Un auto y un posgrado ¿Y la educación? (1)
2015-08-19
Un auto y un posgrado ¿Y la educación? (1)

Un auto y un posgrado

¿Y la educación?

Parte I

 

 

 

 

Los invito a leer la realidad…

 

 

El bien pensar no puede ser simplemente pensar,

tiene que ser pensar-y-actuar.

Tesis sobre el bien pensar. J. Holloway

 

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

En estos días miles de jóvenes, niños y adultos ingresaran a las aulas escolares para comenzar o recomenzar un nuevo ciclo escolar en esta la ciudad sin playa.

Un domingo antes de ingresar al posgrado, especialización, diplomado, licenciatura, secundaria y primaria justo a eso de las 8:00 de la noche se apodera de muchos una mezcla entre temor, emoción, estrés y hueva paulatina que en muchos casos es acompañada de la tercera llamada de algún templo cercano al hogar de cualquier poblano. Este presente citadino es parecido a una especie de toque de queda del pasado para los que crecimos yendo a la primaria en los 80`s.  En esos tiempos el cuadro urbano del miedo previo al primer día de escuela lo completaba la cara de un tal Raúl Velasco con su cara de televisor aburrido y su sonrisa acartonada. Era eso o el fut. Mejor encendía el radio.

Primer día de escuela en la ciudad: un par de huevos tibios si bien les va, gruñidos cavernícolas de madrugada, búsquedas por todos lados de los audífonos, la pantaleta y el celular, nudos de marinero en los cruceros de la ciudad, una que otra mentada de madre, embotellamientos y claro los salones para los de nuevo ingreso que más bien parecen salas de operaciones listas para abrirle el cerebro al de nuevo.

Patologías del miedo.

 

   Los que lo saben todo siempre se sentaban adelante. Los que quieren verlo todo atrás.

 

En este tenor los habitantes de esta ciudad van marchando en procesión obligatoria, nada gratuita y ya menos laica a los centros del saber  de esta espiral urbana. La mayoría de las veces el cómo vamos viviendo la realidad nos condiciona. La educación en la ciudad no es la excepción.

Se presume que Puebla es una de las entidades en todo el país que tiene más universidades e instituciones escolares. “Aquí es el centro educativo por excelencia  para que vengan a estudiar los hijos de los narcos” escuche de un parroquiano en un café del portal Hidalgo la vez pasada. Mientras lo decía, su voz iba creciendo en volumen como si al decirlo sintiera un poco de orgullo mezclado con placer.

Puebla la ciudad de la educación. Una ciudad que como máquina perfecta movida por sus engranes en todas sus posiciones listos para comenzar de nuevo va operando a su vez a otras maquinas para que eso de la educación funcione.

Bien decía Rockdrigo González: “La maquina me ha vuelto una sombra borrosa”. La maquina que no solo es la fábrica o la oficina, sino también la educación. Maquina que nos reconfigura con o sin nuestra voluntad.

Porque de alguna manera el salir de la caverna a la otredad de una ciudad como esta debe generar otredad. Que nuestro ego baile en la urbe electrónica y de cemento con otros egos ajenos, desconocidos, fugaces. Es ese el primer salón de clases: los otros en la ciudad, los diferentes a mí. La maquina también es educación.

¿Pero qué pasa cuando lo que media entre nosotros ya no es la palabra sino las cosas, el tanto vendes tanto vales y el estatus?

De esta manera, las formas de relación en este gran salón de clases urbano tienen más que ver con el lujo de un auto en la “autopista de lo social”  que con el análisis y la reflexión. De tal suerte pareciera que entre mejor sea tu auto, tu nivel social será más rápido y veloz tu transcurso por la vida profesional. Algo así como el Mario Bross.

El asunto del auto en la ciudad ya no es asunto de movilidad sino de estatus.  Igual pasa con la educación.

 

  Todo es pavimento y poder en la ciudad.

 

 

Irónico que en una ciudad como esta,  donde es posible encontrar calles sin pavimentar a menos de 5 minutos del centro histórico haya cada vez más vecinos con autos de lujo, pero sin pavimento en las calles donde viven. Muchas formas de lujo pero sin contenido.

De tal suerte en la ciudad podemos decir que hay autos por miles y escuelas por montones. Incluso pueden encontrarse escuelas con nombres tan peculiares como extraños. Se trata en la actualidad de entender a la ciudad de Puebla como una ciudad donde abunda la oferta educativa: colegios, institutos, escuelas, centros, universidades.

Incluso alguna vez no estaría mal ponerle en esta ansia egocentrista que tanto caracteriza a la cultura urbana mexicana  ponerle a una escuela mi nombre o el de usted. ¿Se imaginan?: “Instituto Juan Daniel Flores”. Sería bueno averiguar si lo llegan a ver por ahí en la ciudad si en ese Instituto de insigne nombre no solo se expide un certificado sino también se educa. 

La educación como estatus confort donde las personas van estableciendo sus formas de relación de acuerdo a la pertenencia a ese estatus. Por ejemplo, para Aristóteles la educación nunca termina, pues es un proceso de perfeccionamiento y por tanto ese proceso nunca termina. La educación dura tanto como dura la vida de la persona.

Actualmente prácticamente todos entendemos a la educación como un asunto de grados académicos. De importancia social o incluso relacionamos de manera casi automática grado académico = inteligencia.  Cosa que no siempre se cumple.

 

  Fondo no siempre es forma en la educación.

 

Si estableciera nuevamente la  analogía socio-urbana entre el asunto de la posesión de un auto en las ciudades en muchas personas y la posesión de un grado académico el asunto estaría más o menos así:

Un doctorado es como tener un Audi

Una maestría como tener un Seat (aunque no sea del año)

Una licenciatura es como tener un vocho

Prepa o Bachiller como presentar una bici jodida (pero si te depositan la bici es de montaña nueva)

 

Escuelas y centros de apoyo escolar S.A por todos lados. Instituciones, directivos y maestros “persiguiendo la chuleta”. No hay de otra en la ciudad, la cadena alimenticia escolar de la estrellita en la frente, ahora hay que saber pasarla en la selva de la academia.

Los índices de reprobación, deserción y de creciente alcoholismo en el mundo escolar van in crescendo. Aquí lo que importa es mejorar la infraestructura, mejorar los servicios al cliente (perdón al alumno), organizar fiestas de inicio de clases, viajar a Six Flax, no mirar las estadísticas que señalan que este país educativamente está por debajo de países como Irak, Corea o Ecuador. Como ¿para qué? Living la vida loca en la High School mexican curious. 

 

Los requerimientos de un pensamiento laboral llama como canto de sirenas ya desde el aula, se instauran estos sin mucha complicación en el pensamiento escolar. El alumno y el docente deben cumplir con dos condiciones importantes en este engrane de la reproducción de la conciencia: capacidad productiva (no necesariamente intelectual) y adaptación. Debe estar preparado en el conocimiento de los mecanismos visibles y ocultos del sistema, mantener una lógica de lo productivo, formarse en el lenguaje de lo que conviene a la empresa. Titularse en la materia mas urbana y feroz de todas: “el pez grande se come al chico”.

 

Es por ello que el sistema educativo posee mecanismos que integren y acostumbren de manera sutil al alumno a una dinámica de competencia y organización laboral, donde los valores y las actitudes que se premian, son aquellas   que dan cohesión y mantienen el equilibrio al sistema educativo; lo cual busca hacer coincidir en un futuro con los criterios laborales de excelencia, puntualidad, obediencia y competitividad.

La reproducción de las ideas que configura sociedades urbanas como la nuestra es con mucho a partir de una mezcla entre consumismo, diversión  y fatalismo. De esta manera la conciencia colectiva en muchos espacios escolares van siendo reflejo de esa misma reproducción sistémica.

 

Confundir, abstraer de la reflexión.

  Adormecer la conciencia, deprimir los ideales y alimentar el conformismo.

 

O mas coloquialmente citando las palabras de un docente universitario de este que escribe: “La lógica actual en las ciudades entre las personas es a coger y a chupar que el mundo se va a acabar”.

 

Una  educación adecuada no debe partir de nociones de segregación de la realidad donde se clasifique previamente por estancos las capacidades de reflexión, abstracción y aprendizaje de cada individuo en torno a un esquema único de corte empresarial; ya que los individuos son en sí mismos diferentes en su subjetividades como en sus objetividades educativas, culturales, espirituales, sociales etc.

 

Pero vuelve nuevamente una y otra vez esta idea factorial de control de la producción, aquello que es deficiente en esta hay que ubicarlo, separarlo definitivamente o modificarlo (sistema penitenciario) para hacerlo idóneo al sistema productivo. El éxito se establece como premisa y final contante de un plan educativo que produzca y reproduzca en serie la lógica capitalista. 10 es excelente o sobresaliente, 9 muy bueno, 8 bien y de ahí para abajo solo hay un limbo de números, medios puntos, acuerdos en lo oscurito, buena onda del docente y chantaje emocional. No nos extrañe que lo que vivimos en esta ciudad como en otras tan llenas de “progreso y modernidad” sea solo una rampante reproducción de lo que se vive en las aulas.

 

La dignidad del que puede enseñar (alumno) y del que pierde la oportunidad de aprender (maestro) se diluye en un mar de cumplimientos técnicos burocráticos, escaso tiempo y un “ahí se va” que permea nuestra historia cultural desde tiempos coloniales.

 

Es más fácil y eficiente crear un programa para “ayudar” al superávit de rezagados, que atender y entender códigos diversos que fluyen constantes en la lógica concreta del individuo. Es más eficiente para el sistema integrado por padres de familia, autoridades educativas, directivos y alumnos ofrecer apoyos y dadivas a reprobados, problemas de aprendizaje, rezagados y rechazados que localizar los múltiples orígenes de esos problemas.

 

 

 

 

…porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 
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