ama de casa en contraste con la perfecta mujer profesionista: la idealización social del mundo privado contra la del mundo público de la mujer. En esta lucha por una verdad en el discurso social de lo femenino, los hombres son la escenografía que plantean los giros narrativos pero que no son la esencia de la narración. En el discurso social de lo femenino el hombre es el contexto solamente, parece decir Feig. Es el ideario femenino que crea su propia cosmovisión y que busca imponerse en alguno de esos dos polos: la verdad del esquema tradicional o la verdad de los nuevos tiempos.

 

En una mezcla como si de un Martini se tratase, el leitmotiv objetual de Feig en esta cinta, los personajes encarnados gracias a un acertado casting, llevaron a las actrices Anna Kendrick y Blake Lively a un sobresaliente tête à tête histriónico en la gran pantalla. El mezclador de este coctel es la casa de Emily, donde la aceituna del Martini es Sean, el marido de Emily (Henry Golding) un escritor y académico sin mayor relevancia, pero que adorna la mezcla. Los otros ingredientes de este Martini cinematográfico son: un thriller bien logrado basado en la novela de Darcey Bell, un toque de sarcasmo para virarla a la comedia casi negra y pequeñísima pizca de melodrama telenovelero al estilo La casa de las Flores. Servido en la tradicional copa, que es la producción comercial hollywoodense. La acertada selección musical de varios éxitos franceses como Ca S’Est Arrangé de Jean-Paul Keller de la década de los 70 otorga ese toque especial al coctel.

 

Al final, Paul Feig reflexiona más allá de este encuentro de paradigmas de lo femenino, pues la bondad y la maldad son también parte de la mujer sin importar su estilo de vida, y lo que todos ven de ellas no es necesariamente la verdad. Al final, sea ama de casa o sea profesionista, sea mujer o sea hombre, somos seres humanos con todos los atributos y defectos, inteligencias y tonterías, bondades y maldades, deseos y apatías… todo ello mezclado en un perfecto coctel, como en un delicioso Martini.

 
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