El Buen Fin con Servín
2015-11-18
El Buen Fin con Servín

 

 

 

El Buen Fin con Servín

O

 Carta Romántica a Leticia

 

 

 

Los invito a leer la realidad…

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

 

 

 

 

No sé bien que decir de ti. Eres definitivamente de esos músicos que hacen que los sentimientos salgan a flor de piel. De esos que dejan una especie de nube chillona de viento y agua en el centro del pecho y que solo se contiene volviéndolos a escuchar.

 

Llegaste a Puebla a las 4:35 de la tarde con un semblante amarillento por la desvelada y la incomodidad de cuatro horas de viaje en autobús de Cuernavaca a Puebla que te hacían verte poco más pequeña. Tus ojos que ya pedían tierra buscaban a un tal Juan Daniel al terminar la rampa. 

 

El caballo youtube de "Viaje con poesía" de Don Víctor fue el encargado de llevarte a ti y a Kino con todo y violín, jarana, guitarra y tiliches de la CAPU al meritito centro histórico poblano.  

 

 

 

"En mi adolescencia deseaba conocer a la mujer que sería la dueña de mi corazón y mis pensamientos, el destino noto mis ansias y no paso mucho tiempo cuando amablemente me la presento..." versaba el taxi poeta bajando por el Tamborcito. Tú le hablaste de Quevedo y de Quiroga. Era buena la hora 4:45 cuando el Mazzinger Z del boulevard que conociste en la secundaria te daba también la bienvenida. Se notaba mucho tráfico. Esta ciudad gira de a rápido cuando el consumo le da cuerda y lento cuando es hora de pensarse a sí misma.     

 

 

 

“Hoy Leticia Servín en concierto”

 

Cuatro horas después tu voz le daba vida a Sor Juana. Habiendo chelas, vino y el sonido de guitarra eléctrica de Quino cuando interpretaste "Mujer de veras".  La ciudad se dejaba venir de frio. Como que ya me daba prisa a mí y a otros que las bebidas alucinógenas comenzaran a hacer sus estragos. Tu música era más bien un calmante, una catarsis sabrosa y lenta para los que te escuchábamos. 

 

Leti ¿Te fijaste que la sala donde cantabas en aquel café estaba repleta?  En menos de una hora paso de ser una sala de café a una especia de ágora que te escuchaba de manera casi religiosa. El Realengo, vago, bohemio y sin dueño cantaba ahora con tu voz ese 14 de noviembre.

 

 

Tu voz, un canto de sirenas que proviene de una sola voz, como un ritual de gregorianos relatando coplas de Rulfo pero con voz femenina. Como si justo en ese momento un Monje budista diera instrucciones a treinta gentes de estar en paz. 

 

Atemperabas el alcohol en la sangre, hacías dormir a bestias en el vestíbulo del lugar, hasta la mujer del sombrero se quedaba quieta de a deberás escuchándote cantar. 

 

Para entonces la ciudad mostraba sus clemencia. No circulaban personas, ni autos, ni preguntas tan pueriles como: "¿no va a cantar Sin tu latido de Auté u Ojala de Nicho?". 

 

Un ave canora con trinar eléctrico y maduro revoloteaba por las paredes del lugar, rebotaba en los oídos, y neta te digo que hacías sentir. No sé,  a lo mejor querías que echáramos desmadre o mínimo que moviéramos la patita, pero no, nos tenias con cara de pendejos escuchándote como embobados.

 

 

Sigo pidiéndole al tiempo

cinco minutos

antes de levantarme

sigo sin peinarme

tomando cerveza

y andando en mi bicicleta

 

 

Es posible también que esperaras un lleno tipo Pixes o “Juan Ga”, No lo sé. No te preocupes, en la era de la posmodernidad en que a todos les importa el tamaño, la cantidad, la pose, el peso, quien ha leído mas libros, las rebajas de meses sin intereses y los formas sin contenido, pagar por verte iba a ser un verdadero placer de conocedores o una oportunidad de verte y escucharte sin poses de Rock Star o poses de divo o diva que tan frecuente se dan en la tierra del tuerto. Tu eres una artista real, pero como en muchos otros lados la gente paga por ver gente más que por escuchar. 

 

Es mas Leti neta pepa te cambio diez rolas divas poblanuches por una sola de tus canciones, cien platicas intelectualoides por un rato de tu sencillez, dos cemitas poblanas por esas vacas que dices que si escuchan al cantor. 

 

Le caíste como anillo al dedo a esta ciudad. Porque ¿Tu te puedes imaginar que es todos los días escuchar en la radio y tele que todo va bien aquí?  ¿Que hay que celebrar con bombo y platillo las magnas obras del faraón pipope?

 

Quizás es por ello que todo estaba tan sereno al escucharte. Fue de alguna manera una especie de exorcismo, un refugio en el que solo nos cantabas a nosotros. Como cuando Dante te pide que solo le cantes a él.

 

No puedo dormir

Me levanto

y voy a la cocina

prendo una idea

en la estufa

tengo una olla

en las manos.

 

Es frio el invierno

Me fumo un cigarro

¿Qué estarás pensando?

 

Ibas tejiendo versos, falsetes, sentimientos entre rola y rola.  El ron se hacia el mustio y tus alas de quetzal subían y bajaban entre el techo Van Gogh y las postales de Venecia. 

 

 

Don Víctor el poeta taxista embelesado, el Tarado despertando mientras Quino se transformaba.  Todos como buenos marineros encantados por todas las sirenas de tu voz coreamos:

 

Hay mi bien mi prenda mía,

dulce fin de mis deseos

¿por qué te llevas el alma

dejándome el sentimiento?

 

Tu ritual termino a eso de las 12:30 de la noche. El Carolino se veía medio dormido o medio borracho, algo así, con un gesto vetusto y juvenil a la vez, dándonos la espalda, lástima que no sea femenino, pensé. Ya la caña bailaba por dentro alegre y candorosa.

 

Entonces entendí un poco esa frase feisbukera que dice:

 

"Los templos religiosos fueron construidos enormes y esplendorosos para que la gente al entrar se sienta pequeña". 

 

Tu música me hace mirar hacia dentro, sentirme pequeño, infinitamente intimo a la orilla de Los Sapos en una ciudad que se moría ese fin de semana por imitar el American Way of Live. ¡Vaya! Hasta cantaste una del Peter Gabriel momoxpeño después de tus enchiladas suicidas. Que generosa fuiste Leti.

 

Según me contaron todas las reservaciones llegaron, siete de dos o más para ser exactos. No había lugar para verte de cerquita, nadie se fue cuando cantaste "Mujer de veras". Por último te escucho hasta el cansancio Mariana y el vals fue único.   

 

Terminamos cinco brindando, fuiste tú quien nos hizo la noche del sábado, quien desvistió a Puebla con su voz de mujer de veras, quien bailo el vals, la que seguramente volverá solo a cantarle a sus cuates pero que hoy te tuvimos solo para nosotros. Fuimos dichosos como Dante.

 

Me despido querida. Que tu canto continúe dando alas y sea alivio, agua y viento para los que no dudamos ni un momento pagar por ver que nos abres el sentimiento con letras de Sor Juana o  con Flores.

 

Que estas calles te vuelvan a ver con o sin divos, con o sin Kino, con tu alma desbordada  en letras y canto en esta espiral urbana de ángeles y cafés de noche. 

 

…porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 
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