Nostalgia I
2015-12-02
Nostalgia I

Nostalgia

I

 

Conocer la ciudad

 

Los invito a leer la realidad…

 

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

 

 

Sentir, habitar, conocer la ciudad tenía que ver antes con caminarla, sentirla cerca, apropiarla. Lejos de esta pedantería automovilística que vivimos hoy.

Recorrer la ciudad calle por calle, hacerla de uno y para todos. Saber que esta calle hace esquina con aquella y que dando la vuelta te encontrabas con el parque o con la tienda. Sabíamos que todos los días nos podía ir tragando de a poquito la ciudad, de trago en trago, pero no de a madrazo como vemos actualmente.

Las cosas eran más cercanas. Incluso, ahora que lo recuerdo, no tenía en mi cabeza referentes tan grandes como el zócalo o la catedral para referenciarla. Generalmente mis referentes urbanos eran más pequeños: La Placita (ahora Garibaldi), El Cerro de Loreto (ahora no se si plaza fuertes, o zona monumental o parque de diversiones histórico) o el Centro. Para muchos eso era la ciudad: solo lo que te rodeaba.

Las calles empedradas, la primaria de la colonia o el barrio, el templo o el marcado de los domingos. El centro lo considerábamos muy en el fondo como el hermano grandote, bonito y de "varo" al cual podías ir a darte una vuelta a ver qué encontrabas. El centro era un lugar más grande que tu colonia, con calles más grandes, pavimentadas y bonitas. Con comerciantes de estantes grandes, con vapor de las escasas taquerías de cabeza, lengua, ojo y buche; luces de aparadores, empleados con cara de aburridos trabajando, meseros cotorreando esperando la propina, el trajín de la gente en las papelerías en septiembre.

El centro tenia negocios más bonitos que la papelería mas cercana de tu casa. Semáforos tricolores sin mucha prisa en cada esquina. Bastaba con conocer la ruta del Garita-Panteón, del Panteón-Agua azul-Chula Vista o de El Fuertes para saber deslizarse más allá de tus fronteras barriales o coloniales y retornar a la casa chica.

 

 

Cuando te preguntaban una dirección era cosa de mirar levemente para arriba primero, pensar e imaginar. Mirar en cada esquina un templo, un santo mirándote desde arriba o una casota de adornos como apastelados.

Caminar y caminar para buscar trabajo, caminar para encontrarse con el otro, caminar buscando zapatos, caminar buscando ficha en alguna secundaria buena para el hijo, caminar buscando un buen parque, bar o restaurante, caminar del boulevard al Paseo Bravo, de la Diagonal a Los Fuertes, de San Manuel al Centro, de C.U a San Baltasar. Caminar porque te has perdido a los 11 años, caminar del mercado a la cocina de la casa, de la pulquería a la iglesia, de la escuela a tu casa. Antes de que hubiera esas horribles rampas por todas partes a diestra y siniestra, antes de que el alter ego nacional no diera más que para un auto y un celular táctil.

Aun no había GPS, ni chavos hipermodernos que parados justo en la Maximino (hoy Palafox) les preguntaras por la ubicación de la 2 sur y la 3 oriente o por la Iglesia de San Cristóbal e hicieran cara de "¿What?".

 Antes de conocer a la ciudad tenías que conocer al otro, al de la esquina, al que pudiera enriquecer tus mapas, tus cartografías del miedo, de la diversión o de lo prohibido. Incluso perderse. ¿Cómo carajos se puede conocer una ciudad si ya no platicamos con el otro, el semejante, el diferente, con el vecino? ¿Existe aun lo vecinal? ¿Cómo conocer la ciudad si la modernidad te resuelve todo, reduciendo a su mínima potencia el riesgo, el vértigo de saberse extraviado?

De hecho dentro del barrio ya sabias santo, seña, apodo, oficio y nombre del cercano. El que escribe incluso se memorizaba los colores de la ropa de los chavos mas gandules de la cuadra. Tenía que estar "al tiro" desde esquina a esquina, no fuera a hacer la de malas que te "apañaran" con el cambio de las tortillas.

Tenias que conocer las calles dentro de tu madre colonia. A donde te llevaban los callejones, las azoteas, donde terminaba tu colonia o barrio y donde comenzaba el otro eso era básico. Saber si ese camión te llevaba o no a tu rumbo. Existía la idea de tener un rumbo. Tu micro identidad urbana que la hacía de consuelo, guarida y remanso. Tu rumbo.  

También ya había desde entonces una especia de jerarquización urbana sin igual: los de La Santa María aunque fueran de los primeros "rotos" poblanos no se les comparaba con los exquisitos de la Humboldt así como los de El Alto ni apenitas les llegaban al hombro a los mega católicos-panuchos y con escasas vecindades del Barrio de XonacaUAP-UPAEP, Panteón MunicipalPanteón Francés, entre otras dicotomías hoy endulzadas con el azúcar light neoliberalista.  

La época colonial duro técnicamente 300 años pero sus efectos siguen con nosotros en las universidades, en los templos, en los antros y en todo aquello donde pueda el otro hacer lucir su escasa estatura con alguna posesión material, intelectual o física.

Sentir la ciudad era cansarse, estar de pie, apropiar el espacio y convertirlo en un lugar. Ir de rama en rama cual chango de asfalto y saber que detrás de la 6 oriente dulcera, esta la otra 6 poniente de bautizos, primeras comuniones; mas atrás otra 6, la de los muebles de apartado y ya antes de la 11 podías incluso echar "taco de ojo".  Cada calle de la ciudad podía ser diversa dentro de si misma, metamorfearse, vestirse de habito al principio y tener más arriba un escotazo por donde mirarse uno mismo.

Si subías a la azotea podías ver desde tendederos, antenas de televisores, tinacos de agua, cables. Dependía de la altura de tu casa y de tu ubicación en la ciudad. Si era más alta la casa podías divisar desde ahí las torres de alguna iglesia, las casas y balcones de cuadras adelante y las contadas antenas de taxi que comenzaba a haber. Las azoteas de la ciudad podían usarse en ese tiempo, no se ahora, para simplemente subir a serenarse, a espiar la acera de enfrente para entretenerse o para el 5 de enero de cada año por la noche si eras niño subir a pedirle a los reyes que fueran clementes contigo. Ya no se portaría uno mal.

Mi calle favorita a los 11 años era la 4 oriente entre 4 y 5. Simplemente dos calles me hacían feliz. Era fascinante quedarse a mirar la cartelera del Continental, gente besándose en la cartelera sin ningún permiso o bendición parroquial. Más adelante me detenía a mirar por largo rato los aparadores de cierto negocio de regalos, que creo aun sigue ahí.

Me preguntaba en la 4 Oriente ¿por qué el edificio de El Puerto de Veracruz se llamaba así?  ¿Por qué los jarochos se les ocurrieron poner un edificio tan grande y de tantas ventanas en Puebla? ¡Qué atrevidos!

Veía los brasieres, me lamia los labios cuando pasaba por la fuente de sodas  California, pasaba por la papelería 5-10-15 que decía mi mamá que ahí no compráramos porque ahí era caro. Después bajaba por la 4 y la 2 y siempre se me hizo raro ver señores generalmente de bigote y morenos afuerita del llamado Monte de Piedad susurrándole a la gente algo.

 

A veces caminaba tres calles más y bajaba por la 10 oriente, por los AU hacia San Francisco. ¡Híjole! no sé que me pasaba, bueno ahora ya sé, pero cuando bajaba por ahí antes de llegar a la Reunión de las Huertas francamente disminuía mucho mi andar ya que había una puertita en la que siempre estaban paradas afuera unas señoras muy guapas y con unas piernas muy largas y con faldas decentemente muy cortas. Ya llegaba muy acalorado y sonrojado al Servicio Valdez (hoy oficinas de policía turística).

 

Sentir cercanas las fabricas y el silbato de las 5 de la tarde que hacia salir a obreros de las todavía textileras que sobrevivían aun. El sonido de ese otro silbato que hacía que algunas mujeres se sacudieran las enaguas (las que las usaban) para no quedarse solteras.

Es probable que hoy las cosas sean mas rápidas, mas a la mano, todo mas nano. Pero ¿cómo se puede sentir el cuerpo de una mujer como esta sin recorrer su piel? ¿Puedo enamorarme de la ciudad como de una mujer como en aquella película llamada Simone?

Quizá así ha sido siempre Puebla, una dama seria y ardiente a la vez, un tipo serio y desmadroso al calor de las copas que se niega a caminar, a conocerse a sí mismo.

 

 

 

 

 
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