La Villana y Club 31
2017-02-02
La Villana y Club 31

 

 

 

 

La Villana y Club 31

 

 

 

Por Jesús Manuel Hernández

 

 

Madrid, España.- Noventa años después de haberse presentado en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y ante el escaso éxito y la confusión lograda por saber si trataba de una ópera o una zarzuela, “La Villana” volvió a la escena hace unos días en el mismo sitio donde fue estrenada, y el aventurero Zalacaín no podía dejar pasar la oportunidad de ver puesto en escena el libreto de Guillermo Fernández-Shaw Iturralde y Federico Romero Sarachaga, ambos autores de varios textos del llamado género menor, como “Doña Francisquita”, “María Manuela”, “La Cibeles” y “La Lola se va a los puertos”.

“La Villana” estaba basada en un texto de Lope de Vega titulado “Peribáñez y el Comendador de Ocaña” y su puesta en escena no pudo competir con el éxito de Doña Francisquita. La nueva dirección del Teatro de la Zarzuela de Madrid se jugó, como decimos en México, el pellejo al poner en valor esta historia.

La zarzuela describe la boda de dos enamorados de Ocaña, Casilda una labriega y Peribáñez, el guapo hacendado deseado por todas las mujeres quienes ven en Casilda la competidora más poderosa y dicen de ella:

“Si ella es, como dicen,

bella por demás,

¡cuánta pesadumbre

su marido habrá

por si se la quieren

enamoricar!”

Luego de ver consumado su deseo se topan con la intervención del recién llegado Comendador, don Fadrique, quien queda prendado de la belleza de Casilda e intenta conquistarla con regalos en complicidad con un comerciante de joyas de origen judío, de nombre David, al no conseguir los favores de la recién casada, decide nombrar a Peribáñez capitán con lo cual debe alejarse de Ocaña y entonces empieza el acoso intelectual y físico sobre Casilda, quien siempre rechaza las pretensiones. Un buen día Peribáñez regresa al pueblo y al ser testigo de todo y ante la valentía de su mujer, decide matar al comendador. El rey Enrique III de Castilla es interrumpido por la pareja a su paso, para pedir perdón y el rey al conocer la verdadera historia los deja en libertad.

El aventurero Zalacaín había comprado las entradas para el viernes 10 de febrero y no para el sábado como sus amigos deseaban. Había una esencialísima razón y por supuesto tenía raíz en los temas gastronómicos.

Apenas hace menos de un año había vuelto a abrirse un local, de los más emblemáticos de Madrid, cerrado en 2012 por cuestiones económicas y seguramente olvidado por los gastrónomos jóvenes.

En el número 58 de la Calle de Alcalá, a unos pasos de la famosa “puerta”, se ubicó desde 1959 el restaurante “Club 31” cuyas mesas fueron el escenario de la toma de decisiones más importantes del país en tiempos del franquismo y la transición de la monarquía. Famosas sus Mollejitas de Cordero fritas con verduras crujientes, las supremas de rape asado, y los Callos a la Madrileña adornados con unas suculentas papas soufflé, pero para el aventurero era inolvidable la ensalada de trufa negra en temporada ¡vaya delicia!

La fama de Club 31 no fue gratuita, estuvo considerado como uno de los mejores diez establecimientos; su fundador fue don Clodoaldo Cortés, un visionario iniciado en el arte de la buena mesa como camarero en el Ritz de Madrid y en el Alfonso XIII de Sevilla, de donde fue fichado para poner en marcha el “Jockey” en 1949, ese restaurante marcó una época en la cocina española. Cortés se independizó y fundó Club 31. Al aventurero le hubiera gustado conocerle, fue uno de los más grandes del siglo pasado, o quizá el más grande, pero una enfermedad penosa y larga acabó con su vida en 1981 dejando una herencia irrepetible dentro del llamado estilo clásico de la alta cocina europea.

A su muerte llegó al custodio de la cocina Félix Altolaguirre ayudado en los fogones de Ángel Paracuellos y todos estuvieron bajo la dirección de María José Cortés, la hija del fundador.

Pero Club 31 dejó de estar de moda, la nueva cocina española, la fuerte competencia en precios lo dejó fuera y cerró con la tristeza de muchos, como el aventurero Zalacaín.

Hace menos de un año Club 31 se remodeló en su concepción, tomó lo mejor del pasado y lo ha mezclado con las aportaciones modernas para dar cabida a los deseos de los nuevos clientes.

Y curiosamente Club 31 se ha puesto en Jovellanos número 5, exactamente frente al Teatro de la Zarzuela.

Zalacaín llamó para reservar, y sólo tenían sitio el viernes a segunda hora, por tanto, La Villana sería el preámbulo ideal.

La carta ha variado, pero se mantienen los platos emblemáticos, como los callos, el steak tartar, los huevos de la casa, el consomé gelée y la ensalada templada de cigalitas; por suerte también el precio del menú promedio también se ha visto reducido, a menos de la mitad de los anteriores.

Dentro de las nuevas propuestas le habían sugerido a Zalacaín probar los raviolis rellenos de faisán y boletus al armagnac, dos de sus mezclas favoritas. El aventurero llamó por teléfono y al otro lado le respondió Pilar Peña, ni más ni menos la nueva empresaria del sitio quien además ofertó otras sorpresas, Club 31 cuenta también con barra de bar para tomar café o los modernos ginebras y demás licores, todo para hacer de la digestión “un final feliz”, como diría el maestro.

 

elrincondezalacain@gmail.com

Video en: https://youtu.be/8I2YdjB_ybE

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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