NONOTARADONONOTARADO
2015-10-07
NONOTARADONONOTARADO

 

 

 

NONOTARADONONOTARADO

 

 

 

 

 

Los invito a leer la realidad…

Por Juan Daniel Flores

 

 

 

 

Es seguro que a esa silueta rupestre la haya conocido en el ´96 a un costado del Carolino.

Yo iba por la tercera curva en “La Obra” con más alquitrán y nicotina que ahora; para entonces, a ningún burócrata y sus excelentes asesores globales se les había ocurrido la brillante idea de prohibir fumar en bares. Que estupidez.

Una rolita de fondo de los Doors “Cristal Chip” se cruzaba con la humareda de tres parroquianos que divagábamos de todo un poco, los músicos tomaban un descanso en la barra.

Entonces  solo nos quedaban como doscientos cincuenta varos de las limosnas de San Nicolacito. A tu salud patrono de las viudas, novios y niños, brinde.

Era un domingo después de las tres de la tarde. El Nono brincaba como uno de esos pequeños lunáticos de Méliés con otros dos compadres, compartiendo clandestinamente una caguama dentro de una bolsa de papel, como evocando las tortas de pipián de a peso que vendían en los recreos en las primarias jodidas como la mía.

Leve y  preocupado me hacía sentir desde entonces, como un pequeño burgués: mi mesita de madera, mi silla de colores y mi rubia de ampolleta bien muerta.

Pero a este Motopastel ya lo conocía de oídas  tres años antes, justo cuando echaba a la basura mis casetes de Emmanuel y José Feliciano y  el santurrón  del Chalo echaba, con santa ignorancia, el libro  autografiado de Cabral a la basura, propiedad de una mente menos religiosa y tres veces más brillante que la de él.

Ya me habían platicado entonces de un tal “Viernes” que rondaba, ya con las alas de demonio medio crecidas, los rumbos del Barrio del Artista con guitarra de palo y rolitas de un tal Rockdrigo.

 “El viernes es un güey que está en otro pedo… ¿no lo conoces?”  Mi respuesta siempre fue la misma siempre.

Trece años después ya formábamos parte de las masas fatigadas, etílicas y disque conocedoras que reclamaban una canción que no era del mentado y antiguo “Viernes” pero que este cabrón le daba un alma propia.  

 

…y yo espero

por si la noche

se muere

por incordiar

a aquel del coche

bailarina en arrabal

y si es que no te apareces

prefiero irte a buscar

aunque después

otro acorde a mi me encuentre

otra vez

y si es que no te apareces

prefiero irte a cantar

aunque otra voz a mi

me opaque otra vez”

 

La rola por antonomasia era del Nono, decía un eufórico un  trovador que buscaba rolitas suaves y cariñosas aquella vez.

La atmosfera que el Gabriel Flores tatuaba en el ambiente de esa noche en el Realengo, era de rolas que como navajita de gillete cortaban el tedio y hacían salir una espacie de nostalgia, hartazgo y aullidos que tarde que temprano uno saca para no terminar desquiciado por tanta normalidad urbana.   

Ya de madrugada en que no era ni el “Viernes”, ni mucho menos Gabriel, el Nono se veía lento ya como a las 3:30 de la mañana. Muy lento. Le tenía que hacer digestión haberse tragado lo que quedaba de sus antípodas.  Parecía llevar debajo de la playera negra de la virgencita los aires de la madrugada, las desveladas chocarreras, esos sonidos en la cabeza que  buscan  baldíos, “hojas santas” y azoteas.

El filo del riesgo que se busca a toda costa va configurando al personaje, porque antes que nada el Nono es un personaje que se ha tragado al que sin queriendo lo pario.  

 

**********

Se tambalea la noche, crece el personaje, se cierran los espacios.

Una suerte de malestar y precariedad van mezclándose con la aceptación y la apatía que pulula en las calles de esta o cualquier urbe. Para colmo ahora a los del centro del país les dio por ser norteños y gruperos, de tal suerte que la playita zocalera solo admite ciudadanos VIP, ávidos lectores del tedio y la resignación.

En un escenario como este de barrios, políticos de rancho, norteños que corean una de Daniela Romo por el bulevar por la madrugada, es prácticamente un suicidio girar a contracorriente, instalarse fuera del top ten del parnaso exquisito de la cátedra, violentar la trayectoria prácticamente impecable de la cotidianidad local. Las naturalezas muertas del siglo XIX tenían más vida que esta amable resignación que vemos todos los días.   

La historieta de los lunes en el puesto de la esquina contempla mujeres destazadas, pederastas con sonrisa de oreja a oreja, PIB del 0.1%, churros de butaca en Angelopolis y hasta juglares del narcotráfico. Pero no hay espacio suficiente ni en la de sociales para un creador independiente. 

Se tambalea la noche, crece el personaje, se cierran los espacios.

Muy arriba la payola, las cadenas y los corporativos controlando la consola. Disponiendo día, hora, espacio y el precio del sonido. En medio lo que queda del fondo del vaso se lo pelean entre doctos, tecnócratas y lo que queda de burocracia. Uno que otro mira su sombra de ayer con la melancolía de un sábado por la tarde.

Pink Floyd de telonero del ruido de fondo.

Abajo pareciera haber camaradería, cooperación, colectividad. Sin embargo se mueve un discurso distinto, un tanto bizarro para una ciudad de ángeles grises de piedra, una mentada hecha realidad.

Una ciudad como esta no se desayuna gente así.

La vieja práctica de aislarse, de no ser de nadie, de no pertenecer a ningún lugar también genera sus saldos.

 

 

**********

El caso es que este compadre y el Jimmy Neutrón cada vez tienen más en común. Un empeño torvo, tarado y necio de continuar jugando a la ruleta rusa. De arrastrar la cobija con sus rolas que más bien son coscorrones, alas, puntas, machetes, prosas poderosas,  aire negro, catarsis para el que quiere y para el que le quede el saco. No es que sea sastre, posiblemente es más bien sepulturero de una onda que, con toda la razón del mundo mundial, ya se canso o que se ha sentado a tomar un receso de décadas en las oficinas con olor a cedro.

Pinche Nono eres un hippie presente en la moda te guste o no, hibrido de colillas y cebada, ebrio de letras inalcanzables como truenos en la sequia de la poética urbana.  Aquí no hay Jekyll y Mr. Hyde, ni te queda el traje de la abuelita carnalito tarado.

No es que a la ciudad le hagan falta personajes y músicos de flamazo y nihilistas como usted, pero téngale compasión a la ciudad, al mezcal, a las buenas dobles costumbres en nuestra aldea, a tanta intelectualidad que desborda café y al pedazo de su  hígado que pide una copa más meibi. 

Se cierran los espacios, se tambalea la noche, crece el personaje.

 

Te hacía un muchacho decente,

le dije al Caifán, pero eres meco

y me sacas de quicio rufián.

Eres el mismo satán, eres como la tía Justa

que empuña la fusca mi pelafustán.

 

Yo soy el chico temido, ya llegó su tren

cuida a tu chico con vida, tu papá ya bien,

besitos a los pelones y besitos por allá

que te atropelle la dicha

y te saque pedazos de felicidad.

 

 

 

 

       …porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 
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