Cúrcuma para la vida
2018-03-15
Cúrcuma para la vida

 

 

 

Cúrcuma para la vida

 

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

Aquél médico de la familia había estudiado la medicina alópata como primera licenciatura, pero un viaje recién casado le hizo buscar ampliar su profesión y se fue un tiempo a investigar, a contagiarse decía él, de la medicina tradicional de la India. Las tías abuelas contaban del doctor Zayas maravillas en las artes curativas y decían de él “es un hombre sabio, te cura con sólo mirarte”.

A Zalacaín prácticamente no le tocó convivir con él, había muerto hacía muchos años, él habría tenido 4 o 5 años, por lo tanto, no se acordaba mucho del famoso doctor Zayas.

Una de las tías contaba en algunas noches sobre los dichos de Zayas, quien era, por lo escuchado, un gran defensor de la comida como elemento curativo. Había hecho el juramento hipocrático y lo tenía colgado en su consultorio rodeado de libros en alemán, inglés y francés. Ahí se consagraban las premisas de su actuación como médico sanador.

Zayas recomendaba el uso de las especias orientales y mexicanas como agentes curativos de algunas enfermedades estomacales, fueras intestinales o digestivos, heridas incluso picaduras de insectos ponzoñosos o mordeduras de serpientes.

Aquella tía abuela era medio aficionada a la medicina tradicional, leía mucho sobre ella y entre sus curiosidades estaba el haber conseguido algunos textos donde se definía el uso de las especias primero con fines terapéuticos, antes de ser empleadas en la cocina. Años más tarde Zalacaín descubriría alguna referencia en la materia en alguna traducción de “Le Thrésor de Santé”, el libro escrito en 1607, un verdadero compendio de las especias hasta entonces conocidas.

Zalacaín sabía de aquellas tendencias usadas en la antigüedad y puestas en boga en años recientes por una sociedad cansada de las pastillas, las cápsulas, los antibióticos y toda la gama de medicinas llamadas de “patente”. Mucha gente estaba volviendo a los métodos ancestrales, a las pócimas e infusiones de la medicina China o India.

Especialmente al aventurero le había tocado vivir de cerca con un hindú, había nacido en Londres, sus padres eran de Mumbai y habían salido de la ciudad para incursionar en los negocios de las especias; Balabhadra era un poco mayor al aventurero y le había conocido en Madrid, sus íntimos le llamaban simplemente “Balú”, practicaba el hinduismo y sabía preparar alimentos enseñados por su madre de manera muy peculiar.

A Zalacaín siempre le había gustado el “curry”, lo había probado varias veces en restaurantes ingleses y alguna vez en Viena se había sorprendido con un guiso de confección húngara, pero con clarísima influencia de la India.

Balú tenía en su casa un árbol de curry y con las hojas preparaba metódica y, diría Zalacaín, religiosamente, los polvos, ayudado de un mortero de madera e incorporando paulatinamente los polvos de Malayalam Manjal de un intenso color amarillo.

Alguna vez Zalacaín asistió a la ceremonia, en la cocina además de las hojas del curry para hacer el “masala de Madrás” se habían hecho polvo de las raíces de la Malayalam Manjal, muy parecidas al jengibre; luego el aventurero se enteraría del nombre occidentalizado de ese polvo amarillo, oloroso y parecido al azafrán, “cúrcuma longa”, comúnmente llamado cúrcuma y cuya presencia en la mayoría de los guisos era fundamental para conseguir el equilibrio gastronómico y saludable.

Para muchos ha sido concebida la cúrcuma como la mejor especia del mundo, para la medicina ayurvédica, el saber de la longevidad, el mejor ingrediente para corregir las enfermedades frías.

Balú le contó al aventurero sobre la presencia de la cúrcuma a lo largo de unos siete mil años y de cómo los griegos ya la habían clasificado en el tercer grado por su capacidad de generar calor, al lado del clavo y el cardamomo y por debajo de la pimienta.

En la antigüedad recibió varios nombres y se le comparó con el azafrán bajo el título de “Safran des Indes” o Raíz de Azafrán.

Balú le contó a Zalacaín el uso de la cúrcuma en su religión, para él todas las enfermedades gástricas tienen un común origen en la debilidad del flujo digestivo, llamado “agnimandya”, de donde se desprende el “ama”, es decir, lo crudo, lo no cocido, lo verde, lo no digerido previamente y por tanto capaz de provocar reacciones de rechazo del sistema inmunitario; el ama, decía Balú, es el medio donde se cultivan los parásitos, el caldo de la enfermedad. Las especias como la cúrcuma ayudan a generar el equilibrio entre los humores, bilis, flema y aire, simbolizan las fuerzas cósmicas y actúan sobre el hombre, al principio el fuego y el agua, y luego el aire, todo ellos regulan las relaciones entre el agua y el fuego.

Aquellas charlas con Balú terminaban con enormes y profundas reflexiones sobre la vida y con suculentos platillos para conseguir el equilibrio entre lo caliente y frío, lo untuoso y seco y lo pesado y lo ligero; para Balú el tema era lograr el equilibrio a través de la comida y las especias como la cúrcuma llenaban los vacíos. En la actualidad se han descubierto propiedades inigualables en la cúrcuma para combatir el Alzheimer e incluso para desactivar a las células cancerígenas.

La última vez en ver a Balú en Madrid Zalacaín le llevó a un restaurante famoso por sus estrellas Michelin en Londres con sucursal en la capital española; en la calle Zurbano, muy cerca de Génova está Benares, un espacio donde comer la cocina india con toques ibéricos muy bien lograda por Atul Kochhar quien optó por ponerle el nombre de la ciudad sangrada de su país a este sitio ya emblemático.

Zalacaín dejó a Balú escoger el menú, fue una buena muestra de platillos de varias regiones de la India, pero hubo uno en especial donde repetir fue tarea obligada, los “Momos”, una especie de “dim sum” rellenos unos de verduras, otros de camarones o pollo de corral. La pasta de harina de cebada se cuece al vapor y tiene un alto contenido de cúrcuma con lo cual el color amarillo se distingue a lo lejos en el plato. Curiosidades de la vida, le dijo aquella ocasión Zalacaín a Balú, un típico plato de Nepal, del Tibet, con apellido de la India gracias a la cúrcuma… Después de aquella memorable comida el aventurero jamás volvió a tener noticias del gran Balú, sus últimas palabras sellaron su amistad “hasta siempre”.

elrincondezalacain@gmail.com

Video en: https://youtu.be/hdKm7b5ycpQ

 

 

 

 

 

 
Titulo Columnistas
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Los lastres
Jesús Manuel Hernández
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Crónica del fraude en Puebla
Carlos Figueroa Ibarra
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Elección de Estado
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Legitimidad
Jesús Manuel Hernández
El Rincón de Zalacaín
Jesús Manuel Hernández El placer de comer
Jesús Manuel Hernández
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Fraude en Puebla
Carlos Figueroa Ibarra
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista ¿Puebla en el acuerdo?
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista El negro en el arroz
Jesús Manuel Hernández
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Las dos fuerzas que decidirán el futuro de Puebla el próximo domingo
Carlos Figueroa Ibarra
Facebook Los PeriodistasTwitter Los PeriodistsaYoutube Jesus ManuelRss Los Periodistas
Inicio Noticias Columnistas Zalacain Por Soleares Video Columna Contacto  
Logo Los Periodistas
Copyright © 2010
Desarrollado por: Estrategia 360°