“Galería de Borrachos” y la “Teología Alcohólica”
2015-12-11
“Galería de Borrachos” y la “Teología Alcohólica”

 

 

 

 

“Galería de Borrachos”

y la “Teología Alcohólica”

 

 

El aventurero Zalacaín había recobrado una vieja copia fotostática de uno de los libros más codiciados en la década de los 80. Su producción había sido raquítica y su demanda fue, según supo, muy rápida en Madrid y algunas ciudades gallegas, donde su autor había gozado de gran prestigio.

“Galería de Borrachos” del periodista Eduardo Chamorro, está ubicado en una lista de obras “sin clasificación”. Se trata de un compendio de la manera de comportarse del bebedor, los efectos nocivos y los benéficos del consumo de bebidas embriagantes. Publicado en 1981 sus editores decían de él es un “divertido anecdotario con consejos prácticos para vivir y convivir con el alcohol y sobrevivir a su conjura”.

Chamorro terminó sus días como periodista escribiendo los obituarios del diario madrileño ABC, pero antes había participado en varias ediciones importantes, como Cambio 16 al lado de Xavier Domingo, y escribió varios libros premiados.

El rescate de la copia fotostática fue posible gracias al vaciado inoportuno y accidentado de una vieja mochila donde se guardaron algunos documentos insospechadamente valiosos.

Zalacaín no conoció personalmente Eduardo Chamorro, pero devoró en su momento las líneas de esta galería donde algunos personajes saltaban de las páginas con nombre y apellido muy actuales.

Chamorro falleció en 2009 y el ABC publicó entonces unas líneas para comunicar su fallecimiento bajo el título: “Epitafio para un dandi”.

Algunos seguidores de Zalacaín le han cuestionado por correo sobre si existía alguna definición divina para el alcohol y de ahí ha surgido esta colaboración donde se copia textualmente parte del capítulo XI titulado “Teología alcohólica”:   

“Este libro hubiera sido imposible de no ser por la vid y la cebada . El vino, la cerveza y el whisky proceden de ellas, y ambas, de los dioses.

“Porque si bien la especie humana procede de una causal disposición de elementos que dio lugar a la cadena de aminoácidos, y el alcohol no tiene un origen tal aleatorio. El alcohol es un favor de los dioses.

“Así Osiris, apenado por la atribulada esclavitud a que se veían sometidos los egipcios, decidió redimirles de esa situación y hacer de ellos hombres dignos de mirarse cara a cara con Él mismo. Y cuando se cruzó en la primera mirada entre el hombre y la divinidad, ésta no pudo por menos de atender al acontecimiento poniendo una copa entre ambos. De tal manera quedó sellado el primer pacto y el nacimiento de la civilización.

“El egipcio se puso entonces a cultivar vid y cebada, según las instrucciones recibidas por Osiris, y fue feliz con ello y dichoso entre sus semejantes. Prosperó y la paz se consolidó hasta tal punto que Osiris decidió dejar el gobierno de los hombres y la gestión de los asuntos divinos en manos de Isis -su esposa- y dedicarse, ya de por vida, a recorrer el mundo llevando hasta sus últimos confines la buena nueva vegetal. 

“Hasta aquí la noticia egipcia cuyo argumento se recupera en la figura de Dionisios.

“El gran dios Zeus se enamoró en su día de una hermosura tebana llamada Semele, a la que en un rapto de pasión juró por el Estigia (el río del inframundo en la mitología griega) acceder a cualquier de sus pretensiones. Hera, la legítima esposa de Zeus, y como tal la más aviesa de todas sus amantes, inspiró en Semele la pretensión más inaudita de todas, y Semele pidió a Zeus que tuviera a bien mostrarse ante ella poseído de todos sus tronantes y poderosos atributos como ‘soberano de los cielos’ y ‘señor del rayo’.

“Zeus supo entonces que acababa de perder a su amada, pues sabía que ningún mortal -y Semele lo era- podría resistir tan fragorosa visión. Más lo había jurado por el Estigia, de manera que tuvo que satisfacer de inmediato el deseo de la desdichada que, en efecto, sucumbió ante aquella visión pavorosa de majestad y poder. Pero antes Zeus supo adelantarse a la desolación de la muerte, y logró arrancar del seno de Semele el hijo aún no nacido.

“Luego para evitar que Hera supiese de su existencia, ocultó al niño en su propio muslo y allí lo tuvo hasta que le llegó el momento de nacer, en que lo encomendó a Hermes para que éste se lo entregara a las Hiadas, a las que luego Zeus colocó en el firmamento, como las ‘estrellas que traen la lluvia cuando se aproximan al horizonte’.

“Así se puede decir que aquel niño, que fue llamado Dionisios, nació entre el calor que madura el racimo y la lluvia que vivifica la tierra para que dé buenos frutos.

“El niño se crió en Tracia, tuvo como hijo a Evantes y fue, por tanto, el padre de aquel Marón que en Ismaro (Tracia) proveyó a Odiseo-Ulises del vino dulce como la miel con el que el aventurero de Itaca pudo embriagar al Cíclope.

“Dionisios difundió el cultivo de la vid con tal entrega y denuedo que no falta quien opine qué se trataba, en realidad, de Osiris disfrazado, cosa que muy bien pudiera ser cierta por el paralelismo y coincidencia de la historia ulterior de ambos, en la que no creo que resulte pertinente que me detenga yo ahora.

“Baste con decir que a Dionisios se le llamó ‘el rey fructífero’ y ‘el de la fruta verde’, ‘el fructificador’ y que en la Acarniana ateniense hubo un Dionisios de la Hiedra, y en la Lacedemonia un Dionisios de la Higuera.

“Con todo, donde mayor auge tuvo el culto de Dionisios fue en la Tracia, cuyas tribus eran notables por su inclinación a embriagarse ferozmente. De hecho, los tracios no bebían, sino que se emborrachaban directamente, entregándose luego a unas danzas frenéticas, animados por una música extravagante.

“Y en medio de esas danzas, fortalecido su espíritu por el vino que sin cesar trasegaban, tenían visiones pasmosas y hablaba por sus bocas el genio de la adivinación, siendo capaces de profetizar hechos que nadie esperaba e interpretar los más extraños augurios. Hasta tal punto esto fue así, que de esa capacidad de los tracios proceden los misterios órficos, investigados todavía en la actualidad por muchos sabios y eruditos, cosa que de nuevo nos vuelve a Egipto, pero muchos años después de Osiris, cuando los egipcios, entregados a la actividad guerrera, olvidaron las antiguas artes adivinatorias que habían sido capaces de practicar siguiendo las enseñanzas libatorias del simpático Osiris.

“En tal situación se encontraban los egipcios cuando cayó entre ellos José, el hijo de Jacob vendido por sus hermanos a los ismailitas por veinte piezas de plata. Los ismailitas vendieron el hebreo a Potifar, eunuco del faraón, cuya casa prosperó mucho desde que José entró en ella. Pero la mujer de Potifar pretendió encamarse con el caballero, y este, fuera por lo que fuese se negó, viéndose entrampado en las mentiras de la zorrupia, que dieron con él en la mazmorra del faraón.

“Pero en la mazmorra supo José distinguirse nuevamente, gracias al ejercicio de su arte adivinatoria, logrando con ella tal fama que el mismísimo faraón requirió sus servicios. Y como dice una versión castellana de la Biblia en verso: ‘Por interpretar José/ los sueños del faraón/ largamente honrado fue’. Es decir, que consiguió mucho predicamento en la corte egipciana.

“Pues bien, el frenesí dionisiaco de los tracios era de tal índole que cuando se veían poseídos por su arrebato se mostraban indiferentes a las mujeres y a sus encantos, siendo precisamente Dionisios el que hacía gala de un mayor desdén hacia las hembras de su especie. Y éstas –aquí está el dato que vincula la crónica de los hechos en la Tracia con la de los sucedidos en Egipto- decidieron vengarse, si bien su venganza fue un punto más allá que la de la mujer de Potifar.

“Las tracias maquinaron un plan homicida y lo llevaron a cabo sin piedad ni consideración alguna. Se ocultaron en el bosquecillo por el que Dionisios solía pasear absolutamente ebrio, radicalmente exultante de contento y cantando a voz en grito, y le atacaron con hoces y palos. Allí fueron los finales del hijo del ‘soberano del cielo’ y una bellísima mortal. Le asesinaron… Y no contentas con eso, aquellas fieras, enloquecidas por el ardor desatendido de la entrepierna, le descuartizaron –al igual que Las Bacantes, de Eurípides, con Penteo.- y desperdigaron sus restos por el bosque.

“La cabeza del gran padre de la vid y la cebada fue a caer al Hebro –casi me da rubor señalar esta nueva coincidencia entre un río y otro río, acota  Chamorro- y en sus aguas, flotando y sin dejar, al parecer, de cantar, llegó hasta Lesbos, cuyos habitantes le enterraron en el lugar donde, según Luciano, se levantó luego el templo de Baco…”

Hasta aquí parte del texto de ese maravilloso capítulo donde chamorro expresa con profundidad su Teología Alcohólica. Dionisio era el nombre en griego del Dios del Vino: Baco.

Zalacaín cerró el libro y se dispuso a beber el primer aperitivo del día en honor a Eduardo Chamorro.

 

losperiodistas.com.mx@gmail.com

Video en canal de Youtube: El Rincón de Zalacaín

 

 
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