Nostalgia II
2015-12-16
Nostalgia II

 

 

 

NOSTALGIA

II

 

Entender la ciudad

 

Y no es que te espíe detrás de la cortina del baño, probablemente tu ya no estás.

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

 

 

Ellos nos miran desde el portal, vigilándonos, pensando qué será mejor para nosotros; nosotros, a su vez, jugando maquinitas, intercambiando casetes de cromo de Lolly Pop.

Mucho más tarde si alcanza, ir a dar una vuelta por Cuches. Se trata de esparcirse, de agarrar la onda antes de que sean las 9:00 de la noche. Antes de que ellos lleguen de trabajar vamos a meternos al cuarto, pongamos una de Mecano y bebamos  bacacho con coquita y dos hielitos o ya de a perdis el Oso Negro que quedo de la ofrenda.

Esa pinche manía que tienes cabrón de poner las mismas de José José después de las de The Cure cuando estas briago.

¡Tú y tu pinche almohada a las 5:50 de la madrugada!  Canta mejor Billy Joel. Se me hace que eres puñal de cobre. 

Años más tarde supiste de mi prisa en la Marranera, apuntaste bien el fierro y el ardor corrió por las cuatro esquinas del boulevard hasta San José y de retache a la Luz para los Muñequitos. Afortunadamente  sólo paso rozando del otro lado de corazón donde Los Méndez no llegan.

En estos tiempos de teléfonos cada diez esquinas, se trata de mirarse en los ojos de los otros, de darse la mano a través de las palabras y los silencios, de generar un dialogo discordante y dialectico al son de una que otra mentada de madre. No hay pantallas táctiles aún, solo y enteramente el ansia, la prisa, el deseo que nos media, que provoca, que empuja a recorrer calles de madrugada.

En nosotros solo esas ansias heladas de no tener freno, de abrir a navajazos el pecho del otro después del baile sonidero, sonidero, de fresas y de punks, de pipopes y cumbiamberos.

Sentir la ciudad como un cáliz, un café bien cargado en Los Tres Gallos o una cubata en el Nivel.

La campana de la basura nos hace reunirnos de nuevo, hacer comunidad, encontrarse con el otro, formarse uno tras otro en la CONASUPO antes de que llegue el almacén gringo. Después si es domingo en el cuarto de vapor turco, contar las gotitas que hay en el techo como van cayendo, hay tiempo hasta para quedarse dormido en el vapor y morirse tranquilamente.  Hay tiempo para dejarse querer por la madre y su atole gris que todo lo cura, que te hace ver el cielo más azul y el tiempo más largo.

No hay tiempo para detenerse a intentar ser otro. Además ¿quién quiere ser otro en este pequeño pueblo? A lo más que veo que llegan por el ´95 es a poner una compac de Nirvana al calor humeante de unos Alitas sin filtro.

Cuando nos dimos cuenta ya el  siglo era otro. Los tecnócratas lo habían maquillado todo.

 

 

 

 

Us and them

Pero todo se compra. Todo es varo, vara y vacio en las calles. Lo que no tiene etiqueta tiene código. Estamos listos para la modernidad tan anunciada, para ser desempleados autosuficientes, para creernos eso que pregonan los pubertos de que ya somos viejos a los 25 o a los 35.  Listos para santiguarnos con los mitos de excelencia universitaria. Llegaron estos tiempos de híbridos de los que hablaba el Profeta del Nopal.

Atrás queda lo que hoy se llama viejo. Al fin la revolución no sólo nos hace justicia, sino que también nos ha insertado  en “el concierto de las naciones”.

El nuevo rostro del milenio huele a tecnología para todos, comodidad a la puerta de tu casa, globalización, los medios de comunicación se agilizan, educación para todos, hay mercancías especificas para cubrir casi cualquier necesidad, competencia abierta. U2, Rolling Stones y Madona vienen a México y José Alfredo se escucha en Alemania, crecimiento per capita, paz social, acuerdos políticos, entre otros. Todos somos una sola y gran familia mexicana. El sueño mexicano no tiene rival alguno con el sueño americano. Chava Flores era un vil mentiroso entonces.

El requisito de entrada a las bondades del nuevo milenio es creérsela.

 

 

 

El American Wife of Live se empodera no por las armas o la religión sino por la ideologización  sistemática en los medios escolares y de comunicación. Claro, esto no es reciente. Sin embargo nunca como hoy, se sienten y perciben los efectos de este tratamiento discursivo y material de tales estructuras de interiorización de discursos, planes y hábitos en la gente con el objetivo de creerse el sueño americano a la mexicana. La realidad es otra cosa.

¿Ya eres psicólogo, arquitecto, contador y hasta sociólogo? Felicidades, pasa por tu titulo, presume tu posgrado y ponte a trabajar por el bien del país. El cambio está en ti, échale ganitas y veras como progresas.

Pero si no deseas esa versión “fresa” de la vida pues también tenemos otro traje menos rosa a tu medida, una versión light a todas pulgas, más revolucionaria: aviéntate unos choros mareadores exquisitos, continúa criticando al gobierno di que todo está mal y no hay bronca, pero no olvides cobrar con la derecha. Ya está, pasaras inadvertido.

 Eso si déjate la greña poco larga, fuma con pose estilo María Félix y hazte de una colección “chida” de libros y discos donde no falte García Márquez y los Beatles, no dejes de decir que todo está chido por favor. Ese es tu pase para caer bien es esta versión sin calorías de Alicia en el espejo.

Eres joven ¡bravo! y universitario que mejor, eso no se daba antes: auto a la puerta, belleza en el espejo, laptop lista a veinte mil megas de velocidad, mil amigos virtuales y con la actitud positiva a todo lo que da "a coger y a chupar que el mundo se va a acabar”.

En este gran almacén-sistema hay disfraces para todo, formulas perfectas para volver las formas fondo.  

Sólo es cosa de no ser tan huraño ni tan antiguo, dirían los psicólogos conductistas: saber gestionar el conflicto. No hay nada que un FODA no solucione  ¡Ajúa! Puebla moderna, yo moderno, todos modernos, todo va bien, solo falta ganar el mundial.

El disenso recibe un disparo en la cabeza y el mundo paradisiaco de compre ahora y pague mañana llego a Puebla. 

Dicen muchos turistas al venir y visitar esta ciudad: “Puebla es una ciudad muy católica y de muchos católicos. Mochos y muchos ya”.

Más bien hoy día estamos ante una ciudad que no tiene forma, ni pies ni cabeza. Como si entraras justo en este contexto de fiestas navideñas a una casa grandota con objetos nuevos de plástico regados por todos lados  a diestra y siniestra, con el ropero viejo de los abuelos en el fondo siempre en el mismo lugar, oliendo a cedro en medio de tanto caos y fodonguez política.

 

Porque ¿De quién diablos es la ciudad de los Ángeles?

 
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