La condición humana en Octavio Paz
2018-03-13
La condición humana en Octavio Paz

La condición humana

en Octavio Paz

 
 
 
 
 
 
Por Fidencio Aguilar Víquez
 
 
 
Al retomar mis incursiones en el pensamiento de Octavio Paz, después de beber los tragos amargos de la vida universitaria en mi alma mater, me encuentro en el bosque de la poética del Nobel mexicano, el único hasta ahora. Si bien al inicio pensaba que era la ruta de su ensayística el mejor y más amplio camino para llegar al corazón de su pensamiento, luego de varios años, caigo en la cuenta de que son los poemas, como él mismo lo expresa en diversas de sus obras, lo que nos descubre mejor el significado de la realidad: esto en realidad es aquello. O en otras palabras: el poema nos descubre lo que somos y nos invita a realizar eso que somos, como escribe en El arco y la lira.
 
Es verdad que Paz nunca abandonó su interés por los asuntos públicos, los temas actuales, las circunstancias de México, de Hispanoamérica, del mundo, de nuestro tiempo, así lo muestran claramente sus reflexiones y sus alusiones sobre lo que pasaba en México y en el mundo; sus consideraciones, reflexiones y análisis sobre la realidad política, estética, social y cultural del momento lo llevaron a mirar no sólo el momento presente sino la historia entera de México, de América, Europa y el mundo. Pero ese mismo interés por los temas de nuestro tiempo lo llevaron a buscar el significado y el sentido de ese acaecer, cosa que lo llevó a confeccionar ese lugar de encuentro entre el hombre (él mismo) y la inspiración (acaso el significado), que no es otra cosa que el poema.
 
Es un paraje en el que me encuentro, desde el cual miro con toda nitidez las imágenes antropológicas más relevantes de sus principales poemas, o mejor dicho, es un paisaje que me muestra una síntesis de la condición humana o sus principales rasgos. El corpus perfectamente visible es lo escrito por nuestro autor en sus Obras completas editadas por el Círculo de lectores y el Fondo de Cultura Económica, en especial los tomos 1, 11 y 12.
 
En ese primer tomo, la espesura de su reflexión me presenta, en primer lugar, la comprensión de la condición humana en la realidad moderna, o mejor dicho, en su situación moderna. Para poder navegar sobre ella plantea lo que ha denominado poesía de soledad y poesía de comunión (eso que en El laberinto de la soledad, a su juicio, ha hecho México a lo largo de su historia y, sobre todo, a partir de la revolución mexicana: se descubre solo en el mundo, solo en la modernidad pero, también, en el concierto de los demás países, en el horizonte del mundo mismo y lo que representa).
 
La poesía, en tal contexto no puede ser sino experiencia vital o, mejor, conciencia del desamparo moderno, eso y no otra cosa significa escribir poesía y reflexionar sobre ella: el mundo nos señala nuestra soledad y nos lanza a otra dimensión de la soledad de los demás. La poesía moderna muestra esos rasgos acusados de una soledad rayana en el desamparo pero con algunas tablas de salvación o de asidero que, en el maremagno, puede conducir a la orilla, tal es, a menos en primera instancia, la experiencia del surrealismo: tan dura es la realidad que no nos queda más que sumergirnos en esa dimensión extraña, desconocida y al mismo tiempo provocadora y sugerente. El surrealismo es necesario pero a condición de superarlo. En efecto, una guerra (que es la realidad al extremo) sólo puede sobrevivirse en esa dimensión distorsionada, conmocionada, visualizada como cada quien la vive y la quiera ver.
 
La pregunta sobre sí mismo y sobre su lugar en la poesía hispanoamericana le hace recobrar a nuestro poeta la conciencia de la aportación de Hispanoamérica en relación al binomio poesía-historia, o, si que quiere y se mira mejor: a la relación entre eternidad y tiempo. La vocación de Hispanoamérica es recordar, desde la lengua española, que la condición humana en el horizonte de la modernidad no puede escapar a la ruina y a la nueva construcción de un mundo enteramente otro.
 
En efecto, la modernidad está en ruinas y nos ha colocado en la ruina. Sus grandes ideales de futuro y de progreso han desilusionado a todos al descubrirnos la realidad: deterioro planetario, tráfico de armas, de estupefacientes y de personas para beneficio de las mafias de poder, en medio de una gran corrupción y de terrible impunidad en casi todos los lugares del mundo; si a ello se le suma el fundamentalismo religioso y político, el panorama no podría ser peor.
 
En ese contexto, la poesía [esto en realidad es aquello] abandona la ilusión del progreso y del futuro y se reintroduce en la actualización del tiempo mítico, de la realidad enteramente simbólica. Se trata, en el fondo, de esa cara curiosa de la modernidad: el binomio analogía-ironía. La modernidad, oh, paradoja, nos muestra, sí la grandeza de las obras humanas, pero sobre todo la miseria de la condición humana, y desde luego la necesidad de ir a la otra orilla, de escuchar la otra voz [esto en realidad es aquello].
 
Sigo caminando en el bosque y miro el conjunto de poemas de Libertad bajo palabra. Me encuentro con la noción de vida en “Niña”, en seguida me mueve a mirarlo el poema “Epitafio para un poeta”, sobre todo ese reclamo de verdad: “su mentirosa vida de verdades”. Surge así el yo, en ese otro poema: “Pregunta”. Somos pregunta y no otra cosa, interrogación permanente: ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué es así la realidad? ¿Por qué son así las cosas? ¿No podrían ser de otro modo? Y así de niños, de jóvenes, de maduros y de viejos, así vamos por la vida, por nuestra existencia, mejor dicho, con nuestra existencia a cuestas.
 
¡Qué largo es ese sendero de poemas de Libertad bajo palabra! Pero los árboles son sugerentes. En “Palabras” se dibuja el lenguaje como nuestro constitutivo, o ese otro donde el ser y el no ser nos señalan nuestra situación en “La caída”. O esas reflexiones donde se entrecruza el yo y la inspiración en el poema “Mientras escribo”. Empero, la existencia también se deja ver en la memoria; “Atrás de la memoria…” nos lo recuerda: somos lo que hemos sido, o sea, recuerdo y memoria. Otro arbusto sostiene en una de sus ramas a la libertad, es el poema “Conscriptos USA”. Y sí, somos libertad, pero la nada nos amenaza constantemente, nos lo recuerda “La sombra”. Por ello no nos queda sino, a veces, encerrarnos en el “Cuarto de hotel” para que nuestro yo hable con el otro, con eso otro que somos nosotros mismos, nosotros mismos… habituales desconocidos (para nosotros mismos).
 
Otros temas que el poeta mira y nos presenta son la muerte, en “Elegía interrumpida” (la muerte de un ser querido, o de un amigo, es lo que nos pega en pleno rostro y nos cala hasta el corazón), el pan o el alimento, en “La vida sencilla”, la imagen del hombre, en “Entre la piedra y la flor”, donde nos presenta esa suerte de condición humana en el concierto de la compleja realidad y donde el trabajo da el chispazo de otra cosa distinta el mero ser material o biológico, la vocación (en “La poesía”), el pensamiento (en “El ausente”), la imagen del mundo (en “Hermosura que vuelve”), la intimidad (en “Estrella interior”), o las varias imágenes del ser humano (en “¿Águila o sol?”), y el cierre de esa primera gran compilación, me refiero a “La estación violenta”, donde se encuentra el primer gran poema de Paz: “Piedra de sol”.
 
En este poema –“Piedra de sol”-, la pregunta natural es quién habla en el poema. Claro, es el mismo Paz, somos nosotros los lectores, es la humanidad que ha vivido y visto todas esas experiencias dibujadas ahí. Se puede ver y experimentar el camino: el poema es un camino para la vida (el poema nos descubre lo que somos y nos invita a realizar eso que somos). Como en toda auténtica existencia: hay vacíos y desamparo. Tanto el poeta como el lector viven y padecen esta condición. Y en esa soledad se nos descubren también los otros; la soledad cuando es profunda nos descubre al otro (al yo desconocido) pero también al otro (el tú que espera ser visto y que nos espera con su abrazo). Y en esos tironeos, el Otro también se nos hace visible. Es el otro que nos deletrea, que nos explica y que nos llama por nuestro nombre (desde luego, estoy haciendo una interpretación religiosa que quizá Paz no planteaba en estricto sentido, porque en realidad él se refería al lenguaje como esta urdimbre que ha dado palabra y sentido a las cosas).
 
Todavía falta que le describa otros parajes que son otros grandes o colección de grandes como Salamandra, Solo a dos voces, Ladera este, Hacia el comienzo, Blanco, El mono gramático, Pasado en claro y Árbol adentro, faltan pero iremos con calma recorriéndolos con cierto detalle. Desde aquí los veo, veo sus tópicos: la conciencia del cuerpo, la interioridad, la imagen del fuego, la vida, la sangre. O bien esas imágenes de la luna, el viento y otros elementos que hacen de la vida humana una suerte de energía.
 
Todo esto nos es posible mirar, degustar y alcanzar en la poética de Octavio Paz. En sus imágenes del pan y la mesa podemos poner –o proponer- el tema de la comunión. Y alrededor colocar los elementos vitales: agua, vino, fuego, piedra. En esa reunión de comunión, mediante la palabra y la memoria, podemos iniciar la tertulia, nuestra palabra, nuestra memoria, nuestra visión del mundo, preguntarnos por el tiempo y la realidad, el espacio, la muerte, la finitud, la apariencia, la escritura, el instante.
 
Esas son nuestras búsquedas que perfectamente se hacen presentes en las tertulias, esas agradabilísimas reuniones de amigos que, además de compartir el pan y la sal, el vino y la charla, comparten lo que son y lo que desean ser. Paz, así como otros poetas y otros escritores, nos regalan esa oportunidad y nos suscitan  una forma peculiar de ser conscientes de nuestra condición humana.
 
@Fidens17

 

 
Titulo Columnistas
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Verificando
Jesús Manuel Hernández
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Voto diferenciado y guerra sucia contra Barbosa
Carlos Figueroa Ibarra
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Por qué tundieron a Barbosa
Carlos Figueroa Ibarra
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista La recomposición
Jesús Manuel Hernández
Opinión
José Morales Melo Promotor cultural Los Cuentos Incontables de Ana Joaquina de la Concha
José Morales Melo
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo Guerra sucia y periodismo extorsionador
Carlos Figueroa Ibarra
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Amlo, conciliador
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Lealtades o intereses
Jesús Manuel Hernández
Facebook Los PeriodistasTwitter Los PeriodistsaYoutube Jesus ManuelRss Los Periodistas
Inicio Noticias Columnistas Zalacain Por Soleares Video Columna Contacto  
Logo Los Periodistas
Copyright © 2010
Desarrollado por: Estrategia 360°