De cosas mal vistas en una ciudad (como esta)
2015-11-05
De cosas mal vistas en una ciudad (como esta)

 

 

 

 

De cosas mal vistas en una ciudad (como esta) 

 

 

 

Los invito a leer la realidad…

 

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

 

I

 

Esa noche hacia un chingo de frio en Puebla. No lo pensamos. Era solo cosa de buscar un huequito debajo del Puente de Ovando y que el pasto no picara.

Rana sobre rana, puente sobre ranas, autos sobre el puente y un cielo chiquión nos miraba con todo y la prisa.

Ningún policía alrededor. El deseo entonces era muy cabrón. ¿Cuál luna? ¿Cuáles grillos o gatos negros testigos de los que hablo Roberto Carlos? Solo nos acompañaba el ansia de hundir el cuerpo, el hambre y la orfandad en que nos tiene a todos esta ciudad.

No hubo tiempo más que para unos breves ejercicios de calentamiento. No sé si eran más rápidos mis ojos o mis manos esa noche. Para entonces La María llamaba por segunda vez a “Misa de Gallo”. De suerte que eran botones y no cierre lo que atemperara el ansia de los dos. Los ojos pendientes, el semáforo en rojo.

¿No se han dado cuenta? La noche en Analco siempre tiene un tufo entre inocencia y melancolía en el cielo.

Dos grillos copulando, entendiéndose, mirándose en una bugambilia.

“1, 2, 3 yo quiero mambo, mambo.

                                                     1, 2, 3 que rico es, es, es…”

Se escuchaba la algarabía de algún bar a lo lejos.

Pienso en las casas viejas, sostenidas por las vigas, en el chile atole del zaguán de la tres, en tus piernas resistiendo el embate del frio, en los instintos de mi boca por alcanzar tu piel canela.

Vibro. El Ángel Custodio se asoma entre los arbustos, mira a dos insectos marcharse cada uno por su lado como dos desconocidos a la orilla del puente. En Puebla el sexo se hace a escondidas: en una azotea entre tendederos y antenas, entre los contados arboles del cerro esquivando la patrulla, a media noche en el ojo de alguna vecindad o en algún salón vacio de la universidad.    

La ardiente soledad de esta nación cansada, que busca copular entre cúpulas y concreto.

No lo pensamos, no hubo tiempo. A escondidas la ardiente soledad buscaba un huequito en la ciudad debajo del puente por donde cupiera la urgente necesidad de meternos uno en el otro a escondidas de lo que entendemos como ciudad.

 

 

II

 

En el ´85 noviembre olía a noviembre.  Desde el Tamborcito hasta Los Remedios todo era movimiento de personas y apropiación del espacio público. Xonaca era un cerro melancólico de casas apiladas una sobre de otra como de almacén Conasupo,. Siempre hay un soplido frio que caracteriza a sus callejones y esquinas.

En el corredor de la 11 norte- sur mi madre me llevaba de la mano todo encabronado a buscar flores de muerto al corredor de los ferrocarriles puesto por puesto: “Si ya caminamos desde el Alto hasta acá y ya caminamos como veinte calles ¿todavía quiere que camine más? Se pasa” Pensaba.    

De regreso por la Merced, por donde subían los camiones, llegaba hasta allá el olor a incienso que se trepaba en el aire como tornillo enredado en los cables. Me quedaba a mirar si el humo gris podía llegar o no hasta el cielo y si eso era lo que hacía que las nubes parecieran mas grises.

Mis pies ya no aguantaban una calle más. Me consolaba que desde donde estábamos  se podía ver de lejos la torre de San Francisco. Eso era consolador. La ciudad entonces aun besaba como joven tierna de labios dulces, estrecha, con ojos de inocencia.

Todo edificio es gigante para un niño que tomaba como estatura de todo en ese tiempo a su madre. La ciudad tenía un poco mas de piedad. La soberbia pipope de poseer un auto aun no bajaba los vidrios eléctricos. ¿Cómo íbamos a imaginar que todo eso cambiaria en un tronar de dedos?  El caso es que en un abrir y cerrar de ojos nos volvimos “modernos”.

Hoy resulta anticuado conocer las calles, saber sus coordenadas, en donde estas parado. Saber que templo es ese o aquel, si esto fue un cine antes de ser tienda de celulares o si estamos parados en lo que antes fue una gasolinera. Para eso está el GPS, el Google Maps o el Wikipedia.  Ignorancia a infinidad de megas de velocidad.

Conocer la ciudad desde un auto o desde la teoría nunca será lo mismo que conocerla calle por calle. Perderse es la mejor manera de encontrarla.

Por eso de cuando en cuando aunque la modernidad tenga sus encantos de hibridación, fluidez y confort es mejor tomar la mano de alguien tan grande como la madre y perderse. Aunque termine uno por dolerle los pies.

     

 

III

 

Uno de los dos colegios tenía nombre de presidente gringo; el otro tenia nombre de presidente sudamericano. El caso es que si algo me queda claro es que en lo general en esta “que chula es Puebla” subsisten graves problemas de sobrevaloración de la autoridad y con las palabras.

Cuenta la leyenda que allá en el siglo XXI un docente emocionado, apasionado, animado, enardecido por estar frente a grupo hablando de lo que significo en términos específicos las luchas revolucionarias en México termino su clase diciendo a sus alumnos de bachillerato: “Gracias por escuchar y compartir. De verdad es un gusto estar aquí frente a ustedes. Me excita mucho dar clases”.

 

Un día después era llamado por la familiar del dueño del colegio para recibir un coscorrón por haber pronunciado palabra tan vulgar y soez: “Excitado”.

 

Cuenta el atrevido y vulgar maestro que no sirvió de nada explicar que la palabra nada tiene que ver con razones de carácter sexual (cosa que no estaría mal tomando en cuenta tanto hermetismo de años bajo el que viven muchos en la mayoría de las familias y que es justo ahí donde deberíamos comenzar a liberarnos de tanta violencia implosiva) sino con la alegría y el entusiasmo que provoca salir de uno mismo cuando se está frente a grupo.

 

Asunto arreglado: “Pida una disculpa y no vuelva a pronunciar esa palabra”.    

 

No sé si en las leyendas haya cámaras de vigilancia pero si hay héroes y contra héroes. Lo que si se, es que como decía Galeano esto esta “Patas Arriba”. Lo normal se va convirtiendo en lo anormal y viceversa.  Así que esta leyenda termina con un triunfo de lo anormal instalado como lo normal.

 

En el otro centro del saber que alude a la crisis del 29 en gringolandia, la señora directora después de un viaje por las Islas Caimán regresaba a revisar sus propiedades y el interés que le había generado tan noble labor educativa. Pidió reunir a todo su cuerpo de “profes” para saludarlos de propia mano.

 

Cuenta la maestra Marta que la importante directora pidió a los nuevos profes ponerse de pie. La maestra marta ya tenía más de año y medio laborando en aquel lugar y ya se había presentado con la primera en el mes de su ingreso. Para su suerte la señora directora pidió que se levantase martita y se presentara. A lo que ella contesto sin ponerse de pie: “Perdón maestra pero yo no soy nueva en el colegio, ya nos presentaron cuando ingrese. Soy Marta Silva”. La señora directora volvió a pedirle que se pusiera de pie. Marta le contesto lo mismo sin ponerse de pie.

 

Marta miraba todo el salón callado como si dios padre mismo estuviera inquiriéndola y el universo tuviera que quedarse a la espera de su voluntad. Marta no se puso de pie argumentando por tercera vez el mismo.

 

Con un grito más enano que iracundo, ese monolito acabado de llegar de las Islas Caimán le pidió a Marta que saliera del salón de inmediato. Nadie dijo absolutamente nada cuenta.

 

Al otro día la subdirectora le menciono que su pago estaba listo. Estaba despedida, pero tenía que esperar a la directora  al menos tres horas para recibir su pago quincenal.   Después de cuatro horas formada Marta cobro su pago final no sin antes ser regañada por última vez por la directora en su oficina tatuada de diplomas y de altos grados académicos.

 

 

**********************

 

El caso es que en esta vieja ciudad de ángeles snob y de demonios hipsters como en otras ciudades del país hay cosas mal vistas, derechos pisoteados frente a todos.  Ciudad como hibrido, sin mucho chance para lo cosmopolita, con aires de melancolía que nos recuerda que es mejor apropiar el espacio urbano con la palabra y con el cuerpo que ignorarlo.

 

 

 

 

  …porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 

 

 

 

 

Escuchen la capsula de Espiral Urbana por RADIO BUAP 96.9 F.M o radio buap.com Viernes 3:20-3:30 p.m. Con Juan Daniel Flores

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