El arranque. De aquí al 1 de julio
2018-01-28
El arranque. De aquí al 1 de julio

El arranque.

De aquí al 1 de julio

 
 
 
 
 
 
 
Por Fidencio Aguilar Víquez
 
 
 
El 1 de julio de este 2018, si la normalidad democrática prevalece y el programa de resultados electorales funciona adecuadamente, sabremos quién será el próximo presidente de la república, el(la) siguiente gobernador(a) de Puebla (y de otros estados), los presidentes municipales que encabezarán los ayuntamientos, incluido el de Puebla capital.
 
 
Hay zonas perfiladas y zonas de incertidumbre tanto a nivel federal como a nivel estatal que vale la pena puntualizar y destacar. Nada se da en forma mecánica ni automática, pero también, todo tiene su antecedente. Rápidamente, a nivel nacional, si bien los datos perfilan y van definiendo algunos rasgos. Insisto, nada se da en automático. Veamos primero los perfiles harto visibles que nos muestran los datos de encuestas: López Obrador encabeza las preferencias. Si gana la elección, no sería ilógico puesto que por largo tiempo habría encabezado las encuestas, es decir, no habría sido ese resultado una sorpresa. ¿Esto significa que vaya a ganar? No necesariamente. ¿Por qué? Porque las contiendas –que comienzan con tres, o con más contendientes- terminan siendo de dos y aquí suele prevalecer el voto útil del tercero más el voto oculto que, sumados al segundo lugar, pueden hacer triunfar a éste. Y todavía más: mucha gente que está en duda respecto a López Obrador, a lo que representa, y a constatar si verdaderamente es una opción, en realidad se enfrentarán a una incógnita: la del propio aspirante presidencial. Y esa es una incertidumbre. Pero es una incertidumbre que resolverán los electores (afortunadamente).
 
 
 
La otra zona de incertidumbre es precisamente la que suscita esta pregunta: ¿Quién será el que enfrente a López Obrador? ¿Quién será el segundo que entre realmente en competencia electoral, Anaya o Meade? O si se quiere ver con otras palabras: ¿Logrará Meade pasar del tercer lugar al segundo? Son en realidad dos zonas de incertidumbre. La primera: ¿Quién le disputará al puntero la presidencia? La segunda: ¿Meade tiene posibilidad? En ese contexto, sin duda, también se abre la posibilidad de Anaya. De mantener ese segundo lugar, será quien le dispute la presidencia de la república al futuro candidato del MORENA. Todo ello, afortunadamente, lo definirán los electores.
 
 
 
En Puebla la incertidumbre también ronda a los aspirantes a la gubernatura. Si bien el hecho de que algunas encuestas que se han dado a conocer muestran que el MORENA va ligeramente encabezando la intención de voto, esto más bien genera incertidumbre tanto a ese partido como a la coalición que vaya a encabezar la señora Alonso, esposa del exgobernador Moreno Valle. ¿Será ella, en automático, la gobernadora electa? En este momento, nada está escrito, necesitará más de un millón de votos, incluso más del millón 200 mil votos que logró su marido. Y si es verdad que el MORENA va adelante, la incertidumbre se incrementa. Como quiera que sea, la incertidumbre se encuentra tanto en el lado de la señora Alonso como en el del más seguro candidato del MORENA. Ahora bien, realmente, si llegara a ganar Barbosa, ¿habría una ruptura con el morenovallismo? ¿O por qué flota en el aire del espacio público la imagen de que no hay una ruptura real y de que no es sino una especie de montaje para que no se vea la mano del exgobernador?
 
 
 
Y del PRI, tal como se ven las circunstancias, se encuentra desgajado: no sólo prevalece la sospecha de una plaza entregada (a cambio de ciertas franjas de ayuntamientos), sino la gran sospecha de que sus dirigentes locales negocian prebendas con el grupo del exgobernador encarnado en ese plan transexenal que, al decir de varios analistas, va viento en popa.
 
 
 
De esa suerte se pueden apreciar las principales zonas de incertidumbre que estarán presentes en el proceso electoral local. Eso no significa que no sea posible la continuidad del proyecto morenovallista, pero que, a diferencia del poderoso grupo homogéneo que era, muestra esas fisuras que, por el simple hecho de hacerlas visibles, genera una posibilidad de que el derrotero de este grupo sea distinto a lo que pretende.
 
 
Por otro lado, el regreso de Eduardo Rivera muestra que algo está pasando en el espectro del morenovallismo como fuerza hegemónica. Si en el pasado reciente esta fuerza persiguió y atacó al exalcalde capitalino con tal furia y encono, ¿por qué ahora no sólo lo admite sino lo reconoce como parte del partido que necesita ante todo de unidad para triunfar? Hay columnistas que califican esto como un acto de ignominia y componenda (por parte del exmunícipe); en realidad no es así: más bien parece que la correlación de fuerzas se ha modificando. Y si se le persiguió desde el Congreso del estado era precisamente para evitar esto: que se colocara como aspirante a un cargo de elección popular. El hecho, al margen de interpretaciones, es que ahí está, anotado, apuntado y apuntalado para una postulación a un cargo de elección popular.
 
 
 
Si miramos los hechos nos encontramos ante un cambio de situación y de horizontes para el exalcalde: de ser un acusado, perseguido y sancionado, pasa a ser un serio aspirante a una candidatura por su partido y por la coalición que éste encabeza. Eso no es gratis, en buena parte se debe a su trabajo y a la adhesión que en su momento le manifestaron los rectores de algunas universidades, algunos sectores empresariales y académicos: supo establecer interlocución para sumarlos a su causa y a su postura. Varios de esos sectores incluso publicaron desplegados públicos refrendando la honorabilidad de Rivera Pérez. Otro sector al que pudo convencer de lo mismo fue a varios líderes nacionales del PAN, incluyendo al actual precandidato presidencial. Y ello no es cosa menor, precisamente se ve que dada esa interlocución se introdujo en el escenario poblano un eje de esa influencia.
 
 
 
Me explico: si antes sólo estaba, como grupo hegemónico, el morenovallismo, ahora está el eje Anaya-Rivera, o mejor dicho, los ejes, uno de injerencia nacional y otro de injerencia local. Sea mucho o poco, lo que es una realidad es que el grupo hegemónico tuvo que abrir sus espacios. Y eso modifica el escenario e introduce una zona de incertidumbre. Como en el escenario nacional, esa incertidumbre será disipada por los electores. No podía ser de otra forma.
 
@Fidens17

 

 
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