LA MODERNIDAD Y EL GUSTO
2010-04-22
LA MODERNIDAD Y EL GUSTO
La modernidad y el gusto Madrid, España.- Sin duda Sevilla tiene un color especial, dice la letra de la canción de "Los del Río", donde se sintetiza el humor de su gente, "Sevilla enamora al cielo, para vestirlo de azul, capazo duerme en Triana. Y la luna en Santa Cruz". Hacía tiempo el aventurero Zalacaín había compartido con Antonio Romero Monge y Rafael Ruiz Perdigones al lado de amigos comunes en una fiesta donde el tequila, botella de tres litros de por medio, había dado pie a la degustación de un sinnúmero de "tapas mexicanas". Grandes carteles anunciaban la edición 163 de una de las mejores ferias del mundo, declarada de interés turístico internacional y cuya afluencia supera año con año el millón de personas con una derrama económica de cientos de millones de euros. La tradición se remontaba a la época cuando un vasco y un catalán se pusieron de acuerdo y pidieron al ayuntamiento de Sevilla la realización de la feria en 1847. Narciso Bonaplata y José María Ybarra pasaron a la historia por el evento cuya distinción hoy día pasa desde la degustación de los vinos de jerez, los toros, el canto, el baile hasta la diversión completa. Muchos años hacía Zalacaín no asistía a la feria. Un asunto de amores le había dejado tuerto, desanimado, olvidao en la sombra pese al acto inicial de la feria con "el alumbrao", esa ceremonia donde, para este año, se encienden 370 mil focos para dar paso a una especie de "chupinazo" al estilo de Pamplona. "Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende. Me sigue oliendo a azahar, me gusta estar con su gente", se oía en el estribillo de Los del Río. Sin embargo en la feria el color se transformaba por los humos y el olor por los finos y las manzanillas de Sanlúcar de Barrameda distribuidos inequitativamente en las cientos de casetas donde el "pecaíto frito" y el baile improvisado competían. Sanlúcar de Barrameda, con sus bodegas centenarias, sus botas llenas de vino impactado por el choque de la "mar oceána" y el Guadalquivir, 15 leguas la separaba de la Torre del Oro por agua, recorridas miles de veces por los marineros en la carrera de Indias. Tiempo había pasado de aquellas degustaciones al lado de los amigos, 20 botellas de un cuarto de litro frente a ellos para buscar, conocer, definir la mejor Manzanilla para México. La Gitana, Solear, San León, La Guita, La Goya, Bajo de Guía, Argüeso, cuyas bodegas habían recorrido de la mano de los creadores de la manzanilla. Una impresionante vivencia había tenido en Bodegas Barbadillo en La Arboledilla, la catedral de la manzanilla y donde se originó la primera Manzanilla embotellada bajo el nombre de "Divina Pastora" en honor a la devoción a la Virgen Divina Pastora de las Almas cuya divulgación en el siglo XVIII le llevó hasta tierras venezolanas. Era imposible olvidar los recorridos por Jerez, González Byass, cuya bodega hoy día aún mantiene el segundo lugar de sitios más visitados en España y donde Zalacaín había hecho guardia una tarde noche para ver al famoso ratón, alimentado con queso y Fino Tío Pepe. esta empresa aún se defendía como la primera en llevar el vino fino a Inglaterra y gozar del sitio más privilegiado en Puerta del Sol en Madrid con el símbolo de Andalucía, Tío pepe, además su Noé de Pedro Ximénez y su Oloroso Matusalem se pasaba 30 años en el sistema de criaderas y alcanzaba los 20.5 grados de alcohol. Mientras revisaba los carteles de toros para la Feria de Sevilla, con Morante de la Puebla, El Juli, Manzanares o el Duque, quienes intentarían borrar del recuerdo de los expertos las tardes de Belmonte y Joselito "El Gallo", el aventurero trajo a la mente las bodegas de Emilio Lustau, tal vez de las más nuevas, si se comparaban con las de Sanlúcar, su Oloroso de crianza en bota por más de 30 años desarrollaba 22 por ciento de alcohol y se vendía en 3 mil botellas tan sólo. Garvey también tenía lo suyo, especializados en la uva Pedro Ximénez el Gran Orden Sacristía y un Fino de uva Palomino San Patricio. Pedro Domecq, Osborne, Sánchez Romate, y toda la gama de vinos de Jerez, amontillados, palo cortado, cream, daban a España una Denominación de Origen única. Zalacaín se había enfrascado muchas veces en la discusión del tema si alguien preguntaba cuál era su vino favorito español, tenía por fuerza la necesidad de citar los de Jerez, nunca un Rivera ni un Rioja, pues estas regiones habían sido influenciadas por la forma de hacer vino de los franceses, en cambio el sistema de botas y flor daban un toque muy especial, único en el mundo. La maestranza sin duda competía y con mucho y a veces de sobra con Las Ventas de Madrid, los carteles de este año, según los expertos, prometían más, por delante de San Isidro, próximo a celebrarse a mediados de mayo en la Villa. Así Zalacaín llamó a los amigos y se dispuso a organizar la visita, desde la degustación de gazpachos con sus amigos de Casa Robles no había regresado a Sevilla, habría de poner el cuerpo a descanso, prepararlo para las fiestas y la visita de las casetas, sin duda encontraría a los viejos amigos, a quienes había dejado de ver desde la Feria Mundial, cuando abandonó a los cartujos para regresar al mundo. Habría de despolvar las ropas de fiesta, la gente en Sevilla vestía siempre elegante, tal vez la influencia de los ingleses por tantas décadas, las mujeres con sus ropas flamencas y los caballeros al menos con una chaqueta y corbata. Para el encuentro con los amigos eligió La Giralda IV, uno de los cinco sitios de la cadena, en Claudio Coello, donde el tapeo era bueno, jamón bellotero, chipirón de anzuelo, pincho moruno, fritura en general y algunas copas de fino harían la tarde. Y así fue, pero oh! gran sorpresa se llevó al grupo al encontrarse en la mismísima barra la peor ofensa al vino de Jerez, de un tiempo a la fecha en las casetas de Sevilla se había puesto de moda el "rebujito" un invento de Tío Pepe, en una jarra proporcionada por la misma empresa, se vertía el contenido de la botella hasta una marca predeterminada, luego se añadía hielo en abundancia y una soda, Sprite la mayor de las veces, para ofrecerla a los jóvenes y mujeres quienes no aguantaban el ritmo de consumo del fino. La baja de consumo había obligado a los productores a modificar los hábitos de consumo. Igual ha pasado en México, reflexionó Zalacaín con sus amigos, el tequila ahora esta diseñado para los paladares femeninos, de ahí los reposados y añejos, una ofensa al agave, al aguardiente mexicano blanco, fuerte, enérgico, con personalidad, carácter y retrogusto. "Los tiempos modernos nos invaden, dijo alguien del grupo".
 
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