Puebla: Un rincón cerca del chemo
2018-02-05
Puebla: Un rincón cerca del chemo

 

 

Puebla:

Un rincón cerca del chemo

 

 

 

 

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

I

En esta puta ciudad todo se incendia y se va

matan a pobres corazones matan

a pobres corazones.

F.Páez

 

 

Halla por la Bene, entre el motel y la escuela católica, en la 10 y la 21, en las tortas preparadas de 7 pesos, una voz engolada que todo lo sabe y todo lo explica sonaba en la radio del changarro, el teórico elucubraba tristemente: 

“Desde el televisor, en vivo y a todo color, se trasmite la tragicomedia de la que nos habló José Agustín, también desde la cátedra es explicada para otros sabios de oficio, el espectáculo de la violencia colectiva  se trivializa desde un iphone.

Mientras no sea yo al que jodan qué más da: “a que lloren en mi casa o la del vecino, mejor en la del vecino”

La muerte es de todos los días.

No vale nada la vida en un tiempo y en un espacio donde en cualquier momento puedes morir por una construcción mal hecha, por una alcantarilla sin tapa, por un cable de luz tirado en la banqueta, por la negligencia médica de un galeno que está más preocupado por los vericuetos sindicales que por su propia preparación. La corrupción se mira en el espejo de la indolencia cotidiana de los de abajo. Los de abajo que ya no son los de abajo, si no los de en medio que no desean perder sus privilegios. 

Lo peor que nos podía pasar ya sucedió. Pueblita, el estado del país con más universidades, es uno de los cuatro con mayor desaparición de mujeres, aquí, en el municipio más pobre de México, donde asaltan 5 veces al mes en el transporte público a mano armada, el Museo Barroco de la Angelópolis, tuvo un valor total de más de mil setecientos millones de pesos, sólo en su construcción. Mientras no nos quiten la dadiva gubernamental, la imagen, la chela y el reggeaton todo está bien. Al fin plomazos y problemas hay en todo el mundo”.

 

II

Yo no entiendo esas cosas

de las clases sociales

yo solo sé que me quieres como te quiero yo

J. A. Jiménez

 

 

En una de las esquinas del barrio, Don Nacho el nevero, era asaltado por Marcos, Lalo y Enrique. El trio de mierdas que igual violaban niñas en el vecindario, que arrancaban cadenitas de oro en la Merced o  pateaban a su padre paralitico después de ir a rezarle a la virgencita.

Les decían “El trio de mierdas” para distinguirlos de los “Miados”, tipos del barrio de junto, de piel amarillenta, más chicos sólo de edad, los que se distinguían de los primeros por su experiencia en el asalto a gaseros y refresqueros al filo de machete. Según que eran nietos del Japonés, tipo bastante oloroso y ya con arrugas prematuras a los 30 que echaba la bomba allá en el Gatica.

Todos sabían que “Los Mierdas”, se dejaban contratar por el político en turno de Casa Puebla para filetear a uno que otro gandalla que le comenzara a hacer sombra en las vecindades del poder. Vaya, hasta el rector del momento también les pedía el “favor” para reventar las protestas de los mariguanos rojos. El Marcos incluso se ponía una playera del Micke Mouse o una del Che según la ocasión y la chamba.

El trio de mierdas, se jodían hasta el fondo la caguama comprada con los centavos que la abuela ganaba vendiendo periódicos en la esquina del mercado. Ya para las 6 de la tarde, el olor a mota, venido de la Marranera, iba de la mano con la tercera llamada de la parroquia alivianando al personal.

A este trio les dio por tener hijos por los cuatro puntos cardinales del barrio. Multiplicarse cual Gremlims por infinidad de vientres, bocas, vecindades, hoteles,  parques. Hacer patria: “Creced y multiplicaos”. Buscaron un rincón cerca del cielo y comenzaron a joder al próximo de otras maneras.

 

III

“…y entre tanto pensamiento, análisis y estructura

decían conocer la neta y hasta también la locura”

R. González

 

Ahora resultaba que los muy cabrones eran más famosos, porque a uno de  esos historiadores, que a su vez vuelve famoso una editorial, una beca y las elites culturales; se le ocurrió entrevistarlos y denominarlos  muy importantes para la historia social e intelectual del rancho electrónico. Iconos del barrio, resultado de las malas políticas neoliberales, víctimas inocentes del sistema corrupto y de sus padres, receptáculos de la gran malicia que arroja al mundo la iglesia y el televisor. Emblemas rupestres de la vida de esta ciudad que todo lo ahoga en concreto y corrupción, terciaba dilapidante otro historiador en la presentación del libro: “Tres historias a fuego lento en el barrio. Lenguajes y subjetividades reprimidas. Puebla 1985”

Un sociólogo, que había asistido a la presentación seguro por las galletitas y el pulque, se esforzaba por dibujar un mapa de orín en el piso mientras decía: “De cuando acá la caguama, los muebles rústicos y los más de cien hijos de Rigo ya caen en gracia. Che dictadura del mercado tan picaflor. Hasta documental les van a hacer a estos cabrones. Pos si, se trata de ser chingón, de hacer ruido, de que la apariencia pueda más que lo que se es, de no rajarse como decía el Paz. No vale nada la vida, la vida no vale nada, así comienza llorando y así llorando se acaba… ¡A huevo! el sufrimiento como valor religioso a perpetuidad, que se reproduce por medio de la educación escolar y familiar,  y hace eco en las venas de un pueblo tan chorreado como este. ¡A chinga ni el Bourdieu lo hubiera dicho mejor que yo!

 

IV

“Sigue soñando que el PRI ya no anda en zancos”

que prestan en los bancos, que dejas de fumar.”

C. Flores

 

 

 

“La fama de esta otra ciudad no está en sus campanas románticas, ni en sus intelectuales de café,  ni en Kafka, ni en Juan José Arreola, sino en…” decía con plumón el cartel roto que había rescatado del basurero Don Nacho, el viejo soldado que tenía como afición recoger frases, anuncios, calendarios viejos, láminas rotas y posters de viejas nalgonas para tapizar las cuatro paredes de la accesoria donde vivía y preparaba la nieve. “¿Quién chingaos serán esos intelectuales que yo nunca los he visto por aquí? –Se preguntaba el soldado jubilado-.

He visto candidatos, vendedores, gente de portafolio y sombrilla, gitanos, músicos rurales, afiladores, vendedores de vaselina para el cabello,  pero nunca a uno de esos que venga a hablar de tal Juan José Arreola.”  

La ciudad estaba nublada y cruda por los festejos de la semana pasada. El ruquito prendió la radio en el A.M con sus manos temblorosas de elefante limón:

“No salga al centro si no tiene a que ir. La ciudad está siendo saqueada por gente no identificada. Andan por todos lados robando. Ya saquearon dos gasolineras. Escuche en unos momentos una trasmisión especial con respecto a estos hechos lamentables únicos en la Ciudad de Puebla. Nos acompañara el Doctor en sociología Omar Ponchado que nos explicara el porqué de estos fenómenos en la ciudad”

Don Nacho apenas si escuchaba, tenía que subirle todo el volumen. De entre las cajas de cartón apiladas salía “El Cabrito” el gato que adopto cuando corrieron a todos los de la vecindad para construir el super.

Que ciudad tan jodida-dijo-es como la televisión. No hay otra cosa que ver y en que divertirse. Solo chupe, misas y moteles. ¡Ah! que tiempos los míos. Al menos el Bacardi le hacía a uno ver las cosas diferentes. Don Maximino ya parece que iba a permitir que todo esto sucediera. Ese sí que les rompía su madre a todos.  

“El meño”, “el orificio”, “el cacahuate”, “el mañas” y “el tabique”, pasaron corriendo con sus convers de Bosco y pantalla de Aurrera (el día que se encontraron casualmente al Espantapájaros García). Ya para entonces sus propios negocios eran distintos: las drogas sintéticas, las autopartes, el arte sacro, y el ser chulo dejaban más dividendos. Había que mantener a catedrales y capillas de otra manera más empresarial. 

¡Ya estas! ¡yá se armó cabrones! ¿Pa´cual nos vamos ahorita cabrón?  ¡Hay que sacar pa´ los reyes! ¡Ni madres puto! hay que ir por el Buchanans y el frisco pa las aguas locas. Sirve que aprovecho para romperle su madre a la vieja de electrónica de la Bodega por decirme naco. ¡El caso es desmadrar algo!

“Vidrios rotos, pueblos quemados, ahí viene la bola, anaqueles saquedos, caguamas van, caguamas vienen, mujeres y niños ultrajados, ojo por ojo, ¡a paso de cojo cabrones! sacaos el oro del palacio coño, escupitajos, ¡chido carnal bríncate la barda! ¡sácate unas toallas y unos nachos!, Haiga sido como haiga sido, libros en la hoguera, chíngate el cáliz y las bases de los cirios, ¡a sus órdenes mi general! Hay que entrar por los doblones, sácate una de plasma para el fut, de que lloren en mi casa a la suya, ¡quiébrense a este!, ora hijos de la chingada ya llego su general, hay que darle baje a la gasolinera ¡ya de una vez un Wall Mart!

El rumor por todas partes, cortinas abajo, gente corriendo, pistolas, chemo, palos y resistol, chinga porque atrás te vienen chingando, balas, pambazos, agandalle, traite unas viejas y el pulque, eché la hueva todo el día, ches indios patarrajada no saben ni de dios ni del dolor ¡mátalos en caliente! otra vez la bola, llégale carnal, de que lloren en  mi casa a que lloren en la suya…, jodete cabrón,  ¡aquí está la marmaja! Pito Pérez les quitaba a los ricos pa´darle a los pobres”

 

V

 

La Historia de México: un país de pirámides, arte, grandes personajes, odio y rompemadres. Una historia de héroes que no salen en los libros y libros de investigadores que nadie lee ni entiende. México, un territorio que Fray Bartolomé de las Casas nombro como maravilloso, inexpugnable. El gigante de América viendo hoy a los hijos de la Malinche robar, saquear, traficar pero también mendingar, vender a sus hermanos, sacar de la basura para comer, negociar con sangre, órganos, propiedades, terrenos y con su propia historia. El cuerno de la abundancia dividido entre saqueadores de cuello blanco, barras futboleras, periodistas chayos, académicos priistas, azules o amarillos  según convenga, intelectuales esclavos del dogma, ministros que usan el pulpito de curul y políticos que usan el curul de vaca gorda. Un país hermanado con  España pero con playeras del Bayer Munich, con sombrero de campesino exaltando su identidad rural y a la vez disfrazados de Morenazis en el Bajío, esclavos irracionales del ¡qué onda güey! y del audífono.

Ciudadanos tapete que venden a su prójimo por una despensa o un puesto en Banobras, tal pareciera que el adolecente que describía Paz, se ha convertido en un Narciso Perpetuo y  violento que no deja de mirarse, ahora, en el espejo del yo y sus puros cuates. La idea de comunidad, si alguna vez la hubo está rota. Fragmentada dicen los eruditos.  

Es este mismo país queridos radioescuchas, el que trató de explicar intelectual y artísticamente Samuel Ramos, Alan Knight, Bartra, Leduc, Rulfo, Siqueiros, Fuentes, Sabines y porque no decirlo, mordazmente Sheridan. El mismo que abriga a la ciudad milenaria de Cholula, la música de El Negro Ojeda y las quesadillas con quesillo. Aquí, donde antes los esquites se servían en hoja de tamal y ahora muy sofisticados, sin importar que madree la tierra, se sirven en vasito de unicel aderezados con mayonesa gringa. 

Las fotos de enero circulan por todas partes. Se mimetiza el chacoteo picoso con la indiferencia, con la normalización de la precariedad, el despojo, la rapiña y el agandalle. El rumor es el pan de todos los días y la manera elocuente en que trivializamos el temor colectivo. Mal de muchos consuelo de tontos. Las playeras, los memes y los chistes dan cuenta de que la desgracia es el pan de cada día en el país donde es más conocido Maluma que Álvaro Carrillo.

-¡Hijito! Hijito chulo de mi vida ¿Qué hiciste cabrón? 

-No me joda jefa que la patria es primero. Y ya apague ese pinche radio. Sírvame mi huevo con jamón y saque pa´la caguama.

-Te agarras muchas confianzas mijito y después ya ni la aguantas. Solo hay coca de 2 litros y chalupitas de ayer.

-Sabe que, mejor váyase a ver su telenovela y ya no me haga encabronar. Es más, vera que si se porta bien los reyes le traerán unas pantaletitas nuevas y un cd de los ángeles azules original jefa. 

22:30 p.m. “El Cacahuate” se quedó dormido. La Doña ya había empeñado la tele en la tiendita desde hace meses.

Este cabrón ni se acuerda que empeñamos la tele para irnos de excursión a Xochimilco. ¡Carajo! No queda más que oír el jodido radio o ir a sacar la televisión.

 

 

 

 

…porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 

 
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