Todavía caminan por las calles
2015-03-09
Todavía caminan por las calles

Foto: : Mike Vargas Roque

 

Todavía

caminan por las calles

 

 

 

 

Por: Carlos Galeana / @Caalgaba93

 

 

Eran cerca de las 3:30 am, sentía un dolor que no era normal. Después de pensarlo en repetidas ocasiones, decidí pedir un taxi para que me llevaran al hospital más cercano, llegué y pregunté dónde se encontraba urgencias. Posteriormente caminé hacia la ventanilla y todas las personas del hospital parecían estar dormidas pues no había ninguna urgencia.

Me revisaron y después de esperar los análisis clínicos me dijeron que tenía que ir directo a quirófano, ya que el detonante del dolor era gracias al inútil apéndice, ese que dicen es el error en el cuerpo humano, que sólo sirve para eso, para que te lo saquen en el momento menos esperado de la vida.

Nervios de primera vez, nunca había entrado a un quirófano a que me hicieran alguna cirugía, creo que de los nervios por eso me dormí todo el rato, pues la anestesia sólo dormía la mitad de mi cuerpo. Pasaron las horas y desperté adolorido, cualquier movimiento innecesario o una carcajada era tortura; “es una cirugía chica”, “te recuperarás pronto”, fue lo que me dijeron.

Pasaron más de 24 horas para que me dieran de alta, y cuando regresaba a casa por una carretera federal, el auto hizo una parada. Bajé rápidamente al baño.

“Puedo solo, no se preocupen”, le dije a mis papás. Regresé con normalidad y la mirada comenzó a nublarse, me sentía débil, tenía dificultad para respirar y el aliento no me daba para expresar las palabras, tardaba muchos segundos en responder con un sí o un no.

Mi hermana se dirigió a la única tienda cercana y preguntó si tenían alcohol, suero y vendas. La respuesta fue que tenían todo menos las vendas.

Dicen que en la vida nunca vas a estar solo, que te puedes encontrar a personas malas en el camino, pero si visualizas bien el panorama siempre tendrás a alguien que te extenderá la mano. En varias ocasiones creo que lo he comprobado, algunos le llaman suerte, destino, Dios o simplemente momento.

De pronto mientras trataba de relajarme, un señor se acercó al asiento donde me encontraba recuperando –creo que se me bajó la presión, cosa que nunca me había pasado-   y dijo “Yo tengo vendas, escuché en la fila que necesitaban. Tomen.”

La acción se aplaude, lástima que lo que tenía no eran vendas sino gasas, de cualquier forma se sintió bien el saber que todavía hay gente dispuesta a ayudar.

Poco a poco me iba estabilizando pero “por si las moscas” hablaron a un número de emergencia de esos que se encuentran en la carretera, dijeron que teníamos que marcar a otro número, al llamar al indicado que era de Capufe contestaron de una manera grosera, como si no importara la urgencia diciendo que “a ver si mandaban a la ambulancia.” Esperamos unos minutos y al ver que no llegaban decidieron arrancar el auto, por fortuna llegó. De ésta se bajaron dos paramédicos muy amables de más de 50 años con veintitantos años de antigüedad en su trabajo.

Me subieron a una camilla, no sé de donde comenzó a salir gente a ver qué había pasado –en algunos lugares les llaman curiosos y en otros chismosos- y listo, comenzó mi regreso al hospital. Uno de los paramédicos me venía contando su vida laboral y lo difícil que es llevar accidentados al borde de la muerte casi todos los días, en muchas ocasiones provocados por la irresponsabilidad.

¿A qué quiero llegar con esta historia? Fácil: que en un país donde muchas personas se esfuerzan por decir que nada puede cambiar, que en algunas escuelas nos dicen que el de al lado puede ser nuestro próximo jefe -casi, casi como amenaza- o que no debemos hablar con desconocidos en la calle porque nos pueden hacer daño, sin decirnos las precauciones -o desventajas y ventajas- todavía sobre esa banqueta camina gente bondadosa, dispuesta a ayudar sin saber nuestro nombre, ciudad de origen, posición económica, posturas políticas o creencias religiosas, al final compartimos el mismo espacio público.

Sé qué es difícil, pero considero que en la frase trillada y a veces hasta absurda de “el cambio está en uno mismo”, también se debe considerar que la confianza debe regresar a las calles, es utópico para muchos, pero tenemos que trabajar para reconstruir eso que se está cayendo a pedazos.

Nos leemos luego, nos vemos después.

Sigamos cantando:

Y vez todo lo que hay al frente y no sabes 
Como construir un puente”

https://www.youtube.com/watch?v=yYA2XkelDw0

 
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