Imágenes
2017-07-28
Imágenes

Imágenes

 

 

 

Por Fidencio Aguilar Víquez

 

 

 

 

Abro la computadora y no puedo escribir. Poco antes de hacerlo estaba seguro de la idea que iba a anotar, a desarrollar, a exponer, a detallar. Y de repente, ante la pantalla en blanco, sigue el desvanecimiento de la idea, de la imagen. Trato de recordar. Estoy leyendo un libro de Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus, casi lo termino, unas noventa páginas de las más de 900. Una historia que ya venía conociendo desde La sombra del viento, de unos libreros y unos escritores, en medio de loa aciagos años primero de la guerra civil española y luego de la dictadura franquista, todo ello en la bella y misteriosa Barcelona. Una historia que comencé a conocer cuando iba yo con mi familia a dar mis clases al Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos, en algún momento, mientras veíamos libros, una señora al ver que mi vista se detenía en las novedades, me sugirió: Lea ese (La sombra del viento) y no se va a arrepentir. Y en verdad, lo leí y no me arrepentí, una historia que, ahora con esta nueva (la del Laberinto de los espíritus) se cierra, cuando menos en sus ejes centrales o en la vida de los personajes centrales. Ya llego al final, cuando menos al final de la historia de esas historias vinculadas, porque toda historia es también un nudo donde convergen, donde culminan y donde también comienzan otras historias.
 
 
Ya después de un largo párrafo el lector sin duda piensa en pasar a otro tema. Y yo también. Porque al mismo tiempo que busco terminar la mencionada novela, leo otra que tiene más carácter de reportaje: se trata de otro autor contemporáneo famoso, un japonés llamado Haruki Murakami, y el libro se llama Underground, sobre un atentado en marzo de 1995 en el metro de Tokio por un grupo radical que mató a varias personas y dejó cientos de heridos y con ulteriores secuelas. Es la historia del atentado de la secta Aum con gas sarín en esa mañana en que muchos pasajeros del metro, en algunos vagones, vieron esas extrañas bolsas de plástico con un contenido similar al agua o al aceite, que es la forma física del mencionado gas. El libro es el testimonio de los afectados y de algunos de sus familiares. Son varias historias, una de ellas, la última que leí es de una mujer que acababa de tener a su bebé, una niña, y a quien en ese atentado el destino le arrebató a su marido. La vida le cambió de un momento a otro, radicalmente, en todo, y a pesar de ello, tanto la familia –suya y de su marido- como su pequeña hija, le hicieron revalorar y reconsiderar lo que a partir de ahí iba a realizar.
 
En medio de la revisión de entrevistas, textos, artículos, libros y más artículos, leer también El fuego de cada día de Octavio Paz es una delicia. Es una colección de poemas del Nobel mexicano desde sus años iniciales hasta los últimos. Mi inclinación natural es ir a los poemas más clásicos, primero a “Piedra de sol”, veo casi de inmediato el chopo de cristal. Pero también “Pasado en claro” y “Árbol adentro”, son de los últimos cuando ya Paz era mayor y, aun así, logró una renovación como poeta. No, me grito a mí mismo, mejor los orientales: “Blanco” y “El mono gramático”. Pienso en el cimiento y en la simiente, en el inicio, en la palabra. Pero curiosamente mis manos abren el libro y aparece el pequeño poema: “Niña”, y en su lectura, en todos los actos del poeta, la niña, el motivo de su escritura, de su palabra, hace que todo cobre un nuevo cariz, un nuevo tono, un nuevo motivo para mirar las cosas de otra manera; ya se mire el cielo, ya se mire el día, cualquier cosa, el motivo, dice el poeta, eres tú, niña. Es la musa entrevista en cada verso y en el conjunto de palabras que componen ese breve poema.
 
Y de nuevo dejados al azar mis manos abren el inicio, el “Soneto” con que inicia toda la colección de este libro: ya no es una niña pero sigue siendo una musa, una mujer que, a la vista y a la percepción, es la que anima al poeta a emitir su admiración, su adoración, su percepción. Se me queda en la mente ese movimiento que detiene el instante (¿o será al revés: que el instante detiene al movimiento?). Y el poeta culmina y termina contemplando ese movimiento, ese gesto, ese signo de su amada, la que ha “desatado su cuerpo” y él, al verlo, queda absorto, embelesado, encantado y no es capaz ya de articular más que el poema. Se aprecia aquí –y caigo en la cuenta de ello en este momento de escribir estas líneas- que el amor a suscitado al poema. Aunque quizá en el fondo haya sido el poema el primero, el que haya suscitado el amor. El poeta oscila entre una cosa y otra y, como siempre, es el lector el que termina escogiendo una cosa o la otra.
 
A veces es a través de estas oscilaciones –como un río cuya corriente busca su propio cauce- como vamos encontrando trozos de nosotros mismos, partes de ese yo que, día a día, vamos si no construyendo sí descubriendo, porque cada pedazo de lectura es un espejo que nos refleja: no es nuestro yo, o al menos no es el verdadero, pero sí su imagen. Si no fuera por esas imágenes no podríamos conocernos, cuando menos algo de lo que somos.
 
 
No sé si el tiempo nos busca
 
anillo de luz
 
no sé si las naves azules
 
ven olas de luz en el camino
 
del templo. No sé si las
 
Más del autor Historia y literatura. La imagen del ser humano Los lenguajes y los hechos Escribir también es acción
miradas de las olas
 
renacen en las hojas, en las
 
yedras,
 
en las arenas.
 
Las encrucijadas del viento, las
 
ferias de la mañana
 
encienden, noche adentro,
 
las zarzamoras del fuego.
 
Mundo: ejercicio de los
 
equilibrios leves
 
cae y no cae en el atardecer
 
encendido,
 
no sé si nos ve en las yedras
 
del templo.
 
¿Nos mira, nos mira, nos mira
 
Sinnombre?
 
Sé que el silencio estalla
 
en las fresas vivas
 
de la tarde.
 
Descanse en paz este filósofo-poeta mientras nosotros seguimos caminando en el río de la existencia].
 
Titulo Columnistas
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista #UberPuebla: opacidad
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Los privilegios del poder
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Violencia machista
Jesús Manuel Hernández
El Rincón de Zalacaín
Jesús Manuel Hernández ¿Exprés o "shot"?
Jesús Manuel Hernández
Opinión
Carlos Figueroa Ibarra doctor en Sociología Sociólogo El Che Guevara y Morena
Carlos Figueroa Ibarra
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Meade y RMV, ¿el plan?
Jesús Manuel Hernández
Por Soleares
Jesús Manuel Hernández Periodista Las pruebas del amasiato
Jesús Manuel Hernández
Reflexiones
Fidencio Aguilar Víquez Doctor en Filosofía La muerte de Mara Fernanda no queda sin sentido
Fidencio Aguilar Víquez
Sin Límites
Raúl Torres Salmerón Abogado Puebla, con gran rezago social: Godina
Raúl Torres Salmerón
Facebook Los PeriodistasTwitter Los PeriodistsaYoutube Jesus ManuelRss Los Periodistas
Inicio Noticias Columnistas Zalacain Por Soleares Video Columna Contacto  
Logo Los Periodistas
Copyright © 2010
Desarrollado por: Estrategia 360°