La Ciudad ¡Al sonoro rugir ya valió!
2015-07-22
La Ciudad ¡Al sonoro rugir ya valió!

 

 

 

La Ciudad 

¡Al sonoro rugir ya valió!

 

 

Los invito a leer la realidad…

 

 

 

 

 

 

 

Pocas cosas nos salen tan bien en México como los círculos viciosos.

Están perfectamente diseñados, traen tecnología de punta, vienen con blindaje.

Deberíamos exportarlos…

Nuestros círculos, además de viciosos,

son adictos y obviamente adictivos.

 

“Viaje al centro de mi tierra”. Guillermo Sheridan.

 

 

 

 

 

Por Juan Daniel Flores

 

 

Ahora que nuestros sobrinos, hijos, nietos y demás ejercito de chamacos andan libres del yugo escolar en estas vacaciones veraniegas vale la pena ya sin temor de no entregar la tarea (por aquello de los “puntitos extras”) proponerle a nuestros amados calienta curules que se legisle para que sumemos a nuestras festividades patrias tres nuevas formas de identificarnos como mexicanos modernos, globales pero sobre todo urbanos. Orgullosos de habitar una ciudad colonial como esta.

 

Y no es que me ponga pesado solicitando que Puebla y los poblanos imitemos a la ciudad europea de Oviedo como la más limpia de España o yendo más allá estemos en la misma tónica según  “The Guardian” de la ciudad más limpia del mundo que se encuentra en Canadá.

 

Esto por supuesto nos implicaría millones de gastos en voluntad ciudadana, ahorro en el virreinato gubernamental, además de claro, cientos de miles de pérdidas a macro empresas generadoras de “felicidad para las familias mexicanas” en infinidad de productos para vernos más bonitos (cual peluche de 14 de febrero)  a las vista de todo parroquiano.

 

Por ello propongo que tengamos nuevos iconos patrios en base a hábitos más que enraizados en la cultura popular urbana que nos representen ante el mundo como el águila y su serpiente.

 

 

 

Lanzamiento de gallo o aguas que soy muy macho

 

Caminando  por las calles del centro de la Ciudad de los Ángeles y los Demons de donde se presume que hay una calle o calles específicas para todo negocio (de puras ópticas, de libros, de libros viejos, de lo robado atrasito del mercado, de zapaterías, de hierbitas para el malestar, de autopartes calientitas, de vestidos para novia, primera comunión y anexas, papelerías, de chicas amorosas, de telas, de dulces etc.) allá por la 2 oriente y la 5 norte por donde estaba antiguamente el Cine Coliseo junto de la Iglesia de Santa Catalina en el radio de acción de la de los churros sentada a los pies de la zapatería y del señor que canta al puritito recuerdo de Pedro Vargas (mejor que un tal Julion) caí en profunda reflexión meta citadina: ¡Eureka! no somos el primer lugar en Ciudad más limpia como Oviedo, ni somos el primer lugar en educación en el mundo, ese se lo lleva por lo regular Finlandia o Chile en Latinoamérica.

 

¡Pero si podemos estar compitiendo en lanzamiento de escupitajo en la ciudad! Ya que en muchas esquinas, calles, callejones e incluso en centros comerciales no falta al salir el sol que algún ciudadano de esta Angelópolis especialmente varón, al ver venir a otro masculino pareciera que quiere delimitar su territorio (relativo a media cuadra) escupiendo cual guanaco al pavimento; claro en el caso de que este pavimentado. ¿O será eso de escupir al ton ni son alguna especie de bendición gástrica para las banquetas que las haga ensancharse para que puedan caminar los ancianos, aquellos a los cuales les hemos negado en esta y otras ciudades el derecho a habitar la ciudad?

 

¡Escupir al sonoro rugir del cañón! Ya está. Escupes y te vas, escupes y firmamos el contrato, ¿te gustaría ser mi novia? Si pero primero escupes y vemos pues.  

 

 

Chupo luego existo

 

Ni los antiguos filósofos griegos o los endeudados griegos de la actualidad podían imaginarse que el problema del “ser” o de tener solo lo necesario para subsistir pudiera resolverse simplemente con olvidarse al ingerir a mares deleitantes bebidas espirituosas.

 

No es que me haga de la boca chiquita (que lo diga el Puente Negro), pero eso de emborracharse un sábado entre semana (en veinte de los treinta días que trae el mes) olímpicamente como símbolo de la unidad de nuestro padres y de nuestros hermanos es ya una práctica común; contrastante en un país donde abunda la pauperización, la muy baja calidad en servicio públicos y el detrimento creciente de los beneficios salariales para los trabajadores desde la época de los 50`s .  Harto sorprendente en una ciudad donde lo primero que se ve en las calles es gente buscando trabajo, donde truenan negocios como chicharos en suelo de mercado, donde la gente que antes operaba máquinas de textileras a automotrices ahora vende franelas en los bulevares o entra a cantar a las taquerías de 2 x 12 el taco.  Nos emborrachamos como país de primer mundo, pero la cruda es de tercer mundo. Como si el trabajo sobrara, como si los contratos nos llovieran como les llueven los contratos a Madona o a Juan Gabriel, como si el FMI fuera nuestro aval. Como si nos hubiéramos creído religiosamente de alguna manera la canción aquella de José Alfredo que en su estribillo reza: “No vale nada la vida, la vida no vale nada”.

 

Simplemente no se entiende como una práctica social y socializadora y hasta liberadora para muchos y muchas (por aquello de la equidad) que puede antojarse como simple catarsis, donde el ron o el mezcal pueden hacer resbalar el tedio cotidiano, ser aire para las alas de la imaginación o darle paz al caos gástrico que significa haberse comido tres tacos de cabeza, una de lengua y dos de machito (pídase en una buena cantina para estos temas un buen “sol y sombra”) pueda actualmente pasar a convertirse en una costumbre interiorizada en el habitus social del simplemente beber para olvidar.

 

Incluso puedo asegurar que esa misma practica esta disociada ya en ciudades como esta de su sentido psicológico, antropológico y sociológico; de ser una práctica de lo catártico, festivo y socializante a ser solo una práctica manipulada por el consumo de los mas media en pos del mercado, que se vuelve parte de una personalidad necesaria para ingresar por obviedad y obligatoriedad a todo circulo social.    De esta manera es fácil entender como este nuevo icono patrio que propongo tiene la facilidad no solo de llegar a serlo por antonomasia sino que nos haga “progresar”  de ser una ciudad de paso a ser una ciudad del “chupas y te vas”.

 

¿Qué no le conviene más a lo que queda del ogro filantrópico tener una población sedada, viendo solo los payasos del zócalo los domingos, teniendo solo como utopía social la llegada del “buen fin” que una población despierta, creativa y organizada  colectivamente?

 

Porque en una ciudad desconectada de los “¿por qué?” y conectada a altas velocidades en megas con zonas diamantes que albergan otras ciudades para otros habitantes desde donde se mira desde lejos la primigenia ciudad de cedro y azulejo puede seguramente al mismo tiempo ser una ciudad del deseo, sin menos cruda de tercer mundo donde sus ciudadanos cuenten al menos con dos hígados y sin recibos a meses sin intereses que pagar.

 

 

Comer cristiano

 

“Nada mejor después de un taco que un buen tabaco” me dijo el mexican curius que llevo dentro. La tabaquería que está en el portal Hidalgo para comprar mi purito. Ya para entonces después atravesar Reforma, la 3 y la esquina de los Jugos California mis molares, muelas y colmillos masticaban dos buenos molotes y un buen pozole.

 

Me salí a fumar y como siempre a mirar hacia el sur.

 

Desde donde estoy se ven perfectamente los árboles de Santa Inés y el perro Rojo muy arriba de la panadería y de los mariachis. ¡Dios! No me percate que las memeleras a menos de un metro con habilidad sincrónica se comían enterito al tragón de los molotes con su short azul grana de los pumas.

 

Se come, se traga, se devora cristiano desde las altas esferas de política y la intelectualidad hasta los linderos más cumbiamberos del Tamborcito o en los hoyos de 24 hrs del viejo Analco. Símbolo de la cultura nacional tragar cristiano no es lo mismo que ejercer el deporte de alto riesgo del chisme o de la simple y a veces cobarde insinuación. Puebla sin duda es un bastión irrefutable de tan sano desahogo a las pasiones que germinan en el ego.

 

No vamos lejos, aquí cerquita de hace unos días la red inundada por esa hambre voraz del tragar cristiano nos mostraba a una Angélica Rivera ataviada en su vestuario por las cortinas de Los Pinos, esto,  días antes del “iris” que armo al Joven Presidente y su cara descompuesta por tal malentendido de la mano buscando el brazo de su amado de la Casa Blanca. Ya aquí  en Puebla, hace unos años cuando todo el personal vio a un Rector que turisteo por la política operándose la face o que si el mismo se ponía o no corbata. Que aquellas se acostaron con aquel, que si este es rockero trovado, punketo o simplemente cantautor.

 

Las palabras tragando las formas, la vida y la intimidad en cada esquina.

 

La Ciudad de Puebla definitivamente no está en el suelo como cagarruta de paloma o goma de mascar. Las palabras circulan con salivita en las fondas, escuelas, oficinas, moteles, templos, cafés, baños públicos. Al calor de las copas. Solo sería cosa de organizarlo todo, de organizarnos, de colectivizar el descontento.

 

Ya los molotes duermen el sueño de los justos. Voy por tres  “calambres” aquí junto y al final puede que me cure en salud con una “sangre de artista”.  Por más que cierro los ojos no puedo dejar de ver frente a mis ojos del otro lado de la acera la foto del candidato arropado por los tres colores patrios. Definitivamente hay que sumarle otros símbolos patrios más. Orgullosos de habitar una ciudad colonial como esta con todo y aquello que entra y sale de nuestra poblana boca.

 

Sea.

 

 

 

…porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 
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