Entre plagios y vodkas
2010-05-20
Entre plagios y vodkas
Entre plagios y vodkas Madrid, España.- En Europa hay ciudades con más de mil años de edad, una, Cádiz, cuyos orígenes se remontan al año 1104 antes de la era Cristiana, es decir unos 80 años después de la Guerra de Troya. Madrid nació hace más de mil años, según los historiadores y si la iglesia de San Nicolás de los Servitas ya existía en el siglo XIII, algunas de las calles alrededor serían de las primeras en la villa. Pero las autoridades encontraron en el centenario de la Gran Vía la oportunidad de una celebración única con una repercusión mundial, sumada a la tradicional Feria de San Isidro. Zalacaín fue tentado desde una semana antes en hacer el recorrido recomendado por los expertos. Un grupo de doctores en historia ha montado desde hace varios años un exclusivo despacho donde se organizan recorridos por el casco antiguo de la ciudad con relatos, historias, leyendas y algunas degustaciones de vino. Le pareció interesante retomar el rumbo de la mano de los expertos. Pero la verdadera celebración fue el sábado 15 cuando una compañía de telefonía móvil encarpetó el kilómetro y medio de la avenida con alfombra azul, como el cielo de Madrid, dicen, y convirtieron la calle en una gran explanada donde los habitantes, por miles recorrieron el espacio y disfrutaron de los festivales musicales, tirados sobre la moqueta como si de césped se tratara. El aventurero, había organizado primero una visita al restaurante Ølsen, de la calle del Prado, donde ofrecen más de cien marcas diferentes de vodkas, ginebras y acuavits de todo el mundo. El sitio, se ha convertido en una de los favoritos del aventurero al encontrar la tranquilidad nocturna rodeado de música Chill Out, y pequeñas "tapas". Hacía tiempo de la mano del barman, Zalacaín se introdujo en la experiencia de un menú degustación con base en blinis de maíz con trucha ahumada, caviar y nata ácida, queso ahumado, pera y pepino, pan de girasol con huevas de salmón, pan de cereales con mostaza de cassis y otros de ciervo ahumado, niguiris nórdicos con arenque y salsa de remolacha y unas extraordinarias tostadas de bagel de trigo, agujereadas por supuesto, con paté de hígado y hongos. Desfilaron esa noche del acto iniciático varios vodkas, hubo descarte inmediato por marcas, los franceses fuera, los rusos y polacos los más demandados. La felicidad llegó al corazón del aventurero al encontrarse nuevamente con aquella marca cuya presunción era apegarse a las recetas originales de 1405 para elaborar esta bebida, cuyo origen histórico se adjudican los polacos, hecha con centeno de Dankowski, usufructuada después por los rusos, Belvedere tomó su nombre del palacio de Varsovia. Siguieron los clasificados como "top", Russky Standard, 42 Bellow, Stolichnaya Elite, y no podía faltar el Żubrówka también conocido como Bison Grass Vodka debido a la presencia en el interior de la botella de la hierba del bisonte, es decir del alimento del animal. Y luego vendrían los fuertes con 56 grados de alcohol, Krepkaya 56¬?, Inferno Pepper Pot y otros. Zalacaín se enteró así del origen Argentino de Ølsen, el primero se fundó en Buenos Aires. La confianza desarrollada con el barman en varias visitas le permitía ciertos privilegios, así, al llegar el grupo de amigos con quien se había citado para el recorrido por la alfombra azul de la Gran Vía esa noche de San Isidro solicitó de entrada unas tablas de sandwiches nórdicos abiertos y copas de vodka de la nevera del barman. ¿Cómo es ese vodka? preguntó en conjunto el grupo. "Es una elaboración casera con base en Belvedere y un añadido casero". La primera copa abrió el apetito y dejó un sabor un tanto picante en la lengua, apaciguada por la mordida al pan de centeno. Sin duda el mejor de los vodkas es el casero, coincidieron los amigos de Zalacaín, quien se negó a revelar la receta confiada por el experto barman. Llenos del humor provocado por el vodka se encaminaron a la Gran Vía y se toparon con miles de personas aglutinadas en torno de la Red de San Luis, o sea el cruce de Montera a Fuencarral, ahí había un gran escenario donde tres mujeres deleitaban al público con una colección de coplas y chotis, el más castizo baile madrileño. Diana Navarro, Pastora Soler y Esperanza Roy, tres estilos diferentes honraban el centenario de la Gran Vía. Entre el público algunos vestidos de chulapos, mostraban su experiencia en el baile de origen escocés, también llamado polca alemana, la mano del hombre sujeta la cintura de la mujer y la otra la mete en el bolsillo del chaleco y con los dos pies juntos gira en redondo sobre las puntas de los zapatos, la mujer baila a su alrededor, la música marca el momento cuando dan tres pasos atrás y tres adelante para reiniciar los giros. Uno de los amiguetes del aventurero dio muestra del refinamiento, marcó en el piso la superficie de una baldosa, unos 30 centímetros por lado e invitó a una chica a bailar, él se mantuvo dentro del área marcada sin despegarse del piso, viendo siempre de frente, la gente le aplaudía. Zalacaín recordó aquella frase de Dulce María Loynaz: "deleite de tu traje de baile, mustio y caído como un nido de gasas, como un poco de blancura". Pero su pensamiento fue interrumpido por el final-final del espectáculo, las tres cantantes interpretaron a coro con el público: "Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací, por algo te hizo dios, la cuna del requiebro y el chotís. Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en tí, por el sabor que tienen tus verbenas, por tantas cosas buenas que soñamos desde aquí. Y vas a ver lo que es canela fina y hartar la tremolina cuando llegues a Madrid...". Zalacaín sintió el aumento de la velocidad de la sangre en su interior, se le iba a la cabeza, de pronto sintió un mareo, se sobrepuso por el entusiasmo contagiado del resto del público. Más tarde bajo los juegos artificiales reflexionaría con sus amigos sobre la acusación del Ayuntamiento de Madrid contra Agustín Lara por el plagio del chotis Madrid, quien le compró la letra al republicano, Rafael Oropesa, de la banda Municipal de Madrid, exiliado al término de la Guerra Civil. Lo del mareo, se lo guardó para sí. jesusmanuelh@mexico.com
 
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