El café indultado
2017-07-13
El café indultado

 

 

 

 

 

 

El café indultado

 

 

 

“La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma,

no deja dormir”.

A. Dumas

 

 

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

 

Madrid, España.- A las cientos o miles de leyendas del café acaba de aparecer una nueva, el consumo de unas tres tazas al día mantiene al corazón sano y previene la muerte prematura. Se acaba otra leyenda negra, pensó el aventurero Zalacaín, sobre el intenso y oloroso líquido producto de la presión ejercida por el agua sobre los granos tostados y recién molidos, como dicta el protocolo de un buen bebedor.

Por muchos años los médicos han alejado a los enfermos del consumo del café, le adjudicaban la responsabilidad de las úlceras, los males del riñón, el insomnio, la irritabilidad en el carácter e incluso agentes cancerígenos.

Puede, se dijo a sí mismo Zalacaín, haya algo de cierto en algunos casos, si se considera beber café al acto de dar tragos a una taza llena de un líquido oscuro, humeante, muy aguado, transportado en una jarra de acero inoxidable y recién retirada de una especie de estufa eléctrica donde ha reposado por horas luego de ser llenada por el llamado “café de percolador”, o sea un vulgar café al estilo americano. Sin duda, ese líquido dañino debía ser.

De la época cuando el etíope Kaldi descubrió la reacción de sus cabras luego de comer unas bayas rojas de un arbusto a cuando el monje musulmán al probarlos y le parecieron malos de sabor y al arrojarlos sobre las brasas del fuego hasta reventar con lo cual aparecieron recién tostados los granos del café, pasaron pocos días; siglos después el acto de beber café se ha convertido en un protocolo rodeado de tradiciones, costumbres y ritos, según cada cultura, los orientales y musulmanes le tienen en alta estima debido a la prohibición de beber alcohol, beber una taza de café con un miembro de una tribu árabe es todo un acto de seriedad y respeto donde se manifiesta la amistad.

Los europeos se integraron tarde al consumo, pero le dieron la espectacularidad de ser el anfitrión más importante de las reuniones de intelectuales, escritores, políticos, pensadores, conspiradores, revolucionarios, artistas, poetas, enamorados, pintores, actores y actrices; miembros de la realeza lo tomaron en tazas de oro y porcelanas, campesinos, labradores, arrieros, bandoleros, barrenderos, policías y cuanta profesión se haya inventado, lo beben en cualquier recipiente, desde el barro al vidrio pasando por el peltre.

Nadie, a juicio de Zalacaín, ha descrito mejor al café, como lo hizo el sacerdote francés, político, diplomático y estadista Charles Maurice Talleyrand-Perigord "Tiene que ser negro como el diablo, caliente como el infierno, dulce como el amor y puro como un ángel". Talleyrand pasó una buena parte de su vida bebiendo café, los últimos años lo hizo en la mesa de su antiguo rival Joseph Fouché, Duque de Otranto, Ministro de Policía de Francia y Jefe de Seguridad del Imperio, con quien fue acusado de alta traición por Napoleón.

La leyenda negra de los males del café ha recibido un buen embate estos días cuando la Organización Mundial de la Salud, publicó el estudio hecho a 520 mil personas por 16 años en diez países del Continente Europeo. Los casos donde se ingirió una taza de café redujeron en un 3 por ciento la mortalidad de los hombres y el 1 por ciento de las mujeres; en ambos los males cardiovasculares y del sistema digestivo se redujeron.

La OMS había publicado en 1991 un estudio efectuado por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, y clasificó al café como posible agente carcinógeno para los humanos, una responsabilidad eliminada hace unos meses cuando se comprobó la reducción de riesgos de cáncer en el hígado y en el endometrio uterino.

Diariamente se consumen alrededor de 1,400 millones de tazas de café en el mundo, principalmente de la variedad Arábica, un 65 por ciento y el resto de la variedad conocida como Robusta.

Respecto a los países donde más y menos café se consume, Zalacaín había leído recientemente un informe sobre el asunto, los nórdicos son quienes más beben café,

Finlandia tiene el primer lugar con unos 12 kilos por persona al año; Noruega con 9.9 kilos, Islandia 9, Dinamarca 8.7, Países bajos 8.4, Suecia 8.2, Suiza 7.9, Italia 5.8, Grecia 5.4, Francia 5.1, Brasil sólo 5.05, pese a ser uno de los países productores más importante, Costa Rica 5.04, España 4.5, Portugal 4.3, Estados Unidos 4.18, Japón 3.38 kilos por persona al año, Guatemala 1.43, México no llega al kilo por persona, sólo 840 gramos al año, e Indonesia 540 gramos, en los últimos lugares.

Enemigos y amigos, amantes y seguidores del café han existido por siglos, Zalacaín había leído sobre un manifiesto firmado por un grupo de mujeres en 1674, no recordaba si había sido en Alemania, pero seguro en algún país europeo, decía así: “El café conduce a los hombres a desperdiciar su tiempo, quemar sus costillas, y gastar su dinero, todo por una pequeña vasija; es negro, espeso, sucio, el agua amarga y es un maloliente charco nauseabundo”.

En cambio el poeta inglés Alexander Pope en 1744 escribió: “Café, lo que hace que los políticos sean sabios, y que puedan ver a través de todas las cosas con sus ojos medio cerrados”.

Johann Sebastian Bach fue más a fondo, llevó el tema del café a una cantata y escribió un aria en 1750:

“¡Oh, cómo me gusta el café azucarado!

Es más agradable que mil besos,

más dulce que el vino moscatel.

Café, café, te necesito,

y si alguien quiere confortarme

¡oh, que me sirva café!”.

El filósofo alemán Immanuel Kant relacionó al café con la amistad y escribió en 1804: “La amistad es como el café, una vez frío nunca vuelve a su sabor original, aún si es recalentado”.

Zalacaín siguió tomando el café de esa mañana y dedicó un pensamiento al novelista del realismo, Honoré de Balzac, quien a mediados del siglo XIX dejó impresa una idea: “Tan pronto como el café llega a su estómago, sobreviene una conmoción general. Las ideas empiezan a moverse, las sonrisas emergen y el papel se llena. El café es su aliado y escribir deja de ser una lucha”.

Y otra alusión más sobre la mujer, no podía faltar en la mente de Zalacaín: En 1870 Alejandro Dumas, el viejo, escribió: “La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir”.

En fin, el café, ha sido indultado.

elrincondezalacain@gmail.com

Video en: https://youtu.be/HATRLzFokbA

 

 

 
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