2010-06-10
"Estar en Babia", del Sil al Miño
"Estar en Babia", del Sil al Miño Madrid, España.- Conocida es la frase: ‚“el mejor vino blanco de España, es un tinto‚Äù. Seguramente tiene su origen en la mala calidad de los caldos blancos del pasado, la poca originalidad en su creación y tal vez, como en el caso de los gallegos, debido a su vinificación empírica y defectuosa. Un asunto hoy día olvidado, este país, como muchos otros, produce una buena cantidad de vinos blancos dignos de competir en el orden mundial y acompañar los mejores platos. Para el aventurero Zalacaín siempre el referente de un vino blanco había sido la uva Palomino, a la cual se le debe la peculiar atribución de distinguir a Jerez como la denominación primera de vinos diferentes del resto de Europa. Gracias a la Palomino, ha sido posible enaltecer el sabor de los jamones de bellota, los langostinos de San Lúcar de Barrameda, las pijotas, los salmonetes, las olivas, la carne mechada, las ostras de los mares del norte allende fronteras, el pescadito frito y adobado, los chanquetes, y un etcétera interminable; cómo acompañar todos esos manjares sin una manzanilla, un fino, un palo cortado, un oloroso y demás productos de la región. Pero ciertamente, reconoció el aventurero ante un grupo de diletantes del vino, las uvas características del país habían sido menospreciadas y dejadas sólo en la carta para dar un espacio a los blancos de Rueda y de Galicia. Así, la Verdejo y la Albariño dieron durante unas buenas décadas del siglo pasado nombre y tradición a los vinos blancos de España. Con el tiempo han sido reconocidas la Macabeo, la Airén, la Garnacha Blanca del mediterráneo, Malvar, Albillo, Malvasía e incluso la Pedro Ximénez. Los vitivinicultores experimentaron desde hace décadas con uvas extranjeras como la Chardonnay y Sauvignon Blanc francesas, la Viognier, y las uvas centroeuropeas Gewürztraminer y Riesling, ésta última emparentada en características con la gallega Albariña, según los expertos. Así, España se ha presentado en el escenario internacional en competencia con marcas francesas y alemanas. Pero hay una uva excepcional y un vino extraordinario con denominación en Valdeorras, Orense, la uva Godello, famosamente adaptada a las márgenes del Río Sil, afluente del Miño, y también conocida en el mundo del vino como Agudello o Agudelo, Berdello, Ojo de Gallo y Verdeo. El simple hecho de recordar a la Bodega Guitián, experta en la explotación de la Godello, llevada a su máxima expresión al ser reservada en madera por algunos meses y transformarla en uno de los mejores vinos blancos del mundo, en cuyas características organolépticas aparecían muchos de los acentos de cualquiera de los grandes de Borgoña, gracias a la experiencia de José Hidalgo, enólogo encargado de la primera experimentación de meter la godello en fermentación, todo ello le remonto al aventurero a otras experiencias de vida en el pasado donde la urgencia de paz y sosiego le llevaron al origen del Miño, cuyas aguas nacen en las tierras de León y pasan por El Bierzo. El origen está en La Cueta de Babia, el asentamiento más elevado de Castilla-León cercano al Puerto de Somiedo y La Vega de los Viejos, casi pellizcándole las nalgas a Asturias y donde la Unesco tuvo a bien declarar una Reserva de la Biósfera y donde nació quien fuera Obispo de México y Cardenal Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón, quien luchara contra las imposiciones e ideas de los jesuitas de la época y quien convocara al Cuarto Concilio Provincial Mexicano. Pues bien, Zalacaín se concentró en el tema de los vinos blancos, recordó en sus épocas la presencia del Monopole, tal vez el vino blanco más conocido a mediados del siglo pasado. Los restaurantes, escasos de su natal Puebla ofrecían a los consumidores el Monopole y tiempo después el Diamante, salvo los enterados del tema, quienes acudían a la tienda de vinos del señor Antonio López, Mercados Modernos de la 4 Poniente o Enrique Bermúdez de La Suiza de la avenida Reforma para encargar los grandes vinos blancos de Europa, sólo ahí se encontraba el Chateau D'Iquem. El consuno del vino blanco por tanto había quedado a resguardo del experto y en sociedad no se admitía salvo para la mujeres, sobretodo cuando la presencia de los alemanes llegados a la Angelópolis trajo la costumbre de los nada buenos vinos del Rhin, nada buenos respecto a la baja calidad de los importados o llevados a escondidas en los cargamentos de la planta automotriz instalada en la capital de Puebla. Pero si Puebla había padecido la escasez de buenos vinos blancos, más lo hizo el Puerto de Veracruz, donde la costumbre llevada por los españoles estuvo acompañada de la ausencia cultural de los importadores y consumidores, a la par, en el puerto no pegó nunca la idea de tomar las ostras con Manzanilla, menos con algún otro Jerez perdidamente en el paladar o con un Chablis de mediana categoría; nada de eso los blancos estuvieron ausentes casi todo el siglo. Así las cosas Zalacaín llegó a la cita del día a beber el aperitivo, preguntó al camarero si tendría por ahí alguna botella de Guitián de Valdeorras, fermentado en barrica; minutos después apareció la bebida, los amigos habían pedido algunos aperitivos, mejillones, picotas y algunos caracoles. La Godello invadió el paladar, como una cola de pavo real, resbaló por la garganta y dejó subir sus olores y sabores en el retro gusto de nariz, para conformar un poema. Los amigos le interrumpieron el pensamiento: "estás en babia". Sí, respondió el aventurero, la Babia donde nacen las aguas del Miño, donde los reyes de León se apartaban para huir de las intrigas de la Corte y de las ambiciones de los nobles ansiosos de recomponer sus intereses feudales. Así era, recordó Zalacaín, en el pasado, cuando los súbditos leoneses decían "El rey esta en Babia", es decir, estaba ausente, en el "no quiero saber nada", recordando esas prolongadas estancias en La Cueta de Babia, donde el paisaje envolvía y hacía entrar en ese sentimiento. Hacía algún tiempo de su última visita a La Cueta, le había sorprendido el censo, 31 hombres y 37 mujeres. Y por supuesto el Romance del pastor en Babia: "Ay, pastor, que estas en Babia/ Ay, noche que mal abrigas/ Los decires sin palabras,/ Las añoranzas no escritas,/ Del pastor que está en su chozo,/ Como un puño en su pelliza,/ Siempre clavado en su Babia/ Tan bien llevada y traída". jesusmanuelh@mexico.com
 
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