El romántico Zorrilla y la Morcilla de Burgos
2017-03-02
El romántico Zorrilla y la Morcilla de Burgos

 

 

 

 

 

El romántico Zorrilla

y la Morcilla de Burgos

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

Madrid, España.- Extrañamente el Teatro Español no programó ninguna representación de las obras escritas por José Zorrilla y Moral, pese a cumplirse los 200 años del nacimiento del ilustre dramaturgo y poeta español nacido en Valladolid el 21 de febrero de 1817; personaje sujeto a los análisis y las críticas del siglo XX por su fama y abierta tendencia a la misoginia y el machismo, asunto, según sus estudiosos, extralimitado, pues sus poemas deben ser analizados en tiempo y circunstancia, en el siglo XIX, cuando fue uno de los mejores seguidores del romanticismo.

El aventurero había leído, hacía décadas algún estudio sobre esa tendencia del romanticismo como una reacción del sentimiento contrario al teatro burgués de su época.

“Don Juan Tenorio” es la obra más conocida, relacionada a la temporada de Fieles Difuntos, por esa muestra de don Juan a no temerle a los muertos.

La primera parte de la obra permite a Zorrilla mostrar a don Juan como el más canalla, encubierto en una máscara, pues la escena sucede en los tiempos del carnaval y se burla de doña Inés, asunto ampliamente criticado por los defensores de la igualdad de géneros.

Ciertamente a Zorrilla se le tiene en un nicho del machismo, pero a su vez, en el desarrollo de la obra igual exalta, rechaza y perdona incluso, la actitud machista, pues en el fondo, dicen los expertos, el romántico del siglo XIX refleja el pensamiento de 1824 cuando la obra la escribe el nacido en Valladolid, apenas tenía 26 años.

Zalacaín recordaba una de las respuestas de Doña Inés:

“Tal vez Satán puso en vos:

su vista fascinadora,

su palabra seductora,

y el amor que negó a Dios”.

En eso pensaba mientras caminaba rumbo a El Lacón, ese mesón tan visitado por los dramaturgos, actores, escritores, periodistas y turistas en el Barrio de las Letras, a un costado del Teatro Español, cuya fecha de nacimiento está a principios del siglo pasado y conserva hoy aún el diseño del arquitecto Manuel Jaén, quien pretendió darle un toque donde se resaltan las características de los mesones castellanos; Jaen era dibujante de la revista literaria “La Codorniz” y con la colaboración de Chumi Chumez se hizo la pintura con un personaje cuyo rostro es una mezcla donde se recuerda al propio Zorrilla o a Diego Velázquez. Eso más la escultura de El Abuelo, son características artísticas del sitio enclavado en el número 8 de la calle Manuel Fernández y González.
Pero hay otras características privilegiadas por el aventurero Zalacaín, evidentemente están en relación con la gastronomía. El sitio tiene una barra sensacional y en el frente unos pizarrones donde se anuncian los vinos del día, por copa, y tres o cuatro tapas a elegir. Por cada copa de vino, el camarero ofrece una de las tapas, a veces ropa vieja, otras, garbanzos, algunas más pincho de tortilla, callos a la madrileña, lentejas, algún revuelto, etcétera. La variedad va cambiando por temporada, en época de calor el gazpacho es infaltable.

Al aventurero le gustaba llegar los sábados al medio día o bien ya para rematar la tarde cuando no había compromiso para cenar.

Una variedad de “tablas” con verduras o carnes a la parrilla, platos de cocina castellana, tomates Raf rebanados y adornados con cebolla, aceite de oliva y trozos de Bonito, eran de sus preferidos.

Pero, ante todo, en este sitio se podía consumir la famosa Morcilla de Sotopalacios, la mejor de Burgos, de arroz, bien rebanada, gruesa, bien frita y apenas adornada con algunas papas finamente cortadas. Con eso bastaba para completar el sabor de una Arzuaga crianza, a muy buen precio, 3.75 euros la copa.

Zorrilla había sido descrito recientemente en un artículo periodístico como un hombre enamorado de los libros, pobre, aficionado al arte, a la bohemia, a la magia, la fantasía y por si fuera poco era esotérico y enamorado.

Hacía varias décadas en un cabaret de Frankfurt, en la Mosselstrasse, al aventurero le había tocado en suerte descubrir un espectáculo donde participaba como personaje estelar un español bajo el pseudónimo de “Leila”, el local estaba repleto de alemanes hombres y mujeres quienes reconocían el talento de la imitación. Fue ahí donde escuchó la relación del nombre adoptado por el español para homenajear a la amante de José Zorrilla, quien en 1852 tuvo una fuerte relación en alguna ciudad francesa antes de viajar a Londres. Ella en verdad se llamó Emilia Serrano y quien sobrevivió al poeta por más de tres décadas y se dedicó también a escribir bajo el sobrenombre de Baronesa de Wilson; Zorrilla la conoció a los 34 años, mientras ella apenas era una adolescente de 14.

Después partiría a Londres y de ahí se vería involucrado primero en el gobierno liberal mexicano en 1854, pero al asumir el frustrado imperio Maximiliano de Habsburgo es nombrado en 1864 director del Teatro Nacional, ya para entonces había sido publicado 22 años ante su famoso Don Juan Tenorio.

La media ración de morcilla de Sotopalacios había sido puesta frente a él mientras los camareros despachaban las órdenes de los más de 30 visitantes a esa hora de El Lacón. Ahí recordó el aventurero aquella versión hoy casi olvidada publicada por el diario ABC unas dos semanas antes de morir el dramaturgo; el propio Zorrilla había accedido a responder de forma manuscrita algunas preguntas formuladas por Alfonso Pérez Nieva, colaborador de la sección “Blanco y Negro” del diario madrileño, donde, según los estudiosos, destacaba la misoginia de Zorrilla, bajo el título de “declaraciones íntimas”. Y Zalacaín recordó algunas de las respuestas:

 

-Rasgo principal de mi carácter: “Haber llegado a viejo sin dejar de ser muchacho”.

-Cualidad que prefiero en el hombre: “Su firmeza para sufrir el dolor físico y para perdonar a sus enemigos”.

-Cualidad que prefiero en la mujer: “La de que no sea mía y no pueda serlo jamás”.

-Mi principal defecto: “El de no saber hacer más que versos”.

-Mi sueño dorado: “Borrar mi sombra, mi historia y las nueve décimas partes de mis escritos”.

-Lo que constituiría mi desgracia: “Vivir veinte años más”.

-Lo que quisiera ser: “Tonto y rico y no como soy tonto y paupérrimo”.

-Color que prefiero: “El blanco porque no tiene ninguno y los sufre todos”.

-Mis prosistas favoritos: “Quevedo y Manzoni”.

-Mis poetas favoritos: “Ninguno. De todos me encantan y me disgustan obras”.

-Mis pintores favoritos: “Tiziano, Alberto Durero y Goya”.

-Mis compositores favoritos: “Escucho la música de todos los maestros y no la juzgo a qué amargarse los placeres puros”.

-Mis políticos favoritos: “Maquiavelo y Felipe II”.

-Héroes novelescos que más admiro: “Gargantúa y Bertoldo”.

-Héroes que más admiro en la vida real: “Los mártires de los primeros tiempos del Cristianismo”.

-Manjares y bebidas que prefiero: “Las ostras de Ostende y del lago Tissaro, los solomillos de ternera y corzo, el queso de brugos, el vino Chianti y el café”.

-Nombres que más me gustan: “Jesús, María y Juan en todas las lenguas que conozco”.

-Lo que más detesto: “Las mujeres literatas, desde Safo hasta...”.

-Faltas que me inspiran más indulgencia: “Las que se llaman caídas en la mujer, porque cometiéndose entre dos, se las achacan a ella sola”.

 

La cabeza de un artículo dedicado al dramaturgo asomaba de las páginas del diario leído por el vecino de la barra, decía: “Bohemio, sacacuartos, castigador... Zorrilla, 200 años de un romántico de capa caída”.

elrincondezalacain@gmail.com

Video en: https://youtu.be/XqXXh_lmnOs

 

 

 

 
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